sábado, 25 de abril de 2026

"On parle xíriga" (artículo Nº 2, 29 agosto 2006)

 


OPINIÓN
                                                               

"On parle xíriga"



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Desde crío, Tomás Amieva Gómez (Villa, Caldueño, 1961) lleva impreso en la mollera aquel mensaje que solía verse en los bares durante los años 60 y 70: “On parle français”. “¿Qué querrá decir eso?”, se preguntaba. Cuando supo su significado (“On parle français” venía a ser una declaración de fe cosmopolita y la exaltación de un valor añadido a la castiza “grandeur” de los fogones de la España de entonces, donde se empezaban a cocinar a destajo paellas para los “guiris”) archivó la idea en algún rincón de su memoria. 

Fruto de aquello, hoy este profesional de la hostelería ha colocado en su negocio un letrero similar, que proclama su compromiso con otro género de valor añadido: la conservación y difusión de la xíriga, el argot inventado por los heroicos tejeros de Llanes. Mientras prepara platos típicos, Tomás limpia, fija y da esplendor a la xíriga. Es, salvando las distancias, continuador de la labor que hizo en Posada, a lo largo de toda su vida, el erudito chigrero Emilio Muñoz Valle, el de “Casa Alejo”. Después de haber sido camarero durante un largo tiempo en el “Hotel Miraolas”, uno de los templos de la hostelería y de la gastronomía llaniscas, el de Villa cogió en alquiler el bar “Caroni” en la calle Mayor de Llanes (que regenta su hija Andrea, la que fuera guardameta del primer equipo femenino que hubo en la historia del fútbol llanisco). Ahí está un letrero que dice “Verbéase la xíriga” (“verbear” es hablar), para que el mundo se entere.

El local -situado frente a la casa de Juan Pariente, en la que pernoctó en 1517 el príncipe Carlos, hijo de Felipe el Hermoso y Juana la Loca- tiene pedigrí. Había sido, en nuestra infancia, la tienda de ultramarinos de “las Pininas” (las hermanas Sira y América, hijas de Alejandro Ruales, el fundador del Café Pinín a finales del siglo XIX), luego fue la pescadería de Josefa, “la de Carrandi”, y más recientemente, el bar “Caroni”, fundado por Fermín Tielve (1).

Si bien nunca trabajó en la tejera ni es hijo de tejero, a Tomás, cuando tenía catorce años de edad, le introdujo en los secretos de la xíriga Fernando Meré (“el Roxín”), en El Mazucu. Aprendió tanto y con tanto fervor que hoy le tenemos “verbeando” xíriga a todas horas. En el “Miraolas”, ocasionalmente, verbeaba con Luis Díaz Gutiérrez, el dueño del hotel, y con clientes de la diáspora indiana, como Quico Morán, Pedro Morán, Benito Morán, Pancho Concha (los cuatro de Los Callejos), Atanasio García (de Naves) y Manuel Sampedro (de Los Carriles), todos ellos acostumbrados a hablar el lenguaje de los tamargos con toda normalidad en México, en Venezuela o dondequiera que sea.

El letrero llama poderosamente la atención entre propuestas rotuladas de rabas, andaricas y tablas de quesos. “¿Eso qué es lo que es? ¿La especialidad de la casa?”, preguntaba el otro día un simpático gaditano. “Pues haga usté er favó de ponernos una xíriga pa probarla, paisa, que estamos intrigaos, sabe usté”.

Tomás y su familia son gente curada de espanto y muy rodada detrás del mostrador, pero a veces notan cosas muy raras. En Semana Santa, sin ir más lejos, les dio por colocar un rótulo de pega: “Murciélagos al Cabrales”, y se sorprenderían ustedes de la cantidad de turistas que pedían ese “plato típico”, absolutamente en serio y completamente convencidos.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 29 de agosto de 2006). 









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