Llanes: historia, cultura y territorio
Cuaderno de Higinio del Río
jueves, 14 de mayo de 2026
sábado, 2 de mayo de 2026
José Manuel Borbón y José Luis Sotres: emigración, añoranza y canciones
OPINIÓN
A lo largo de más de dos décadas, la cita
polifónica dejó en la villa de Posada Herrera una huella difícil de borrar. Hacía
posible el contacto entre coros de regiones distintas y tenía el valor de marca
distintiva del verano llanisco, al igual que las actuaciones de la OSPA, que,
desde 1990 y hasta 2019, ofrecería en el mismo escenario 26 conciertos.
En el relato de las emociones generadas a su
sombra, el Encuentro de Habaneras daría visibilidad y resonancia a inesperadas
aportaciones al cancionero por parte de dos protagonistas de la pequeña historia
local: José Manuel Borbón Concha (1936-2017) y José Luis Sotres Alles,
“Chaleco” (1938-2022). Ambos habían sido emigrantes en algún momento de sus
vidas, y los dos supieron dejar constancia poética de un exultante llanisquismo
mamado desde la niñez.
Hijo de Manuela Concha Cagigal, la entrañable dama
de Telleu que cocinaba y vendía bollas en su vivienda de la calle de San
Agustín, Borbón tenía alma de artista. Amasaba el barro y cincelaba y pulía la
piedra. Cantero, poeta vocacional y buen jugador de bolo palma, convertía el
mármol de Carrara y la piedra autóctona del país en escudos heráldicos,
imágenes de la Santina y conjuntos escultóricos para panteones. Ancestros suyos
habían sido tejeros, y a él le gustaba explicar que el mayestático apellido que
llevaba puesto en el DNI provenía de un lejano desliz amoroso de Felipe V. En
Suiza, adonde emigró en los años 60, escribió el poema “A la villa de Llanes”,
que mucho después sería armonizado por Justo González Antuña, director de la
Coral San Martín de Sotrondio, y estrenado como canción por el coro asturiano en
el III Encuentro de Habaneras de Llanes, el 14 de julio de 2000.
Entre
similares parámetros de emigración y añoranzas transitó también la historia de José
Luis Sotres, “Chaleco”, nacido en el Cuetu e hijo del primer chatarrero que
hubo por aquí después de la guerra. Había marchado de joven a las Vascongadas. Trabajó
inicialmente en talleres de calderería y acabó siendo supervisor de fabricación
y jefe de mantenimiento de equipos auxiliares de Altos Hornos. Entre medias se sumó
a la Coral “Irutasun Abesbatza” de Algorta y escribió la letra de una especie
de himno personal. A aquellas líneas escritas para sí mismo las pondría acordes
musicales el profesor del Conservatorio de Bilbao Pedro Guallar. Con el título
de “Soy de Llanes”, la canción se estrenaría el 16 de julio de 2004 en el VII
Encuentro de Habaneras, cantada por el propio “Chaleco” y sus compañeros de la
“Irutasun”.
jueves, 30 de abril de 2026
Exposición LA XÍRIGA Y LOS TEJEROS (2019)
Un oficio en condiciones de semi esclavitud y un lenguaje secreto de autodefensa
La exposición “La xíriga y
los tejeros” fue una de las principales propuestas culturales del Ayuntamiento
llanisco en el verano de 2019. Ocupó toda la primera planta de la Casa
Municipal de Cultura de Llanes y estuvo abierta desde el 14 de agosto de 2019
hasta el mes de marzo de 2020. Su promotor y comisario fue Higinio del Río,
director del centro cultural.
La xíriga es el lenguaje
que empleaban los tejeros del concejo de Llanes durante los meses de trabajo en
diversas regiones de España. Un lenguaje inventado por ellos. La palabra xíriga
está en relación con el vocablo castellano jerga, que significa lenguaje raro y
oscuro. Es una lengua especial, en cuanto lengua de un oficio, pero podría
calificarse de argot, puesto que rebasa el campo profesional o gremial. No es
una lengua escrita, sino esencialmente oral, lo que explica algunas de sus
peculiaridades, como determinadas fluctuaciones e imprecisiones fonéticas o
semánticas.
