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viernes, 30 de diciembre de 2022

CUANDO LOS NAZIS DOMINABAN LOS CIELOS LLANISCOS

El capitán de las baterías antiaéreas de la Legión Cóndor instaladas en la Cuesta de Cue. Foto tomada el 23 de septiembre de 1937. (Archivo General Militar de Ávila)

 

CUANDO LOS NAZIS DOMINABAN LOS CIELOS LLANISCOS

 

El periodista Higinio del Río relata en el libro “Llanes ¡a volar!” la historia del aeródromo de la Cuesta de Cue, hoy campo de golf, que albergó desde los pioneros de la aviación española a los pilotos de la Legión Cóndor de Hitler.


EDUARDO LAGAR

 

Resulta inverosímil pensar que una imagen de Mickey Mouse pudiera ser el distintivo de una escuadrilla de aviones de la Luftwaffe, la aviación del III Reich. Pero así era. La 3ª escuadrilla del grupo de caza Jagdgruppe 88 de la Legión Cóndor, la misma que en la Guerra Civil bombardearía Gernika, tenía como mascota el ratón ideado por Walt Disney. En esa escuadrilla figuraba como piloto Adolf Galland, por entonces teniente primero, aunque con el tiempo llegaría a convertirse en general de la aviación nazi. En septiembre de 1937, Galland y los suyos llegaron a Asturias en auxilio de las tropas sublevadas y ocuparon el campo de aviación que existía en la Cuesta de Cue, en los terrenos que hoy se han convertido en el campo de golf municipal de Llanes. Galland tendría unas líneas de recuerdo a sus tiempos en Llanes en su autobiografía, titulada “El primero y el último”. En esas páginas manifiesta su sorpresa por las características de la pista: “Estaba situada sobre una meseta, cuya ladera norte caía abruptamente sobre las aguas profundamente azules del Cantábrico. Las tres faldas restantes poco tenían que envidiarle en lo violento del declive, de manera que aquello era como si despegáramos desde la azotea de un enorme rascacielos junto al mar. Los estrechos límites del aeródromo estaban guarnecidos por sólidos cercos de alambre tejidos para evitar posibles caídas de aviones. El conjunto era similar a una cancha de tenis de gran tamaño. Aparte de su pintoresca belleza -a un lado la amplia visión sobre el Cantábrico azul y al otro el escarpado paisaje montañoso asturiano, que se extendía hasta los Picos de Europa cubiertos de nieve-, Llanes nos ofrecía la ventaja de su proximidad al frente”.

La historia de este nazi tan sensible a las bellezas llaniscas forma parte del libro “Llanes ¡a volar!”, que acaba de presentar el periodista Higinio del Río, que durante tres décadas dirigió la Casa de Cultura del concejo llanisco. La peripecia de Galland, que sería precursor de los ataques aéreos con bombas incendiarias contra los republicanos que lucharon en la batalla del Mazucu, es solo una más de las muchas que componen este volumen profusamente ilustrado con las fotografías de todos los que, de una manera u otra, tuvieron algo que ver con ese aeródromo que resultó clave durante la Guerra Civil, primero como enlace de las autoridades de la República con la capital y luego como base de operaciones de la Legión Cóndor.

Esta obra, que trata de resaltar la importancia del concejo en la historia de la aeronáutica de Asturias durante todo el siglo XX, surge de la exitosa exposición titulada del mismo modo que Higinio del Río organizó en la Casa de Cultura de Llanes en 2017, antes de la jubilación de la que ahora disfruta. La muestra, producida por él mismo, se quedó sin catálogo y Del Río se ha decidido a hacerlo realidad. El resultado es un libro con formato álbum en tapas duras que recorre de manera cronológica la historia del aeródromo de la Cuesta, que después de la Guerra Civil mantuvo su importancia al convertirse en una de las tres escuelas de vuelo sin motor que había en España. Esta actividad se desarrolló entre 1944 y 1963.

 

Los alemanes que masacraban 

a los republicanos 

que resistían en el Mazucu 

tenían como insignia en 

  sus aeroplanos a Mickey Mouse 

 

El relato que hace Higinio del Río, profusamente documentado, nace también de una obra suya anterior, la que dedicó al arquitecto racionalista Joaquín Ortiz, autor del proyecto sobre el que sustentó la construcción del aeródromo y del hangar que se construyó, y que desapareció en 1941. Hoy aún se conserva el edificio del aeródromo.

El libro “Llanes ¡a volar!” contiene una novela potencial en cada capítulo, tales son los perfiles protagonistas de la historia de este aeródromo. Como el relato es cronológico, la figura que abre el libro es la de la primera persona que tomó tierra en la azotea de este rascacielos sobre el mar, el piloto francés Léonce Garnier. Estge antiguo comerciante de vinos residente en San Sebastián tomó tierra en la Cuesta en 1919, pero ya era conocido en Asturias. En 1911 fue la gran atracción de las fiestas de San Mateo de Oviedo, cuando los ovetenses tuvieron que pagar 2,40 pesetas por disfrutar del espectáculo con asiento y 0,50 pesetas en entrada general. Entonces era una atracción revolucionaria. El primer vuelo “sostenido por una aeronave más pesada que el aire” se había producido solo ocho años antes, el 17 de diciembre de 1903, por los hermanos Wright en Kitty Kawk, Carolina del Norte, Estados Unidos.

