lunes, 22 de junio de 2020

DEL LLANES DE ANTES: LOGIO "EL CHULU"

(Foto: Higinio del Río, 1994).

Eulogio Cue Inés 
(1916-1995)

UNA VIDA CON LOGÍN



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


A los ocho años, Eulogio Cue Inés (“Logio el Chulu”), hacía de lazarillo de su padre, que perdió la vista en la mar. Poco después empezó a trabajar como marinero. La primera lancha en la que embarcó fue “La Troya”, en 1926. Era un chavalín de diez años.

Trabajó en “La Tienda Nueva” y de peón con su tío “el Niñu”, y más tarde repartió carbón por las casas. Le daban dos pesetas por llevar sacos de cincuenta kilos. Cuando no salían a la mar descargaba trenes. A su lado murió reventado alguno de sus compañeros. También fue sereno en el paseo de San Pedro, cuidando la fila de chalets que hizo Peláez Cebrián
De joven, Logio pasó alguna vez hasta tres y cuatro días sin llevarse a la boca ni un triste mendrugo de pan. Era todo pura miseria para los pescadores, que no tenían más remedio que pedir empréstitos a Ramón Miranda, a Saro y a Llerandi. Contraían deudas de hasta quince mil pesetas en los años treinta y cuarenta, y todavía deben quedar pendientes algunos pufos.
Anduvo enrolado en casi todas las lanchas de Llanes: la “Socorro número uno”, “Virgen María”, “El Orinoco”, “Virgen del Rosario”, “Rita García”, “San Pedro”, “Migarrena” y “La Castaña”, junto a tripulantes como Juanillo (Juan Toribio Goti Parás, el padre de Chucha la churrera), Tintán y Daniel “Sacafuegu”.
A los llaniscos, durante mucho tiempo, no nos era posible concebir la figura de Logio sin la de su hijo pequeño, Logín, que había nacido con una minusvalía psíquica. Siempre iban juntos y estaban incorporados plenamente al paisaje urbano más humano. Paraban mucho en el puente, en cordial plática con unos y con otros, y les gustaba sobremanera ir a ver las películas de vaqueros que echaban en el Benavente o en el Cinemar. “Logín liaba los cigarros como nadie”, dice el Chulu, y se le aguan los ojos. Por circunstancias de la vida, Logio se tuvo que quedar con él cuando el crío tenía cuatro años. A partir de ahí hizo de padre y de madre. Le lavaba y le peinaba; le enseñó a hacer aparejos, “y el probín no se cansaba nunca. ¿Estás cansau, Logín? ¿Quiés que lo dejemos un pocu?, le decía el Chulu a su hijo. “No; tú tira p’ alante, Eulogio”, le contestaba Logín sin levantar la vista de la faena.
Logín siempre llamó a su padre “Eulogio”, nunca papá o padre. Tan sólo el día de su muerte, postrado en la cama de un hospital y casi sin fuerzas, le susurró: “Papá, sácame de aquí”.

Logio está ahora en la residencia “Faustino Sobrino”, y se acuerda más que nunca de las palabras de Logín: “Tú tira p’alante, Eulogio”. Anda estos días algo fastidiado por culpa de una gripe que le impide cerner por la villa como él quisiera y seguir más de cerca las obras del nuevo puerto de Llanes, que él supervisa y comenta con criterios sobrados de sentido común desde el paseo de San Antón, como un general dirigiendo una batalla.  
                                                                
                                       (Resumen de un artículo publicado en el semanario EL ORIENTE DE ASTURIAS el 5 de mayo de 1995).


domingo, 14 de junio de 2020

LA COMPUERTA DE LLANES: ALEMANIA EN LOS ORÍGENES (1931)

Croquis firmado por Heyn en Hamburgo en 1931.
OPINIÓN                                                               

Conexión alemana


Un croquis hecho en Hamburgo y un contratista relacionado con el espionaje nazi 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En los orígenes de la Compuerta de Llanes, monumento que tanto echamos de menos los llaniscos, hemos hallado un trasfondo de curiosas connotaciones (sin que sepamos si hay entre ellas algún grado de interrelación), que vinculan a la villa de Posada Herrera de una manera tangencial con la Alemania de Weimar

