sábado, 25 de abril de 2026

"Tejeros en retirada" (artículo Nº 14, 22 de enero 2020)

 











OPINIÓN                                                               

"Tejeros en retirada"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El calor empezaba a pegar fuerte aquel verano de 1936 en la provincia de Valladolid. En el término municipal de Villaza, a 18 kilómetros de la capital, estaban trabajando en una tejera cinco llaniscos del Valle de San Jorge y Ardisana: Antonio Cueto, Indalecio Campillo, Avelino Rodríguez, Felipe Gutiérrez y Manuel Villanueva. El viernes 17 de julio, el termómetro marcaba una temperatura de 29 grados. No habían dado abasto desde su llegada en mayo, aunque una tarde, pocos días atrás, pudieron pasear por las calles de Valladolid, embelesados ante elegantes escaparates en medio del ajetreo urbano y mirando de reojo las carteleras de cines y teatros. En la Sala Zorrilla se anunciaba la actuación de Carmen Amaya; en el Cinema Coca se proyectaba la película “La estropeada vida de Oliverio VIII”, de El Gordo y El Flaco; y en el Roxy, daban una de James Cagney (“Aquí viene la Armada”). 

El 18 de julio, inicio del Alzamiento Nacional, la ciudad castellana (que tenía 100.000 habitantes) se puso desde el principio de parte de los militares sublevados. El general Molero, comandante de la plaza, leal al Gobierno de la República, fue reducido por la fuerza en su despacho de Capitanía General. 

Villaza se tomó por falangistas y guardias civiles a las primeras de cambio. Los tejeros, decididos a intentar salir de la boca del lobo, consiguieron una autorización para trasladarse a Aguilar de Campoo y con ella pudieron alquilar un automóvil e ir, en primera instancia, a Valladolid, para que les fuera visado el salvoconducto. Solucionado el papeleo, y ya a punto de arrancar hacia Aguilar, un par de falangistas se les sumó a hacer el viaje con ellos. Imposible negarse. Igual que sardinas en lata, sin apenas “verbear” (hablar), recorrieron bastantes kilómetros hasta que los dos hombres se apearon.

En Aguilar se hallaba trabajando otro tejero del concejo de Llanes, Prudencio Vega, que el mismo día 18 fue detenido durante veinticuatro horas. Dos bandos pugnaban por hacerse con la situación, y parecía que iban a imponerse los partidarios de la causa republicana. Sin embargo, el lunes 20 de julio, cuando el puesto de la Guardia Civil se vio reforzado con números provenientes de Amusco, Herrera de Pisuerga, Alar del Rey y Fromista la balanza se inclinó del lado de los golpistas.  

Entre tanto, desde Reinosa, tres camiones con hombres armados del Frente Popular (entre los que iba, según apuntan algunos investigadores, Santiago Carrillo), habían salido en dirección a Aguilar, pero llegaron cuando ya poco tenían que hacer. La firme resistencia que opusieron la Benemérita y grupos de falangistas les obligó a retirarse. Al norte de la provincia palentina quedó una estrecha franja controlada por fuerzas dispersas del bando republicano.

Los llaniscos llegados de Valladolid, y ya en compañía de Prudencio Vega, decidieron emprender desde Aguilar una larga caminata de regreso a casa. Partieron a las diez de la noche, esquivando disparos; caminaron entre la niebla, se perdieron, retomaron el rumbo y descansaron entre brezos. Al amanecer, consiguieron contactar con las avanzadillas republicanas. Cuando llegaron a Llanes, rodeados de un gentío ansioso de conocer los detalles de su aventura, se convirtieron en los grandes protagonistas del día. El drama no había hecho más que empezar.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 22 de enero de 2020). 


"Machuriando la gurria en León" (artículo Nº 13, 5 de septiembre 2019)

 















OPINIÓN                                                               

"Machuriando la gurria en León"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La historia de los tejeros de Llanes se ha escrito durante siglos “machuriando la gurria” (trabajando el barro) bajo el sol, en condiciones de semiesclavitud. El relato está desparramado por tierras castellanas, vascas y cántabras, y va unido al apogeo de la xíriga, el lenguaje que inventaron los propios “tamargos” como recurso de autodefensa. 

Una exposición abierta recientemente en la Casa de Cultura de Llanes recrea ahora la andadura épica de los llaniscos en tejeras en las que dejaron la piel y de las que apenas quedan ya unas pocas tejavanas en ruinas (Mansilla de las Mulas, La Robla o Chozas de Arriba, en León; Pino de Bureba o Cubillo del Campo, en Burgos; Saldaña, Dehesa de Montejo o Cervera de Pisuerga, en Palencia…), y reivindica el valor de una jerga que se resiste a desaparecer. 

