Llanes: historia, cultura y territorio
Cuaderno de Higinio del Río
domingo, 26 de abril de 2026
sábado, 25 de abril de 2026
"Tejeros en retirada" (artículo Nº 14, 22 de enero 2020)
OPINIÓN
Villaza se tomó por falangistas y guardias civiles a las primeras
de cambio. Los tejeros, decididos a intentar salir de la boca del lobo,
consiguieron una autorización para trasladarse a Aguilar de Campoo y con ella
pudieron alquilar un automóvil e ir, en primera instancia, a Valladolid, para
que les fuera visado el salvoconducto. Solucionado el papeleo, y ya a punto de
arrancar hacia Aguilar, un par de falangistas se les sumó a hacer el viaje con
ellos. Imposible negarse. Igual que sardinas en lata, sin apenas “verbear”
(hablar), recorrieron bastantes kilómetros hasta que los dos hombres se
apearon.
En Aguilar se hallaba trabajando otro tejero del concejo de
Llanes, Prudencio Vega, que el mismo día 18 fue detenido durante veinticuatro
horas. Dos bandos pugnaban por hacerse con la situación, y parecía que iban a
imponerse los partidarios de la causa republicana. Sin embargo, el lunes 20 de
julio, cuando el puesto de la Guardia Civil se vio reforzado con números
provenientes de Amusco, Herrera de Pisuerga, Alar del Rey y Fromista la balanza
se inclinó del lado de los golpistas.
Entre tanto, desde Reinosa, tres camiones con hombres armados del
Frente Popular (entre los que iba, según apuntan algunos investigadores,
Santiago Carrillo), habían salido en dirección a Aguilar, pero llegaron cuando
ya poco tenían que hacer. La firme resistencia que opusieron la Benemérita y
grupos de falangistas les obligó a retirarse. Al norte de la provincia
palentina quedó una estrecha franja controlada por fuerzas dispersas del bando
republicano.
Los llaniscos llegados de Valladolid, y ya en compañía de
Prudencio Vega, decidieron emprender desde Aguilar una larga caminata de
regreso a casa. Partieron a las diez de la noche, esquivando disparos;
caminaron entre la niebla, se perdieron, retomaron el rumbo y descansaron entre
brezos. Al amanecer, consiguieron contactar con las avanzadillas republicanas.
Cuando llegaron a Llanes, rodeados de un gentío ansioso de conocer los detalles
de su aventura, se convirtieron en los grandes protagonistas del día. El drama
no había hecho más que empezar.
"Machuriando la gurria en León" (artículo Nº 13, 5 de septiembre 2019)
OPINIÓN
No todas las tejeras fueron escenarios de sufrimiento extremo, sin
embargo. En la de Matallana de Torío, en la provincia de León, se respiraba un
ambiente capaz de aliviar los rigores de una labor extenuante. Llaniscos que
trabajaron allí recuerdan que el “man” (el amo o patrón), que vestía a diario
una americana de mahón e iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar,
era un “buen paisano”. “Manes” así nunca abundaron, desde luego.
Matallana de Torío está en una zona minera, junto al río
Torío, entre La Robla y Boñar. A la
tejera, fundada allí por Alfonso Reyero Villar al término de la Guerra Civil,
irían a trabajar cuadrillas de llaniscos, temporada tras temporada, a lo largo
de treinta años, desde últimos de abril hasta principios de octubre. Reyero
tuvo tres encargados: Segundo Sampedro, de Los Callejos; Amador Gutiérrez, de
Ríocaliente; y Antonio Poo, de Palacio de Ardisana.
En la década de los 50, dos de los tejeros contratados eran José
Díaz Díaz, de Ardisana, y Tito Celorio Rodríguez, de Vibaño, entonces unos
adolescentes. En el imaginario de ambos campea la soberana presencia del ferrocarril.
Por las proximidades de su lugar de trabajo pasaba el tren puntual e
inexorablemente, y cada resoplido de la locomotora venía a marcarles el ritmo
vital y laboral. El único día de descanso que tenían era el domingo desde la
una de la tarde. Ni antes ni después: sólo a partir de esa hora, determinada
para ellos por el paso del tren. Se refrescaban y se lavaban allí al lado, en
un riachuelo que denominaban “el regatu”.