Los
creadores de la xíriga fueron
los tejeros llaniscos (tamargos, en su jerga), que se desplazaban cada año a
las tejeras de León, Palencia, Burgos, Santander, Asturias occidental o
Vizcaya. Partían a finales de abril o comienzos de mayo en pequeñas cuadrillas
(cuyo número podía oscilar entre los 3 o 4 miembros de una misma familia, a los
que se les podía añadir algún convecino, hasta aproximadamente 10 o 12, entre
hombres, mozos y rapaces), y regresaban a finales de septiembre. Las contratas
para esa emigración estacional se concertaban en la fiesta de La Candelaria en
Posada (2 de febrero) y en la de Santa Dorotea en Balmori (6 de febrero).
Homenaje a una épica
A comienzos del siglo XVIII aparecen ya tejeros llaniscos en las zonas y provincias citadas. El ejercicio del oficio estuvo en pleno vigor hasta la mitad del Siglo XX. Decaería y prácticamente se extinguiría cuando se inició la emigración a los países europeos en los años 60.
La xíriga y el mundo de
los tejeros es uno de los aspectos sociológicos y culturales de Llanes que más
interés despierta. Evoca las peculiaridades de un duro oficio desarrollado en
tierras extrañas y en condiciones de semi esclavitud. Los tejeros llaniscos,
campesinos casi analfabetos, lograron concretar una herramienta de comunicación
oral entre entre ellos. Un lenguaje de autodefensa, que apenas alcanza los seiscientos
términos, pero muy eficaz y aún vigente, en cierto modo.
La
exposición rendía homenaje a la épica que representan los tejeros. A través de
una treintena de paneles de texto e imágenes se recogía en ella una historia
larga y singular, a partir de los datos del catastro del Marqués de la Ensenada,
de mediados del siglo XVIII. Daba cuenta de los orígenes del oficio, del
proceso de formación de la jerga y de su etimología, de las curiosidades
históricas, de las circunstancias vitales y de la psicología de los tejeros.
Entre los
contenidos de la muestra se incluían una colección de fotografías,
tejas muy antiguas (en las que aparecía la firma de sus autores) y distintos utensilios
originales relacionados con el oficio de tejero, como carretillos, una masera y
otras herramientas.
Reflejo en la literatura
La xíriga y la epopeya de los tejeros tienen su reflejo en la literatura y están presentes en textos de autores como Gumersindo Laverde Ruiz, Aurelio de Llano, Andrés Peláez Cueto, Celso Amieva y Pablo Ardisana. De ahí que entre los contenidos de la muestra figurase un apartado dedicado a la bibliografía correspondiente, con un recuerdo especial para el estudioso Emilio Muñoz Valle, hombre que regentó durante décadas en Posada el popular bar Casa Alejo, y autor del libro “La xíriga (el lenguaje de los tejeros de Llanes)", considerado como una obra verdaderamente fundamental.
Paralelamente,
se organizaron talleres didácticos para niños en las propias salas de la Casa
de Cultura, impartidos por Mónica Balmori.
La exposición (con la que
se cerraba un ciclo de los diez años, de 2007 a 2016, a lo largo del cual el
centro cultural municipal había organizado anualmente talleres de xíriga, algo
que no tenía precedentes en la historia local) contó con la colaboración del
Museo Etnográfico del Oriente de Asturias y de varios particulares, como los
hermanos Alejo y María Teresa Muñoz González, José María Soberón García, Marina
Carrera Balmori, Fernando Rodríguez Alonso y José Ramón Rodríguez Trespalacios.
La xíriga y los tejeros, objeto de una exposición en la Casa de Cultura de Llanes (COPE)
Llanes exhibe las tradiciones de la xíriga y los tejeros (ASTURIAS MUNDIAL)
"Todos en Llanes tenemos parientes que se fueron a la tejera" (LA NUEVA ESPAÑA, Cristina Muruzábal)
Llanes imparte un taller infantil sobre los tejeros (RTPA)
Los niños tejeros de Llanes (LA NUEVA ESPAÑA, Eva San Román)
miércoles, 29 de abril de 2026
COMANDANTE ROBERT: UN PARTISANO ESPAÑOL EN LA FRANCIA OCUPADA
El comandante Robert, en los años 40.
OPINIÓN
Participó en los cursos de verano de
Años después, cuando le condecoró con las
insignias de oficial de
José Alonso, capitán honorario del Ejército
francés y Caballero de
domingo, 26 de abril de 2026
sábado, 25 de abril de 2026
"Tejeros en retirada" (artículo Nº 14, 22 de enero 2020)
OPINIÓN
Villaza se tomó por falangistas y guardias civiles a las primeras
de cambio. Los tejeros, decididos a intentar salir de la boca del lobo,
consiguieron una autorización para trasladarse a Aguilar de Campoo y con ella
pudieron alquilar un automóvil e ir, en primera instancia, a Valladolid, para
que les fuera visado el salvoconducto. Solucionado el papeleo, y ya a punto de
arrancar hacia Aguilar, un par de falangistas se les sumó a hacer el viaje con
ellos. Imposible negarse. Igual que sardinas en lata, sin apenas “verbear”
(hablar), recorrieron bastantes kilómetros hasta que los dos hombres se
apearon.