De todas las historias y personajes que Higinio del Río hace desfilar por “Llanes ¡a volar!”, su preferido es Benjamín Gutiérrez Junco, piloto de la República, nacido en Parres de Llanes en 1900. En 1921, se escapó para no ir al servicio militar en la guerra del Rif y en Francia aprendió el oficio de piloto y de mecánico. Allí logró su primer gran hazaña: la travesía París-Madagascar en un avión construido íntegramente por él pero pilotado por un tal Lefevre. Cuando en agosto de 1931 la II República amnistió a los que tenían delitos políticos, sociales y de imprenta de la dictadura de Primo de Rivera, Gutiérrez Junco regresó a su casa por todo lo alto. El 17 de agosto de 1931, llegó como copiloto de Pierre Desmazières a bordo de un Potez 36. Aterrizaron en la finca de Malzapatu mientras sonaban los acordes de “España cañí”.

 

(Artículo publicado a dos páginas en el suplemento “Siglo XXI” del diario LA NUEVA ESPAÑA, el domingo 27 de noviembre de 2022).










lunes, 30 de diciembre de 2019

"ECA", AVIADORA: UNA MUJER ADELANTADA A SU ÉPOCA


OPINIÓN                                                               

Alas para "Miss Golondrina"

La llanisca María de la Salud Bernaldo de Quirós y Bustillo fue, en 1928, la primera mujer aviadora de España



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Ni antes ni después de sacar el título oficial de piloto aéreo en la Escuela Civil de Getafe dejó de sentirse incomprendida María de la Salud Bernaldo de Quirós y Bustillo (1898-1983). A su aristocrática familia y al Real Aero Club de Madrid les costó digerir la afición a volar de aquella joven adelantada a su tiempo, que sería la primera mujer aviadora en España. De raigambre llanisca, hija de Rafael Bernaldo de Quirós y Mier y de Consolación Bustillo Mendoza, marqueses de los Altares, María, conocida como “Eca”, tuvo una agitada vida sentimental y dos matrimonios. El primero, con su primo Ramón Bernaldo de Quirós Argüelles, primogénito de los marqueses de Argüelles, en la capilla del Palacio de los Altares, Llanes, en 1917. Fruto de aquella unión nacieron dos hijos, una niña y un niño, que murieron a temprana edad (ella, con un año de edad, y el varón, en el embarazo) y están enterrados en el panteón familiar de Villahormes. Tras enviudar muy joven, se casaría con José Manuel Sánchez-Arjona, alcalde de Ciudad Rodrigo. Un matrimonio que naufragó.

En el mar de desigualdades sociales que era entonces la villa de Posada Herrera, la Cocina Económica, fundada en 1919 por su tía la marquesa de Argüelles, repartía en 1928 16.139 comidas. Fue un año más de “jambre”, pero para Eca vino cargado de emociones: se apuntó a los cursos de piloto (era la única mujer del grupo de aspirantes) y encontró un amor más o menos secreto, pero imperecedero, en uno de sus instructores, José Rodríguez y Díaz de Lecea, un militar que habría de ser con Franco ministro del Aire. Ya estaba separada (sería una de las mujeres más madrugadoras en acogerse a la Ley de Divorcio de la Segunda República) y volaba libre y sola a los mandos de un biplaza “De Havilland DH 60 Moth” propio.
A la alumna de Lecea la llamaban en Getafe “Miss Golondrina”. Hacía vuelos de exhibición y era portada de los periódicos.
Los llaniscos se iban familiarizando poco a poco con el auge de la aeronáutica. Una prima de Eca, María Ignacia Bernaldo de Quirós y Argüelles, se había casado con Francisco Ansaldo Vejarano, aviador y hermano de dos aviadores: José María, marido, a su vez, de Margot Soriano, la segunda mujer aviadora de España, y Juan Antonio. (En las fiestas de la Guía de 1929, gracias a gestiones de Manuel Nachón Rodríguez, cuñado del industrial Eladio Bengoa, Francisco participó con su avioneta en la procesión y echó flores sobre la imagen de la Virgen). Pilotos vocacionales empezaban a aterrizar en la Cuesta de Cue, como Benjamín Gutiérrez Junco, José Yangüas y Ricardo García Portilla. También Lecea llegaría a Cue, integrando una escuadrilla de Breguets en 1932, cuando la construcción de un aeródromo allí era ya un proyecto en marcha.
Eca, que empezó a ver palidecer su protagonismo a partir de 1930, apenas intervino en la Guerra Civil (tan solo al inicio, en tareas de enlace y reconocimiento al servicio del bando nacional). Sí tomaron parte muy activa en la contienda, en cambio, el marido y los cuñados de su prima María Ignacia. A uno de ellos, Juan Antonio Ansaldo Vejarano, le fue encomendada la misión de recoger en Portugal a Sanjurjo para incorporarle a la jefatura del Alzamiento. Era el 20 de julio de 1936. Nada más despegar de Cascais, el aparato de Ansaldo se estrelló. Sobrevivió el piloto, pero el general golpista falleció en el accidente. 

En la última etapa de su existencia, entre Llanes y Madrid, “Miss Golondrina” volvió a ser la propietaria del Palacio de los Altares. Recuperó la romería de Nuestra Señora de la Salud, en un prado camino de Pancar, y con ello contribuyó a alargar un poco más el encanto del septiembre llanisco.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 21 de diciembre de 2019).

Boda en el Palacio de Los Altares con su primo
Ramón Bernaldo de Quirós Argüelles (1917).