No todas las tejeras fueron escenarios de sufrimiento extremo, sin embargo. En la de Matallana de Torío, en la provincia de León, se respiraba un ambiente capaz de aliviar los rigores de una labor extenuante. Llaniscos que trabajaron allí recuerdan que el “man” (el amo o patrón), que vestía a diario una americana de mahón e iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar, era un “buen paisano”. “Manes” así nunca abundaron, desde luego.

Matallana de Torío está en una zona minera, junto al río Torío,  entre La Robla y Boñar. A la tejera, fundada allí por Alfonso Reyero Villar al término de la Guerra Civil, irían a trabajar cuadrillas de llaniscos, temporada tras temporada, a lo largo de treinta años, desde últimos de abril hasta principios de octubre. Reyero tuvo tres encargados: Segundo Sampedro, de Los Callejos; Amador Gutiérrez, de Ríocaliente; y Antonio Poo, de Palacio de Ardisana.

En la década de los 50, dos de los tejeros contratados eran José Díaz Díaz, de Ardisana, y Tito Celorio Rodríguez, de Vibaño, entonces unos adolescentes. En el imaginario de ambos campea la soberana presencia del ferrocarril. Por las proximidades de su lugar de trabajo pasaba el tren puntual e inexorablemente, y cada resoplido de la locomotora venía a marcarles el ritmo vital y laboral. El único día de descanso que tenían era el domingo desde la una de la tarde. Ni antes ni después: sólo a partir de esa hora, determinada para ellos por el paso del tren. Se refrescaban y se lavaban allí al lado, en un riachuelo que denominaban “el regatu”.

Alfonso Reyero era hijo de Juan Manuel Reyero y Tarsila Villar, tenía nueve hermanos y estaba casado con Pilar Tascón, hija, a su vez, del empresario minero del carbón Ricardo Tascón. Poseía también un calero en Orzonaga, un par de camiones y un gallinero junto a la tejera, y en aquel mundo de adobe solían aparecer, durante las vacaciones escolares, unos cuantos críos, hijos y sobrinos del patrón, a jugar en la era, cerca de miles de tejas tendidas. Lo bueno llegaba el 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de Boínas, cuando Reyero organizaba siempre una comida al aire libre, a base de corderos a la estaca, compartida por su familia y los tejeros, en amable comunión.

Ese pasado común entre Matallana de Torío y Llanes fue descubierto el otro día casualmente por una de las personas que han visitado en la villa de Posada Herrera la exposición sobre la xíriga y los tejeros. En una de las salas, la visitante a la que nos referimos reparó en una fotografía de grupo y reconoció en ella, sorprendida y emocionada, a un ser querido. El hallazgo la puso de repente frente al paisaje de su pasado familiar, le reveló una información que desconocía y propició, además, un posterior y sugestivo encuentro con Pepe Díaz y Tito Celorio. Esa persona era la popular periodista de televisión Marta Reyero, nieta de aquel “man” atípico que dejó buen recuerdo entre sus empleados llaniscos. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 5 de septiembre de 2019). 



"Xíriga de cuento" (artículo Nº 12, 17 de marzo 2015)

 










OPINIÓN                                                               

"Xíriga de cuento"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El taller de xíriga que organiza la Casa de Cultura de Llanes concluyó en su novena edición con el anuncio de la publicación de una nueva edición del diccionario recopilado por Ramón Melijosa, que se presentará en abril con el patrocinio de Caja Rural. La nota destacada de este año ha sido la intensificación de los ejercicios prácticos sobre el encerado, aunque sin dejar de escuchar los testimonios de los ex tejeros que participan cada año en esta iniciativa del Ayuntamiento llanisco. 

Esta vez se recordó la figura de Magín Aparicio, un maestro que en la posguerra ejerció su labor docente en Vibaño con una entrega y una abnegación que fueron mucho más allá de lo que era su obligación. Durante el curso escolar de aquellos años marcados por las cartillas de racionamiento, Magín dedicaba por la noche dos horas extra de clase a los rapaces que iban a marchar a la tejera, según contaron Evaristo Concha y Tito Celorio, quienes vivieron aquella experiencia desde el pupitre y la recuerdan con profundo agradecimiento.

La intensidad en las redacciones improvisadas y en la invención de frases permitió alcanzar en algún caso cotas literarias nunca logradas hasta entonces en el curso. “Aparaban xiflos d’ un drape machuriador d’ ustancia y onia aparaban drama. El drape de sus-aires, enxidiáu d’ una guxa xida gachulera…” “Eran hijos de un leñador y huérfanos de madre. Su padre se había juntado con una mujer guapa pero muy mala…” A los hermanos Grimm, tan traducidos a todos los idiomas del orbe, les habría gustado saber que en un apartado lugar de España, entre la mar y la montaña se está traduciendo al lenguaje inventado por los tejeros llaniscos su cuento Hansel y Gretel, “xiflos d’ un drape machuriador d’ustancia”. En realidad, sólo se ha dado el primer paso para llevar a cabo ese proyecto literario. La ocurrencia, que partió de una de las alumnas, Concepción Vega Obeso, puede dar mucho juego. Se puede soñar incluso con la idea de completar la traducción y publicar el cuento enteramente en xíriga. Tan sólo haría falta buscar un buen dibujante que haga las ilustraciones.