Alfonso Reyero era hijo de Juan Manuel Reyero y Tarsila Villar,
tenía nueve hermanos y estaba casado con Pilar Tascón, hija, a su vez, del
empresario minero del carbón Ricardo Tascón. Poseía también un calero en
Orzonaga, un par de camiones y un gallinero junto a la tejera, y en aquel mundo
de adobe solían aparecer, durante las vacaciones escolares, unos cuantos críos,
hijos y sobrinos del patrón, a jugar en la era, cerca de miles de tejas
tendidas. Lo bueno llegaba el 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de
Boínas, cuando Reyero organizaba siempre una comida al aire libre, a base de
corderos a la estaca, compartida por su familia y los tejeros, en amable
comunión.
Ese pasado común entre Matallana de Torío y Llanes fue descubierto
el otro día casualmente por una de las personas que han visitado en la villa de
Posada Herrera la exposición sobre la xíriga y los tejeros. En una de las
salas, la visitante a la que nos referimos reparó en una fotografía de grupo y
reconoció en ella, sorprendida y emocionada, a un ser querido. El hallazgo la
puso de repente frente al paisaje de su pasado familiar, le reveló una
información que desconocía y propició, además, un posterior y sugestivo
encuentro con Pepe Díaz y Tito Celorio. Esa persona era la popular periodista
de televisión Marta Reyero, nieta de aquel “man” atípico que dejó buen recuerdo
entre sus empleados llaniscos.
"Xíriga de cuento" (artículo Nº 12, 17 de marzo 2015)
OPINIÓN
La intensidad en las redacciones improvisadas y en la invención de
frases permitió alcanzar en algún caso cotas literarias nunca logradas hasta
entonces en el curso. “Aparaban xiflos d’ un drape machuriador d’ ustancia y
onia aparaban drama. El drape de sus-aires, enxidiáu d’ una guxa xida
gachulera…” “Eran hijos de un leñador y huérfanos de madre. Su padre se había
juntado con una mujer guapa pero muy mala…” A los hermanos Grimm, tan
traducidos a todos los idiomas del orbe, les habría gustado saber que en un
apartado lugar de España, entre la mar y la montaña se está traduciendo al
lenguaje inventado por los tejeros llaniscos su cuento Hansel y Gretel, “xiflos
d’ un drape machuriador d’ustancia”. En realidad, sólo se ha dado el primer
paso para llevar a cabo ese proyecto literario. La ocurrencia, que partió de
una de las alumnas, Concepción Vega Obeso, puede dar mucho juego. Se puede
soñar incluso con la idea de completar la traducción y publicar el cuento
enteramente en xíriga. Tan sólo haría falta buscar un buen dibujante que haga
las ilustraciones.
Maribel Menéndez Pandal, otra de las alumnas, presentó unos
renglones escuetos y descarnados para describir la temática del cuadro anónimo
que preside el salón de actos de la Casa de Cultura. Esa pintura representa un
naufragio y Maribel empleó en ello la concisión y la precisión de un reportero
de sucesos: “Visanteo la ñansona engachecida. Bos gorres
aparan ascode canguelo en el chirriu d’ ureta” (“Veo la mar embravecida y a
cinco hombres que están pasando mucho miedo a bordo de una lancha”).
Se hiló muy fino, pero lo más de lo más lo aportó Lorena Borbolla
Cue, una moza de Balmori, en un escrito de su propia cosecha que introduce al
lector en las circunstancias de desamparo y desamor que rodean a un hombre
abandonado por su esposa: “Un gorre s’ apara sin gorreta de sus-aires. Onia
estiga de maste en caxu y la guxa lu atrencó del chero. El gorre aroga s’ apara
engachecidu. Visontea gorretas xidas, el maste albaritase-i ascode y tien que
machurialu de cacea…” Una traducción libre (y suavizada) de este drama
existencial sería, más o menos, así: “Un paisano se ha quedado sin su pareja.