El proyecto de la esclusa ya estaba contemplado en 1931, dos años después de que José María Aguirre hubiera asumido la dirección de las obras del puerto llanisco. Sobre la mesa del ingeniero jefe, entre carpetas y planos desplegados, había información gráfica de trabajos similares en países del norte de Europa, y estaba a la vista el croquis detallado de una singular obra de ingeniería levantada en un muelle de Hamburgo. Este dibujo, en el que figuraba una anotación firmada por un tal Heyn con la fecha 23 de marzo de 1931, era el modelo que habría de inspirar el diseño de la Compuerta de Llanes. (Luis Fernández Trespalacios, por cierto, estudioso local de la marinería y de la pesca, autor del libro “Llanes y la mar”, aseguraba: “No se conoce en España ninguna compuerta igual a la nuestra, pero una vez oí decir a un alemán que hay otra muy parecida en el puerto de Hamburgo”). 
Heyn, un ingeniero de puertos, probablemente, con un apellido inequívocamente judío, acaso terminó viéndose engullido, no mucho después, en el drama del exilio, o en algo aún peor, cuando el terror nacionalsocialista se impuso en Alemania y los aires de la libertad de entreguerras quedaron borrados a latigazos. Imaginamos que en 1931 él y sus propuestas debían de gozar de cierto crédito. Fue el año, precisamente, en el que entró en escena en Llanes un contratista de Gijón, Bienvenido Alegría García, para encargarse de construir la Compuerta.
Sobre la biografía de ese gijonés, que no habría dejado indiferente a ningún novelista del género negro, el periodista asturiano exiliado en México Ovidio Gondi y el historiador Jesús Mella han arrojado luz y nos lo muestran nada menos que como un colaborador de los servicios secretos de Hitler. Hijo de Bienvenido Alegría Cuervo (fundador de la sociedad Talleres Alegría de Aboño en 1899), Bienvenido Alegría García había estudiado Peritaje industrial en Gijón, y en 1928 sacaría en Hamburgo el título de ingeniero constructor. Trabajó durante un tiempo en la ciudad hanseática, y luego regresó a su tierra natal para fundar su propia empresa de construcción.

Tras la Guerra Civil, en la que estuvo destinado en comisiones de fortificaciones del bando republicano, será cuando se manifieste la faceta oculta del personaje, en plena conflagración mundial. Gondi y Mella han dado cuenta de la relación epistolar que mantuvo Alegría a principios de la década de los 40 con un agente de la Abwehr llamado Heinz Lüning. Desde Cuba, donde estaba instalado, el espía alemán enviaba a Gijón (entre otros destinos) cartas comerciales, en apariencia, que, en realidad, contenían información sobre bases navales y movimientos de buques aliados. Alegría transcribía renglones camuflados en tinta invisible, y después lo remitía a otros agentes o a Berlín. Lüning acabó siendo descubierto por la Policía, y fue fusilado en La Habana en 1942. El contratista de la Compuerta llanisca, por su parte, continuaría la labor empresarial en Asturias, hasta su fallecimiento en 1979, a los 74 años.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 8 de junio de 2020). 


Operarios durante la construcción
de la escalera de la Compuerta, en 1933. 
Bienvenido Alegría García (1905-1979).
(Ilustración de Alberto Cimadevilla)

La Compuerta, en los años 70.


domingo, 7 de junio de 2020

CALLEJEANDO EN LLANES. HISTORIAS POR DESCUBRIR

María Ángeles Iglesias, a la puerta de su bar "A mi bola"
(antiguo "Xaréu"), en el lateral de lo que fue la
casa-palacio de Juan Pariente.
(Foto: H. del Río)

OPINIÓN                                                               

Modestia de piedra


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Es inevitable que los folletos turísticos y los catálogos y guías de monumentos olviden dar cuenta de algunos edificios y rincones íntimamente ligados a la memoria colectiva de las gentes. En Llanes, aunque obran antecedentes de más atrás (un álbum de fotografías de 1926, por ejemplo), la primera edición propagandística en toda regla se remonta al período de la Segunda República, durante el que nació la Asociación de Comerciantes e Industriales. La ACI puso en marcha iniciativas para atraer visitantes, y una de ellas fue la publicación en 1932 de un portfolio con abundantes ilustraciones, módulos de anuncios y rigurosas colaboraciones de los eruditos locales de más crédito, como Vicente Pedregal, el médico Thaliny y Fernando Carrera. En los años 60, gracias al CIT (Centro de Iniciativas Turísticas) esta tipo de publicaciones cobró un definitivo impulso. De todo ello tiene la colección más completa Guillermo Sordo, “el de la Sirena”, que en su comercio de calzados de la Plaza se muestra siempre servicial ante los turistas despistados que entran a comprar “chirucas” en los días de lluvia: para todos tiene útil información, aparatosamente transmitida con un repertorio de énfasis y gesticulaciones.