Maribel Menéndez Pandal, otra de las alumnas, presentó unos renglones escuetos y descarnados para describir la temática del cuadro anónimo que preside el salón de actos de la Casa de Cultura. Esa pintura representa un naufragio y Maribel empleó en ello la concisión y la precisión de un reportero de sucesos: “Visanteo la ñansona engachecida. Bos gorres aparan ascode canguelo en el chirriu d’ ureta” (“Veo la mar embravecida y a cinco hombres que están pasando mucho miedo a bordo de una lancha”).

Se hiló muy fino, pero lo más de lo más lo aportó Lorena Borbolla Cue, una moza de Balmori, en un escrito de su propia cosecha que introduce al lector en las circunstancias de desamparo y desamor que rodean a un hombre abandonado por su esposa: “Un gorre s’ apara sin gorreta de sus-aires. Onia estiga de maste en caxu y la guxa lu atrencó del chero. El gorre aroga s’ apara engachecidu. Visontea gorretas xidas, el maste albaritase-i ascode y tien que machurialu de cacea…” Una traducción libre (y suavizada) de este drama existencial sería, más o menos, así: “Un paisano se ha quedado sin su pareja. Lo de hacer el amor ahora ni lo huele y, por si fuera poco, la mujer le echó de casa. No levanta cabeza, el hombre, pero cuando ve mujeres hermosas, se le alegra la pestaña y …”, etcétera, etcétera. Prosa bien trabajada que deja casi en pañales los calenturientos universos de Almudena Grandes. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 17 de marzo de 2015). 



"Sísifo en la Montaña Palentina" (artículo Nº 11, 22 de marzo 2014)

 










OPINIÓN
                                                               

"Sísifo en la Montaña Palentina"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

"Trajinantes y arrieros de ojos inquietos, de mirar astuto, mendigos rezadores y frailes pordioseros, boteros, tejedores, arcadores, perailes, chicarreros, lechuzos y rufianes, fulleros y truhanes, caciques, tahures y logreros”. La descripción de las cosas suelen hacerla los poetas no con menos precisión que los científicos, aunque en este caso a Antonio Machado (de cuya muerte se acaban de cumplir 75 años), al hablarnos de las figuras seculares de paso por su Castilla “visionaria y soñolienta”, se olvidase de incluir en la retahíla a los tejeros. Alguna vez, suponemos, Machado los tuvo que haber visto escarbar en la tierra y dar forma a la arcilla y arrastrar como Sísifo el peso de un destino inexorable, y sin embargo al poeta se le despintaron de la memoria y con ello se perdió una buena copla elegiaca hecha de polvo y sol.  

Desde Castilla, precisamente, nos ha llegado ahora una publicación tan documentada en el seguimiento del rastro de los tamargos llaniscos que este año ha sido utilizada como libro de texto en el curso de xíriga que organiza la Casa de Cultura de Llanes. Se trata de la revista en formato libro “Colección de Historia Montaña Palentina”, que en su número 7 incluye un trabajo de Miguel Nieto Rodríguez titulado “Los maestros tejeros asturianos en el norte de Palencia”. El autor, sacerdote y profesor universitario, ha centrado el estudio en su pueblo natal, Dehesa de Montejo y explica que “durante cerca de dos siglos, las cuadrillas de tamargos de la zona de Llanes dejaron huella profunda, aún no olvidada, en los pueblos de la Montaña Palentina. En Dehesa de Montejo aparecen en los documentos del Concejo en los años treinta del siglo XIX y desaparecen al final de los ochenta, para volver de nuevo en los años cuarenta del siglo XX”. Encontramos en esta publicación el testimonio de la general consideración que se les tenía en aquellas tierras (“Eran gente pacífica, enemiga de follones y alegraban muchos ratos de los fines de semana en la cantina con cánticos de su tierra. Era idea común entre ellos el ser formales para no verse envueltos en enfrentamientos o peleas en sus lugares de trabajo. Fueron grupos que, unidos entre sí, estuvieron siempre abiertos a la mentalidad y a las costumbres de los pueblos donde se asentaron”) y datos inéditos y estrechamente ligados a familias llaniscas de hoy. En el estudio de Nieto constan nombres, apellidos y localidades de procedencia de los tejeros, y toda esa información es reconocida en Llanes como propia y vinculante. “Esi Santos Ojeda que diz el libru era hermanu de un bisabuelu míu”, apuntaba el ex tejero Evaristo Concha Ojeda. La publicación habla de las tejeras de Guardo, Villanueva de Arriba, Santibáñez de la Peña, Pisón de Castrejón, Congosto de Valdivia, Ligüérzana, La Pernía, Valle de Castillería y Villarén de Valdivia. “¡En Ligüérzana estuvi yo varias temporadas, y el patrón se apellidaba Moreno!”, salta Juanito Remis, otro ex tejero fundamental en el taller de xíriga. De modo que la historia de las tejeras palentinas es parte también de la historia de los tejeros de Llanes. Nieto enumera los nombres de los encargados de la tejera de su pueblo en la segunda mitad del siglo XIX (Felipe Villa y Juan Villar, de Lledías, Salvador Carrera, de Niembro, Antonio Bustillo, de Pancar, y Jacinto del Río Santoveña, de Rales, entre otros muchos); reproduce fotografías de Llanes y de cuadrillas de tejeros llaniscos y recoge letras de coplillas y detalles de contratos (“En el lugar de Dehesa, a seis días del mes de junio de este año de 1838, se ajustaron para maestros de teja Antonio Martínez, Pedro Fernández de la Bega y Josef Cubilles, vecinos del lugar de Poo, que se obligan a hacer treinta millares de teja de dar y tomar, a precio de 22 reales el carro”). Su exhaustivo trabajo lo tiene todo para ser considerado como lo mejor que se ha publicado sobre esta materia en los últimos 20 años.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 22 de marzo de 2014).  