En Aguilar se hallaba trabajando otro tejero del concejo de
Llanes, Prudencio Vega, que el mismo día 18 fue detenido durante veinticuatro
horas. Dos bandos pugnaban por hacerse con la situación, y parecía que iban a
imponerse los partidarios de la causa republicana. Sin embargo, el lunes 20 de
julio, cuando el puesto de la Guardia Civil se vio reforzado con números
provenientes de Amusco, Herrera de Pisuerga, Alar del Rey y Fromista la balanza
se inclinó del lado de los golpistas.
Entre tanto, desde Reinosa, tres camiones con hombres armados del
Frente Popular (entre los que iba, según apuntan algunos investigadores,
Santiago Carrillo), habían salido en dirección a Aguilar, pero llegaron cuando
ya poco tenían que hacer. La firme resistencia que opusieron la Benemérita y
grupos de falangistas les obligó a retirarse. Al norte de la provincia
palentina quedó una estrecha franja controlada por fuerzas dispersas del bando
republicano.
Los llaniscos llegados de Valladolid, y ya en compañía de
Prudencio Vega, decidieron emprender desde Aguilar una larga caminata de
regreso a casa. Partieron a las diez de la noche, esquivando disparos;
caminaron entre la niebla, se perdieron, retomaron el rumbo y descansaron entre
brezos. Al amanecer, consiguieron contactar con las avanzadillas republicanas.
Cuando llegaron a Llanes, rodeados de un gentío ansioso de conocer los detalles
de su aventura, se convirtieron en los grandes protagonistas del día. El drama
no había hecho más que empezar.
"Machuriando la gurria en León" (artículo Nº 13, 5 de septiembre 2019)
OPINIÓN
No todas las tejeras fueron escenarios de sufrimiento extremo, sin
embargo. En la de Matallana de Torío, en la provincia de León, se respiraba un
ambiente capaz de aliviar los rigores de una labor extenuante. Llaniscos que
trabajaron allí recuerdan que el “man” (el amo o patrón), que vestía a diario
una americana de mahón e iba a misa todos los domingos y fiestas de guardar,
era un “buen paisano”. “Manes” así nunca abundaron, desde luego.
Matallana de Torío está en una zona minera, junto al río
Torío, entre La Robla y Boñar. A la
tejera, fundada allí por Alfonso Reyero Villar al término de la Guerra Civil,
irían a trabajar cuadrillas de llaniscos, temporada tras temporada, a lo largo
de treinta años, desde últimos de abril hasta principios de octubre. Reyero
tuvo tres encargados: Segundo Sampedro, de Los Callejos; Amador Gutiérrez, de
Ríocaliente; y Antonio Poo, de Palacio de Ardisana.
En la década de los 50, dos de los tejeros contratados eran José
Díaz Díaz, de Ardisana, y Tito Celorio Rodríguez, de Vibaño, entonces unos
adolescentes. En el imaginario de ambos campea la soberana presencia del ferrocarril.
Por las proximidades de su lugar de trabajo pasaba el tren puntual e
inexorablemente, y cada resoplido de la locomotora venía a marcarles el ritmo
vital y laboral. El único día de descanso que tenían era el domingo desde la
una de la tarde. Ni antes ni después: sólo a partir de esa hora, determinada
para ellos por el paso del tren. Se refrescaban y se lavaban allí al lado, en
un riachuelo que denominaban “el regatu”.
Alfonso Reyero era hijo de Juan Manuel Reyero y Tarsila Villar,
tenía nueve hermanos y estaba casado con Pilar Tascón, hija, a su vez, del
empresario minero del carbón Ricardo Tascón. Poseía también un calero en
Orzonaga, un par de camiones y un gallinero junto a la tejera, y en aquel mundo
de adobe solían aparecer, durante las vacaciones escolares, unos cuantos críos,
hijos y sobrinos del patrón, a jugar en la era, cerca de miles de tejas
tendidas. Lo bueno llegaba el 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de
Boínas, cuando Reyero organizaba siempre una comida al aire libre, a base de
corderos a la estaca, compartida por su familia y los tejeros, en amable
comunión.