Lo de hacer el amor ahora ni lo huele y, por si fuera poco, la mujer le echó de
casa. No levanta cabeza, el hombre, pero cuando ve mujeres hermosas, se le
alegra la pestaña y …”, etcétera, etcétera. Prosa bien trabajada que deja casi
en pañales los calenturientos universos de Almudena Grandes.
"Sísifo en la Montaña Palentina" (artículo Nº 11, 22 de marzo 2014)
OPINIÓN
"Costobas y zancañeras ex cátedra" (artículo Nº 10, 1 de marzo 2014)
OPINIÓN
Aunque hasta ahora no hayan salido en la literatura, las mujeres tienen
mucho que contar en esto de la xíriga. Teresa Muñoz, junto con Carmen Balmori y
Cristina Trigueros, es la protagonista del taller que organiza en Llanes la
Casa Municipal de Cultura y que en su octava edición está volcado en el papel
de las mujeres en el escenario de la tamarga. Carmen Balmori es hija de Juan
Balmori Balmori, nieta de Julián Balmori Platas y esposa de Evaristo Concha
Ojeda, tejeros los tres. Su padre estuvo de encargado de una tejera en el pueblo
burgalés de Pino de Bureba y su madre y ella pasaron con él algunas temporadas
allí. De los
"Xíriga en la literatura" (artículo Nº 9, 26 de junio 2010)
OPINIÓN
El
autor que situaría la xíriga en los picos más altos sería Pin de Pría (José
García Peláez), en 1926. En su gran poemario “Nel y Flor”, donde se concentran
tantas atmósferas mágicas y tantas cumbres fantásticas, construye el capítulo
“Daqué de Xiriga”, en el que los protagonistas mantienen un armónico diálogo en
la jerga de los tejeros:
-
Párami l’ádaga, del camangu a la guxona, como gachova gumarra (“De miedo a la
muerte, se me pone el pellejo como de gallina enferma”), le dice Flor a Nel en
un pasaje.
Los
recursos expresivos de la jerga los hace valer también el poeta Celso Amieva en
su libro “Asturianos en el destierro”, donde nos traslada la experiencia
personal de la derrota en
El
remitente era César Sánchez Argüelles, de Posada de Llanes, que en la misiva
contaba al poeta cosas de las que había sido testigo: el repliegue británico en
Dunkerque ante el avance de las tropas de Hitler; la huida a Inglaterra junto a
otros republicanos españoles y el trato nada amable que les dispensó el
inquilino de Downing Street, que los acabaría devolviendo a Francia pocos días
antes de que ésta fuera ocupada por
Emilio
Muñoz Valle, estudioso de la vida y de la muerte de los tejeros, reproduciría
ese histórico documento en un ensayo titulado “La xíriga como lenguaje secreto
en
"Xíriga con efectos expansivos" (artículo Nº 8, 7 de mayo 2010)
OPINIÓN
El
taller de xíriga para adultos contó este año con la participación de Tito
Celorio Rodríguez, Juan Ríos González, Evaristo Concha Ojeda y Pedro Gutiérrez
Tamés (“el Camurriu”), y se clausuró, al igual que en el año 2009, con una
visita a la tejera de San Miguel, en Ardisana, propiedad del recientemente
fallecido Ricardo Pesquera. En aquella impresionante instalación -un espacio de
enorme valor etnográfico y de inexploradas posibilidades museísticas, que
podría ser el modelo ideal de cualquier experto en arqueología industrial- los
34 alumnos del curso municipal asistieron a demostraciones prácticas de
elaboración de tejas y ladrillos. La actividad se completó con la reedición,
por segunda vez en tres años, de un diccionario de xíriga recopilado por Ramón
Melijosa Cuevas y patrocinado por Caja Rural.