"Costobas y zancañeras ex cátedra" (artículo Nº 10, 1 de marzo 2014)

 










OPINIÓN
                                                               

"Costobas y zancañeras ex cátedra"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Chirriu (que seguramente deriva de chirriar) significa en xíriga carro y carretillo, y por extensión sirve para designar también, adjetivando el término con precisión, cualquier máquina de locomoción: barco (chirriu de ureta), avión (chirriu embriciáu), automóvil (chirriu llastidor), bicicleta (chirriu a trabíncula) o camión (chirriu arangue). En la España de los años 60 al único al que le faltaba el chirriu era a Manolo Escobar, pues se lo robaron “anoche, cuando dormía, estando de romería”. 

De aquélla, el Seiscientos carretaba a los celtíberos por carreteras secundarias del progreso, y la NASA no paraba de lanzar chirrios desde Cabo Cañaveral en plena carrera espacial con los rusos. Con ese mar y ese cielo de fondo, Teresa Muñoz, la hija de Emilio Muñoz Valle, iba mamando la jerga que recopilaba su padre (autor del libro clave sobre la xíriga y los tejeros). Aunque en casa no solían verbearla (hablarla), ella sabía de sobra lo apañada que resulta la xíriga. Con la erudición adquirida en Casa Alejo, el bar que tenían sus padres en Posada (un edificio sencillo proyectado por el arquitecto racionalista Joaquín Ortiz), podría explicar a los académicos de la RAE de dónde salen vocablos como “ñurriu” (cura), que, según ella, procede de la voz onomatopéyica “ñurr”, relativa al sonido que emiten los gochos al comer (obsérvese que la etimología de los tejeros sabe ser eufemística). Evocando los tiempos del negocio familiar, Teresa reivindica la eficacia de la xíriga en momentos de emergencia: cuando aterrizaban por allí turistas que apeaban de pronto el castellano y empezaban una jerigonza en euskera o en catalán, el lenguaje de los tejeros era siempre mano de santo -como un arranque de autoridad incontestable- frente a quienes querían marcar distancias y diferencias sin venir a cuento. 

Aunque hasta ahora no hayan salido en la literatura, las mujeres tienen mucho que contar en esto de la xíriga. Teresa Muñoz, junto con Carmen Balmori y Cristina Trigueros, es la protagonista del taller que organiza en Llanes la Casa Municipal de Cultura y que en su octava edición está volcado en el papel de las mujeres en el escenario de la tamarga. Carmen Balmori es hija de Juan Balmori Balmori, nieta de Julián Balmori Platas y esposa de Evaristo Concha Ojeda, tejeros los tres. Su padre estuvo de encargado de una tejera en el pueblo burgalés de Pino de Bureba y su madre y ella pasaron con él algunas temporadas allí. De los 13 a los 17 años, Carmen vio de cerca, aunque desde una “casa un pocu más curiosa” que la choza en la que “goliaban” (dormían) los tamargos, las penalidades de una cuadrilla de titanes (pinches, pileros, tendedores, maseristas y cocedores) que trabajaban como negros en un paisaje de barro y paja. Cristina Trigueros, que tiene lejanas raíces familiares en Posada, llegó en avión desde Suiza. Está haciendo en la Universidad de Zurich una tesina sobre la xíriga, y se la dirige el profesor Johannes Kabatek. En el taller que se imparte en Llanes (al que acudió con un compañero suizo que grabó en vídeo cada minuto de cada sesión) explicó las líneas de su investigación, que abarca lo filológico y lo etnográfico del asunto; encuestó a los alumnos; entrevistó a varios tejeros que colaboran habitualmente en el desarrollo de la iniciativa puesta en marcha por la Casa de Cultura, como Tito Celorio, Pepe Díaz Díaz, Pedro Gutiérrez Tamés, Juan Remis, Juan Ríos y el citado Evaristo Concha, y regresó al país helvético con la maleta llena de fotocopias y el “palpiteru albaritáu”. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 1 de marzo de 2014). 