Ese pasado común entre Matallana de Torío y Llanes fue descubierto
el otro día casualmente por una de las personas que han visitado en la villa de
Posada Herrera la exposición sobre la xíriga y los tejeros. En una de las
salas, la visitante a la que nos referimos reparó en una fotografía de grupo y
reconoció en ella, sorprendida y emocionada, a un ser querido. El hallazgo la
puso de repente frente al paisaje de su pasado familiar, le reveló una
información que desconocía y propició, además, un posterior y sugestivo
encuentro con Pepe Díaz y Tito Celorio. Esa persona era la popular periodista
de televisión Marta Reyero, nieta de aquel “man” atípico que dejó buen recuerdo
entre sus empleados llaniscos.
"Xíriga de cuento" (artículo Nº 12, 17 de marzo 2015)
OPINIÓN
La intensidad en las redacciones improvisadas y en la invención de
frases permitió alcanzar en algún caso cotas literarias nunca logradas hasta
entonces en el curso. “Aparaban xiflos d’ un drape machuriador d’ ustancia y
onia aparaban drama. El drape de sus-aires, enxidiáu d’ una guxa xida
gachulera…” “Eran hijos de un leñador y huérfanos de madre. Su padre se había
juntado con una mujer guapa pero muy mala…” A los hermanos Grimm, tan
traducidos a todos los idiomas del orbe, les habría gustado saber que en un
apartado lugar de España, entre la mar y la montaña se está traduciendo al
lenguaje inventado por los tejeros llaniscos su cuento Hansel y Gretel, “xiflos
d’ un drape machuriador d’ustancia”. En realidad, sólo se ha dado el primer
paso para llevar a cabo ese proyecto literario. La ocurrencia, que partió de
una de las alumnas, Concepción Vega Obeso, puede dar mucho juego. Se puede
soñar incluso con la idea de completar la traducción y publicar el cuento
enteramente en xíriga. Tan sólo haría falta buscar un buen dibujante que haga
las ilustraciones.
Maribel Menéndez Pandal, otra de las alumnas, presentó unos
renglones escuetos y descarnados para describir la temática del cuadro anónimo
que preside el salón de actos de la Casa de Cultura. Esa pintura representa un
naufragio y Maribel empleó en ello la concisión y la precisión de un reportero
de sucesos: “Visanteo la ñansona engachecida. Bos gorres
aparan ascode canguelo en el chirriu d’ ureta” (“Veo la mar embravecida y a
cinco hombres que están pasando mucho miedo a bordo de una lancha”).
Se hiló muy fino, pero lo más de lo más lo aportó Lorena Borbolla
Cue, una moza de Balmori, en un escrito de su propia cosecha que introduce al
lector en las circunstancias de desamparo y desamor que rodean a un hombre
abandonado por su esposa: “Un gorre s’ apara sin gorreta de sus-aires. Onia
estiga de maste en caxu y la guxa lu atrencó del chero. El gorre aroga s’ apara
engachecidu. Visontea gorretas xidas, el maste albaritase-i ascode y tien que
machurialu de cacea…” Una traducción libre (y suavizada) de este drama
existencial sería, más o menos, así: “Un paisano se ha quedado sin su pareja.
Lo de hacer el amor ahora ni lo huele y, por si fuera poco, la mujer le echó de
casa. No levanta cabeza, el hombre, pero cuando ve mujeres hermosas, se le
alegra la pestaña y …”, etcétera, etcétera. Prosa bien trabajada que deja casi
en pañales los calenturientos universos de Almudena Grandes.
"Sísifo en la Montaña Palentina" (artículo Nº 11, 22 de marzo 2014)
OPINIÓN
"Costobas y zancañeras ex cátedra" (artículo Nº 10, 1 de marzo 2014)
OPINIÓN
Aunque hasta ahora no hayan salido en la literatura, las mujeres tienen
mucho que contar en esto de la xíriga. Teresa Muñoz, junto con Carmen Balmori y
Cristina Trigueros, es la protagonista del taller que organiza en Llanes la
Casa Municipal de Cultura y que en su octava edición está volcado en el papel
de las mujeres en el escenario de la tamarga. Carmen Balmori es hija de Juan
Balmori Balmori, nieta de Julián Balmori Platas y esposa de Evaristo Concha
Ojeda, tejeros los tres. Su padre estuvo de encargado de una tejera en el pueblo
burgalés de Pino de Bureba y su madre y ella pasaron con él algunas temporadas
allí. De los



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