sábado, 25 de abril de 2026

"¡Zancañeru Ben Gurion!" (artículo Nº 5, 1 de abril 2008)

 













OPINIÓN
                                                               

"¡Zancañeru Ben Gurion!"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Una de las conclusiones -acaso la principal- a que se llegó en el II Taller de Xíriga, organizado por el Ayuntamiento de Llanes durante el mes de febrero, tiene un paralelismo evidente con respecto a algunas lenguas más antiguas que buscan adaptarse a la modernidad. La xíriga (el lenguaje de los tejeros llaniscos), con más de tres siglos de vigencia a sus espaldas, presenta el mismo problema que se le presentó en su día a la lengua hebrea, cuando el Estado de Israel quiso hacer del idioma bíblico una herramienta de cohesión patriótica para todos los judíos del mundo, a partir de 1948, bajo la dirección de Ben Gurion. “¿Cómo hemos de decir en hebreo carro blindado, penicilina, televisión, avión, psicoanálisis, locomotora, etcétera?”, pensaban los herederos de Theodor Herzl en aquellos momentos iniciales en que tomaba cuerpo el proyecto sionista, después de la segunda guerra mundial.

Los lingüistas fueron dando respuesta a esta necesidad perentoria de una nación marcada por dos milenios de peregrinaje forzoso (la lingüística, como el dominio de los idiomas, no tiene secretos para el errante pueblo elegido) y encontraron en el diccionario hueco para todo.

Algo parecido les pasó a los vascos en la primera etapa de la España de las Autonomías. “¿Cómo hemos de decir en euskera vocablos como chicle, pizza, ametralladora, cinemascope, etcétera…?”, se interrogaban los nacionalistas. De modo y manera que lo que se le ocurrió a esta buena gente -presidida entonces por un lendakari llamado Carlos Garaikoetxea, del PNV- fue enviar a Israel, en el verano de 1981, a una comisión de expertos lingüistas, con el fin de conocer la experiencia acumulada por los israelitas en este terreno. Hay, por tanto, ya sea en el caso del hebreo o en el del euskera, algo de reinvento y de actualización voluntariosa y, sobre todo, imaginativa.

Ahora, los seguidores de la xíriga en Llanes -que cada vez son más- tienen que ventilar una papeleta similar. No es que estén obsesionados con la idea de inventar o traducir al argot gremial de los tamargos vocablos para designar la bomba atómica, las cabezas nucleares o las cápsulas espaciales, pero no interesa dejar para muy tarde la asimilación de conceptos omnipresentes en la vida moderna, como paella, periódico, bollu preñáu, estilográfica o cubata.

¿Cómo se actualiza el vocabulario de la xíriga? He ahí la cuestión metafísica. En el taller desarrollado en la Casa Municipal de Cultura se decidió crear una bolsa de palabras posibles, siguiendo la lógica gramatical propia del lenguaje de los tejeros, como las metátesis silábicas (en la línea del “drape”, padre, por ejemplo), las sinécdoques (a semejanza de la palabra “cascosu”, para designar un vaso) y prestaciones del vascuence (“perdis”, culo, es un término derivado de la palabra en euskera “ipurdi”). Ésas podrían ser las pautas. El desafío más peliagudo, aparte de esto, será, no obstante, encontrar un organismo de indiscutible jerarquía y autoridad (no sé si la Universidad, el RIDEA o la Real Academia de la Lengua Española) que homologue y consagre la actualización pretendida. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 1 de abril de 2008). 





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