"Xíriga en la literatura" (artículo Nº 9, 26 de junio 2010)

 














OPINIÓN                                                               

"Xíriga en la literatura"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

A cuentagotas, la literatura se hace eco de la xíriga, el ingenioso lenguaje inventado por los tejeros llaniscos, y en los pocos casos que se han registrado hasta ahora encontramos valiosas referencias para el estudio de un fenómeno lingüístico y sociológico tan peculiar. 

En su novela autobiográfica “Allorales”, Andrés Peláez Cueto (Hontoria, Llanes, 1892-Camas, Sevilla, 1969), tejero en su niñez, y luego indiano y escritor, pone delante del lector la visión del escenario vital de los tamargos: “Comencé a ir a la tejera, a tierras de Castilla, contratado por un duro y un pantalón de pana por la temporada de mayo a septiembre. Eramos una cuadrilla de diez, entre hombres y rapaces, y marchábamos a pie, con el hato colgado de un palo. (…) Nuestra jornada comenzaba a las cinco y media de la mañana y terminaba a las diez de la noche”, explica. Este personaje jontoriano, que se haría masón en México, deja caer en su relato tan sólo una expresión en xíriga: “Los gorres paran gachuleros” (“Esos tíos no tienen buena pinta”), pero es una frase bien traída y llevada a cuento literariamente.

El autor que situaría la xíriga en los picos más altos sería Pin de Pría (José García Peláez), en 1926. En su gran poemario “Nel y Flor”, donde se concentran tantas atmósferas mágicas y tantas cumbres fantásticas, construye el capítulo “Daqué de Xiriga”, en el que los protagonistas mantienen un armónico diálogo en la jerga de los tejeros:

- Párami l’ádaga, del camangu a la guxona, como gachova gumarra (“De miedo a la muerte, se me pone el pellejo como de gallina enferma”), le dice Flor a Nel en un pasaje. 

Los recursos expresivos de la jerga los hace valer también el poeta Celso Amieva en su libro “Asturianos en el destierro”, donde nos traslada la experiencia personal de la derrota en la Guerra Civil. Mientras se hallaba internado en el campo de Argelès-sur-Mer, en la costa sureste de Francia, el autor de “El paraíso incendiado” recibió en 1940 una carta en xíriga que había conseguido burlar a los censores franceses. (Antes de recibirla, el propio Celso, en el verano de 1939, había enviado a un primo suyo -José Llera-, recluido entonces en el campo de Saint-Cyprien, un escrito en xíriga que dejó igualmente fuera de juego a la censura franchute).

El remitente era César Sánchez Argüelles, de Posada de Llanes, que en la misiva contaba al poeta cosas de las que había sido testigo: el repliegue británico en Dunkerque ante el avance de las tropas de Hitler; la huida a Inglaterra junto a otros republicanos españoles y el trato nada amable que les dispensó el inquilino de Downing Street, que los acabaría devolviendo a Francia pocos días antes de que ésta fuera ocupada por la Wehrmacht. “Rábole musendu, chirriu ferrosu. Engorru forista, chirriu d’aureta. Arrieta gabachosa: Xodín Nazario. Dotos gachuleros: manes morúa’n cuadru, manes xiflos de la ingle y manes gabachosos. Mayen bringos” (“El burru del premier nos metió en el tren, y después en barcu. Llegamos a Saint-Nazaire. Todos fueron hostiles: los de cabeza cuadrada -los alemanes-, los ingleses y los franceses. Que coman mierda”). Así finaliza el escrito, redactado en estilo telegráfico, como un mensaje en clave, indescifrable incluso para los agentes de la Gestapo.

Emilio Muñoz Valle, estudioso de la vida y de la muerte de los tejeros, reproduciría ese histórico documento en un ensayo titulado “La xíriga como lenguaje secreto en la Segunda Guerra Mundial”, publicado en el “Boletín del Instituto de Estudios Asturianos”.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 26 de junio de 2010). 



