Su obra, siempre de buena y agradable factura, debería haber tenido, en todo caso, una mayor valoración y un más amplio reconocimiento, en general.
Uno de los lugares que frecuentaba era Llanes, durante la estación estival, y fue en la villa llanisca donde, en un momento dado, editó carpetas con una selección de reproducciones de gran calidad, a partir de las innumerables acuarelas que había hecho en distintos años. Las láminas se podían adquirir en la Basílica de Santa María, para lo cual contó con la colaboración del párroco Luis Díaz García.
Suponemos que prodigó esta práctica también en otras poblaciones españolas. El Ayuntamiento de Ayllón, Segovia, tiene entre sus bienes patrimoniales una acuarela suya ("Toros en Riaza", 24 x 24 cm.).
La última vez que tuvimos oportunidad de saludar a Vicente Antona fue en el Centro Asturiano de Madrid, en otoño de 2011, con motivo de la presentación del libro "Joaquín Ortiz, un arquitecto racionalista". Después, perdimos su pista, pero su recuerdo es imborrable.
Higinio del Río