A
imagen y semejanza de esta iniciativa del Ayuntamiento, y con una metodología
basada en la que viene aplicando
"Itinerarios de la xíriga" (artículo Nº 7, 27 de febrero 2009)
OPINIÓN
Los
talleres de xíriga en Llanes van a más de año en año. Los tejeros se ven
reconocidos por lo que son y por lo que representan, y descubren con asombro
que las circunstancias de su duro trabajo y las peculiaridades de su forma de
hablar interesan cada vez a más gente.
La progresión del curso es evidente: en la primera edición se inscribieron 20
alumnos; en la segunda, 25; y este año, 34. Aglutina a personas de perfiles muy
variados -viejos y jóvenes, hombres y mujeres- que luchan románticamente por
una lengua que se resiste a morir. El más veterano militante de esta utopía
puede que sea Santos de
La
principal novedad de este tercer taller consistió en una visita a la tejera de
San Miguel, en Ardisana, propiedad de Ricardo Pesquera, para asistir a una
demostración práctica. En aquel sobrecogedor templo de la intrahistoria de Llanes,
bajo tejavanas y entre columnas de ladrillos con más de doscientos años de
antigüedad, Tito Celorio amasó tierra mojada y enseñó a los alumnos cómo se
hace una teja. Era una escena casi bíblica, y de todo ello hizo innumerables
fotos José Ramón Rodríguez Trespalacios, “el de El Siglo” (unas instantáneas
que, tal vez, encierran la misma intención antropológica y de documentalismo
social que movió a Nicolás Muller en los años
Quién
sabe, en fin, si tejeras como la de San Miguel, que aún permanecen en pie
aunque fuera de uso, podrán entrar algún día a formar parte de los itinerarios
turísticos que atraen a los viajeros ilustrados, junto a otras referencias y
reclamos culturales, como las cavernas prehistóricas, el casco medieval, la
impronta marinera y pescadora, la arquitectura indiana o los escenarios de los
rodajes cinematográficos.
"La globalización está en el chigre" (artículo Nº 6, 31 de julio 2008)
OPINIÓN
“¡Salam
ma licun!” (“¡Buenos días!”), añade en su saludo Ramón Llada. “¡Ma licum
salam!”, le contestan los africanos.
Este
proceso de, digamos, interacción y de asimilación lingüísticas se está haciendo
ahora más complejo, en la medida en que se ha empezado a combinar con la
“xíriga”, que era lo único que nos faltaba para el duro. Y mientras los
parroquianos amplían su vocabulario de uolof (el idioma de Senegal) y los
senegaleses, en contrapartida, se inician en el léxico de la xíriga (el
lenguaje de los tejeros llaniscos), como si fuera lo más natural del mundo,
entre una cosa y otra, los turistas vascos y madrileños, que son testigos de
estas inesperadas escenas costumbristas del siglo XXI, quedan mudos, atónitos y
patidifusos, que diría Forges.
Poco
a poco, se está avanzando en esta materia gracias a la escuela de la vida que
se respira en los chigres típicos y, sobre todo, gracias a la constancia de
“Barullos”. Se apuran los vasos de vino y se asiste, de paso, a una amena pero
rigurosa clase de gramática y de lengua, en plena era de la globalización. Así,
algunos alumnos aventajados ya saben traducir al senegalés varios vocablos y
verbos de la xíriga que son muy comunes por aquí: “zancañeru” (amigu,
compañeru) sería en uolof “sama jaret”; “guxa” o “gorreta” (mujer) es “dieguene”;
“pete” o gorre” (hombre, paisano) es “gore”; “verbear” (hablar) es “waj”;
“visontear” (ver, mirar) es “khole”; “mayar” (comer) es “lek”; “orbito”
(borrachu, enfiláu) es “mandi”; “musendu” (burru) es “bame”, y, en fin, que así
se va progresando y así nos vamos cultivando todos, como si estuviéramos
matriculados en un curso de verano.
De
momento, tenemos algo muy claro: que con esta fraternidad verbal y mestiza de
la que es apóstol “Barullos” se está tendiendo un puente para el diálogo
Norte-Sur y abriendo quizá, también, una vía de experimentación social que no
se le había ocurrido ni a Kofi Annan.


