"Xíriga con efectos expansivos" (artículo Nº 8, 7 de mayo 2010)

 














OPINIÓN                                                               

"Xíriga con efectos expansivos"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Lo que empezó siendo en 2007 un simple curso municipal -aunque sin precedentes en la historia local- tiene ahora todas las trazas de convertirse en un factor multiplicador capaz de dar mucho de sí. El taller de xíriga que organiza en la Casa de Cultura de Llanes la concejalía de Cultura del Ayuntamiento llanisco en colaboración con Cajastur ha alcanzado su cuarta edición, y este año presentó como novedad una actividad infantil paralela, a lo largo de cuatro sábados por la mañana. Algunos de los críos participantes tenían antecedentes familiares en el oficio de los tamargos, pero la mayoría no, aunque a todos se les vio comprometidos ante la posibilidad de expresarse en el lenguaje inventado por los tejeros llaniscos. 

A partir de un vocabulario básico, compusieron en el encerado las primeras oraciones como si se tratara de un juego: “Mi-aire apara azainas de trobar un cascosu de ureta” (“Tengo ganas de beber un vaso de agua”), se les oía decir; o bien, “tescu morranchu verbea ascode y machuria alpez” (en traducción libre: “esti rapaz habla por los codos y no da ni golpe”), y marchaban a casa tan contentos, después de cada sesión en la Biblioteca Cardenal Inguanzo, con un cargamento de expresiones para soltarlas en casa. Imaginamos el asombro que debieron causar en muchos padres y abuelos. No se ha traducido aún a Julio Verne a la xíriga, pero todo se andará (algún día podremos leer, tal vez, el comienzo de “Una invernada entre los hielos” así: “El ñurriu de la zarra guxara de Dunkerke s’abrició de la galoza a las bos de la ñarama…”; es decir: “El cura de la vieja iglesia se levantó de la cama a las cinco de la mañana…”). El ex tejero Tito Celorio y el estudioso Ramón Melijosa fueron a contarles sus cosas a los críos, y éstos las reflejaron a su manera en variados trabajos manuales (pinturas, dibujos y tejas decoradas), dirigidos por la monitora Cristina Peñil Montoya. El sábado se les entregarán los correspondientes diplomas.

El taller de xíriga para adultos contó este año con la participación de Tito Celorio Rodríguez, Juan Ríos González, Evaristo Concha Ojeda y Pedro Gutiérrez Tamés (“el Camurriu”), y se clausuró, al igual que en el año 2009, con una visita a la tejera de San Miguel, en Ardisana, propiedad del recientemente fallecido Ricardo Pesquera. En aquella impresionante instalación -un espacio de enorme valor etnográfico y de inexploradas posibilidades museísticas, que podría ser el modelo ideal de cualquier experto en arqueología industrial- los 34 alumnos del curso municipal asistieron a demostraciones prácticas de elaboración de tejas y ladrillos. La actividad se completó con la reedición, por segunda vez en tres años, de un diccionario de xíriga recopilado por Ramón Melijosa Cuevas y patrocinado por Caja Rural.

A imagen y semejanza de esta iniciativa del Ayuntamiento, y con una metodología basada en la que viene aplicando la Casa de Cultura desde hace cuatro años, la enseñanza de la xíriga está extendiéndose a otros puntos del concejo. Así, un grupo de vecinos de Celorio ha llevado a cabo el mes pasado una experiencia que tiene un mérito indudable, y lo mismo cabe decir de la labor pedagógica que ha empezado a desarrollar en este sentido el Colegio Público del Valle de San Jorge, en Nueva, gracias a su director, Xuan Fernández Castañón.  


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 7 de mayo de 2010).  



"Itinerarios de la xíriga" (artículo Nº 7, 27 de febrero 2009)

 














OPINIÓN                                                               

"Itinerarios de la xíriga"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Pragmáticos, siempre al grano, enemigos de la divagación estéril, los antiguos tejeros que aún quedan entre nosotros están hechos de otra pasta. De otro barro. “Muchas jambres y muchas moyaduras”, le resumía el otro día Juanito Remis (Debodes, Caldueñu, 1929) a Ramón Batalla en LA NUEVA ESPAÑA, al comentar las 24 temporadas que pasó en tejeras de Palencia, León y Asturias. En el III taller de xíriga (el argot de los tejeros llaniscos), que acaba de clausurarse en la Casa de Cultura de Llanes, dentro de los cursos municipales que promueve el Ayuntamiento en colaboración con Cajastur, los tejeros participantes dieron una lección de las que se quedan grabadas en la mollera: vinieron a decir que en toda comunicación que se precie, ya sea oral o escrita, la precisión del lenguaje ha de ser siempre la norma general (cosa, por cierto, en la que falla mucho la clase política española, en general). 