Guillermo Sordo es heredero de una época en la que los comerciantes asumían tras el mostrador el papel de guías turísticos, en la misma medida en que los folletos de ahora -tan perfectos en su diseño- han heredado, a su vez, la tendencia, arrastrada desde hace cuarenta años, a solapar testimonios pétreos del pasado. Una de las curiosidades que nunca salen en sitio alguno es el arco de medio punto, de dovelaje roído por los siglos y por la nortada, que constituye la entrada al Bar “Xareu”, en la Calle de Posada Herrera. Es la puerta lateral (única pieza original que queda) de lo que fue la casa-palacio de Juan Pariente, en la que pasó dos días en septiembre de 1517 el príncipe Carlos, que habría de ser rey y emperador.
Cerca de allí, en el número 17 de la Calle Mayor está el inmueble de “Acción Católica” (actual Escuela Municipal de Música), en el que dos o tres generaciones de llaniscos hemos vivido horas felices de nuestra infancia y juventud. Tampoco figura en los folletos, pese a ser el edificio que albergó la primera escuela pública de Llanes. Obra debida a la generosidad del clérigo Fernando Villar y Abariega, que instituyó en él una fundación con fines docentes en 1757, funcionaría hasta el curso 1928-1929, en que se inauguró la sede de las Escuelas Graduadas a espaldas del Parque de Posada Herrera (un proyecto, éste, firmado inicialmente por Juan Álvarez Mendoza, pero reformado por Leopoldo Corugedo en septiembre de 1921). Algunos de los críos más espabilados que estudiaron en el centro escolar de la calle Mayor llegarían a esguilar luego a carguinos de cierta importancia, como los de cardenal primado, diputado en las Cortes de Cádiz, ministro de Gobernación, presidente del Congreso, jefe del Gobierno de España o ministro de Hacienda. La escalera y la distribución de espacios son las que tuvo siempre, y junto a una de las ventanas el maestro Francisco Mijares escribió su “Monografía geográfico-histórica” (1902), cuando habitó el piso de arriba con su familia.
Retazos de los tiempos de “María Castaña”, como el desapercibido arco o el caserón de la vetusta escuela, aguardan todavía, en su modestia de piedra, a ser descubiertos no sólo por los turistas, sino, sobre todo, por los propios lugareños.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 1 de julio de 2003). 


El príncipe Carlos, retratado por Strigel.
(Galería Borghese, Roma).

lunes, 1 de junio de 2020

NOMBRES ASTURIANOS EN LA CARTELERA TEATRAL MADRILEÑA

Juan José Otegui, sentado, junto a José Sacristán,
en la obra "Las guerras de nuestros antepasados",
representada en el Teatro Bellas Artes.

Asturias entre bambalinas: Madrid, 1990


HIGINIO DEL RÍO

Pocas veces se ha visto el panorama teatral madrileño tan lleno de nombres de paisanos nuestros como ahora. En la enumeración de protagonistas, no se nos puede escapar, por ejemplo, el papel de Juan José Otegui en “Las guerras de nuestros antepasados”, nueva escenificación de una obra de Miguel Delibes; la compañía de Arturo Fernández sigue triunfando, mientras tanto (y lo que te rondaré, morena), con la comedia “Alta seducción”; en el veinticinco aniversario de la muerte de Alejandro Casona, es muy oportuna la reposición de “La casa de los siete balcones” en el Centro Cultural de la Villa, con Mari Carrillo como principal intérprete; Pedro Civera y Ramiro Oliveros encabezan el reparto que interviene en “La cinta dorada”; y, como remate, se acaba de estrenar en la Sala Olimpia el “Devocionario” de Etelvino Vázquez, dentro del Ciclo de Autores Españoles Actuales.


("ASTURIAS". Revista de información del Centro Asturiano de Madrid, Nº 129, Febrero 1990, pág. 15).