sábado, 25 de abril de 2026

"Primer curso de xíriga" (artículo Nº 4, 14 de marzo 2007)

 













OPINIÓN
                                                               

"Primer curso de xíriga"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Organizar un curso como este tenía sus perendengues. No había un solo precedente al que agarrarse. Ni profesores, siquiera. Pero querer es, muchas veces, poder. Lo primero era inventarse una metodología de trabajo, un guion para manejar con un mínimo de solvencia un material que tiene mucho de arqueología viva. La idea funcionó y el primer taller de xíriga (el argot de los tejeros llaniscos) ha concluido satisfactoriamente en la Casa de Cultura de Llanes. 

Con 20 alumnos inscritos (hombres y mujeres de entre 21 y 77 años de edad), la iniciativa -una experiencia que no dudamos que será imitada y continuada- tuvo un carácter divulgativo y empleó como libro de cabecera “La xíriga, el lenguaje de los tejeros de Llanes”, de Emilio Muñoz Valle (1921-1979), obra publicada hace ahora trece años en la colección “Temas Llanes”. Se habló de aspectos lingüísticos (estudiados por el propio Emilio Muñoz, chigrero, investigador y amanuense de un vocabulario de xíriga) y también sociológicos, a la luz de las reflexiones del poeta Pablo Ardisana incluidas en el mismo libro (“La emigración tejera fue un aspecto más del dominio de una clase social sobre otra; en definitiva, lucha de clases”, ha escrito el sabio Pablo). Se hicieron comentarios de texto, dictados, traducciones de coplas que había tenido expuestas Emilio Muñoz en su bar, “Casa Alejo”, de Posada; se buscaron sinónimos y metátesis silábicas y no faltaron improvisaciones sobre el encerado ni deberes para hacer en casa. Resultó contundente el testimonio de ex tejeros que tomaron parte en cuatro mesas redondas: Juan Ríos y Juan Remis (ambos de Villahormes), Tito Celorio y Pín Villar Alonso (de Vibaño los dos) y Francisco Poo Valle (“Quico, el de Rabiaos”), que entre todos acumulan al llombu 60 temporadas en tejeras de Asturias, Castilla y el País Vasco. A ellos se sumaron José Manuel Feito, eminencia del RIDEA, y Ramón Melijosa, un popular barbero que se autodefine como “zarru cuadrumeñeru y xiflu de machuriadores de la ñansona y tamargos” (“viejo peluquero descendiente de marineros y de tejeros”), y que en 1995 había recopilado y publicado por su cuenta un meritorio diccionario de xíriga.

Fue un baño de antropología descarnada, un homenaje a la memoria de aquellos pinches, maseristas, tendedores y cocedores que arrancaban a la tierra 2.000 tejas al día. Oyóse poesía de alpargata, lirismo descalzo y familiarizado con “doña María Morata y don Pedro Zorrilán” (eufemismos para referirse al azote de sol a sol de la pulga y el piojo). El tejero -ya lo dijo Muñoz Valle- sabe encajar las putadas de la vida con ironía y humor. “Allí no había colesterol”, dijo Juan Ríos en una clase. “Y los zapatos no mancaban”, saltaría Remis. Un día, repasando los nombres de las prendas de vestir, al llegar a los “grillescos” (calzoncillos), Ríos hizo una matización numantina: “De grillescos nada. ¡Allí andábamos todos a tejavana!”

Con un diploma bajo el brazo, los cursillistas salieron del aula convencidos de haber contraído una responsabilidad. Para ellos, dejar morir una jerga que forma parte del alma de Llanes sería lo último, y por eso están decididos a “machuriar de llarpiza ascode” (darle mucho a la lengua) y “verbear” (hablar) la xíriga en la cotidianidad. Su punto de encuentro es el Bar Caroni, chigre de la calle Mayor regentado por Tomás Amieva (uno de los alumnos aventajados que tuvo el histórico curso promovido por el Ayuntamiento), entre cuyas paredes soplan aires y mensajes que remiten a la epopeya tamarga.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 14 de marzo de 2007). 





No hay comentarios:

Publicar un comentario