Cuando en los diccionarios de xíriga se echan en falta vocablos comunes y habituales (caballo o tortilla de patata, por poner dos ejemplos), en estos casos la prudencia exige jilar muy finu, y eso es, precisamente, lo que hicieron en el reciente taller Juanito Remis, Juan Ríos, Tito Celorio, Evaristo Concha y Ángel Amieva. Estos cinco tamargos, extraordinarios y carismáticos, hablan desde el magisterio que les confieren las 63 campañas en la tejera que acumulan entre los cinco, y puntualizan que un caballo es un “musendu arangue con belardas chupidas” (burru grande con orejas pequeñas), y que la tortilla española ha de traducirse como “zaramoas asuadas con gumarros de plumosa eszarapiaos” (patatas fritas con huevos de gallina batidos). Está claro.

Los talleres de xíriga en Llanes van a más de año en año. Los tejeros se ven reconocidos por lo que son y por lo que representan, y descubren con asombro que las circunstancias de su duro trabajo y las peculiaridades de su forma de hablar interesan  cada vez a más gente. La progresión del curso es evidente: en la primera edición se inscribieron 20 alumnos; en la segunda, 25; y este año, 34. Aglutina a personas de perfiles muy variados -viejos y jóvenes, hombres y mujeres- que luchan románticamente por una lengua que se resiste a morir. El más veterano militante de esta utopía puede que sea Santos de la Fuente Gómez, ex jefe de la estación de Feve, que en los años 50 tuvo la audacia de escribir en xíriga todos los avisos horarios de llegada y salida de trenes en el tablón de anuncios.

La principal novedad de este tercer taller consistió en una visita a la tejera de San Miguel, en Ardisana, propiedad de Ricardo Pesquera, para asistir a una demostración práctica. En aquel sobrecogedor templo de la intrahistoria de Llanes, bajo tejavanas y entre columnas de ladrillos con más de doscientos años de antigüedad, Tito Celorio amasó tierra mojada y enseñó a los alumnos cómo se hace una teja. Era una escena casi bíblica, y de todo ello hizo innumerables fotos José Ramón Rodríguez Trespalacios, “el de El Siglo” (unas instantáneas que, tal vez, encierran la misma intención antropológica y de documentalismo social que movió a Nicolás Muller en los años 30 a retratar a su Hungría profunda y feudal).

Quién sabe, en fin, si tejeras como la de San Miguel, que aún permanecen en pie aunque fuera de uso, podrán entrar algún día a formar parte de los itinerarios turísticos que atraen a los viajeros ilustrados, junto a otras referencias y reclamos culturales, como las cavernas prehistóricas, el casco medieval, la impronta marinera y pescadora, la arquitectura indiana o los escenarios de los rodajes cinematográficos.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 27 de febrero de 2009). 




"La globalización está en el chigre" (artículo Nº 6, 31 de julio 2008)

 













OPINIÓN                                                               

"La globalización está en el chigre"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Circula por ahí abundante teoría sobre los modos posibles de asimilar a los inmigrantes, pero en la práctica se siguen dando, en lo tocante a esto, palos de ciego y reiterados resbalones. Para qué nos vamos a engañar: las aportaciones verdaderamente eficaces e imaginativas parecen aún lejos del alcance de la clase política. Por eso nos llama la atención el caso de Ramón Llada, “Barullos”, un conocido y polifacético hostelero de Llanes, regente del bar del Casino y marido de Pilar Celorio, hija de la popular Pepa “la de Acho”. Este “Barullos” -en cuyo rostro curtido se adivina una fuerza de convicción como la del padre Ángel y un activismo de culu peláu, como el de Daniel Cohn-Bendit- es un adelantado de la multiculturalidad y podría asesorar al alto comisariado de la ONU sobre temas de integración de los inmigrantes. “Barullos” es la caraba. 

Verle entrar en el bar “El Pescador”, en el corazón de la efersvescente e histórica calle de Manuel Cue, y saludar en su idioma a los jóvenes senegaleses (Abdul, Serin y Bamba) que ofrecen al mundo, honrada y educadamente, su trajinada carga pirata de cedés y uvedés, es la apoteosis: “¡Nangaref!” (“¡Hola, cómo estás!”), exclama “Barullos”. “¡Magnifique!”, le responden los negritos, con una sonrisa de oreja a oreja. Antonio Barreiro, el chigrero, ya se ha ido acostumbrando a esta prueba de intercomunicación étnica y cotidiana que se está haciendo un hueco en la vida urbana llanisca de un modo muy natural.

“¡Salam ma licun!” (“¡Buenos días!”), añade en su saludo Ramón Llada. “¡Ma licum salam!”, le contestan los africanos.

Este proceso de, digamos, interacción y de asimilación lingüísticas se está haciendo ahora más complejo, en la medida en que se ha empezado a combinar con la “xíriga”, que era lo único que nos faltaba para el duro. Y mientras los parroquianos amplían su vocabulario de uolof (el idioma de Senegal) y los senegaleses, en contrapartida, se inician en el léxico de la xíriga (el lenguaje de los tejeros llaniscos), como si fuera lo más natural del mundo, entre una cosa y otra, los turistas vascos y madrileños, que son testigos de estas inesperadas escenas costumbristas del siglo XXI, quedan mudos, atónitos y patidifusos, que diría Forges.

Poco a poco, se está avanzando en esta materia gracias a la escuela de la vida que se respira en los chigres típicos y, sobre todo, gracias a la constancia de “Barullos”. Se apuran los vasos de vino y se asiste, de paso, a una amena pero rigurosa clase de gramática y de lengua, en plena era de la globalización. Así, algunos alumnos aventajados ya saben traducir al senegalés varios vocablos y verbos de la xíriga que son muy comunes por aquí: “zancañeru” (amigu, compañeru) sería en uolof “sama jaret”; “guxa” o “gorreta” (mujer) es “dieguene”; “pete” o gorre” (hombre, paisano) es “gore”; “verbear” (hablar) es “waj”; “visontear” (ver, mirar) es “khole”; “mayar” (comer) es “lek”; “orbito” (borrachu, enfiláu) es “mandi”; “musendu” (burru) es “bame”, y, en fin, que así se va progresando y así nos vamos cultivando todos, como si estuviéramos matriculados en un curso de verano.

De momento, tenemos algo muy claro: que con esta fraternidad verbal y mestiza de la que es apóstol “Barullos” se está tendiendo un puente para el diálogo Norte-Sur y abriendo quizá, también, una vía de experimentación social que no se le había ocurrido ni a Kofi Annan.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 31 de julio de 2008). 


 


"¡Zancañeru Ben Gurion!" (artículo Nº 5, 1 de abril 2008)

 













OPINIÓN
                                                               

"¡Zancañeru Ben Gurion!"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Una de las conclusiones -acaso la principal- a que se llegó en el II Taller de Xíriga, organizado por el Ayuntamiento de Llanes durante el mes de febrero, tiene un paralelismo evidente con respecto a algunas lenguas más antiguas que buscan adaptarse a la modernidad. La xíriga (el lenguaje de los tejeros llaniscos), con más de tres siglos de vigencia a sus espaldas, presenta el mismo problema que se le presentó en su día a la lengua hebrea, cuando el Estado de Israel quiso hacer del idioma bíblico una herramienta de cohesión patriótica para todos los judíos del mundo, a partir de 1948, bajo la dirección de Ben Gurion. “¿Cómo hemos de decir en hebreo carro blindado, penicilina, televisión, avión, psicoanálisis, locomotora, etcétera?”, pensaban los herederos de Theodor Herzl en aquellos momentos iniciales en que tomaba cuerpo el proyecto sionista, después de la segunda guerra mundial.

Los lingüistas fueron dando respuesta a esta necesidad perentoria de una nación marcada por dos milenios de peregrinaje forzoso (la lingüística, como el dominio de los idiomas, no tiene secretos para el errante pueblo elegido) y encontraron en el diccionario hueco para todo.

Algo parecido les pasó a los vascos en la primera etapa de la España de las Autonomías. “¿Cómo hemos de decir en euskera vocablos como chicle, pizza, ametralladora, cinemascope, etcétera…?”, se interrogaban los nacionalistas. De modo y manera que lo que se le ocurrió a esta buena gente -presidida entonces por un lendakari llamado Carlos Garaikoetxea, del PNV- fue enviar a Israel, en el verano de 1981, a una comisión de expertos lingüistas, con el fin de conocer la experiencia acumulada por los israelitas en este terreno. Hay, por tanto, ya sea en el caso del hebreo o en el del euskera, algo de reinvento y de actualización voluntariosa y, sobre todo, imaginativa.

Ahora, los seguidores de la xíriga en Llanes -que cada vez son más- tienen que ventilar una papeleta similar. No es que estén obsesionados con la idea de inventar o traducir al argot gremial de los tamargos vocablos para designar la bomba atómica, las cabezas nucleares o las cápsulas espaciales, pero no interesa dejar para muy tarde la asimilación de conceptos omnipresentes en la vida moderna, como paella, periódico, bollu preñáu, estilográfica o cubata.

¿Cómo se actualiza el vocabulario de la xíriga? He ahí la cuestión metafísica. En el taller desarrollado en la Casa Municipal de Cultura se decidió crear una bolsa de palabras posibles, siguiendo la lógica gramatical propia del lenguaje de los tejeros, como las metátesis silábicas (en la línea del “drape”, padre, por ejemplo), las sinécdoques (a semejanza de la palabra “cascosu”, para designar un vaso) y prestaciones del vascuence (“perdis”, culo, es un término derivado de la palabra en euskera “ipurdi”). Ésas podrían ser las pautas. El desafío más peliagudo, aparte de esto, será, no obstante, encontrar un organismo de indiscutible jerarquía y autoridad (no sé si la Universidad, el RIDEA o la Real Academia de la Lengua Española) que homologue y consagre la actualización pretendida. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 1 de abril de 2008).