sábado, 25 de abril de 2026

"Itinerarios de la xíriga" (artículo Nº 7, 27 de febrero 2009)

 














OPINIÓN                                                               

"Itinerarios de la xíriga"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Pragmáticos, siempre al grano, enemigos de la divagación estéril, los antiguos tejeros que aún quedan entre nosotros están hechos de otra pasta. De otro barro. “Muchas jambres y muchas moyaduras”, le resumía el otro día Juanito Remis (Debodes, Caldueñu, 1929) a Ramón Batalla en LA NUEVA ESPAÑA, al comentar las 24 temporadas que pasó en tejeras de Palencia, León y Asturias. En el III taller de xíriga (el argot de los tejeros llaniscos), que acaba de clausurarse en la Casa de Cultura de Llanes, dentro de los cursos municipales que promueve el Ayuntamiento en colaboración con Cajastur, los tejeros participantes dieron una lección de las que se quedan grabadas en la mollera: vinieron a decir que en toda comunicación que se precie, ya sea oral o escrita, la precisión del lenguaje ha de ser siempre la norma general (cosa, por cierto, en la que falla mucho la clase política española, en general). 

Cuando en los diccionarios de xíriga se echan en falta vocablos comunes y habituales (caballo o tortilla de patata, por poner dos ejemplos), en estos casos la prudencia exige jilar muy finu, y eso es, precisamente, lo que hicieron en el reciente taller Juanito Remis, Juan Ríos, Tito Celorio, Evaristo Concha y Ángel Amieva. Estos cinco tamargos, extraordinarios y carismáticos, hablan desde el magisterio que les confieren las 63 campañas en la tejera que acumulan entre los cinco, y puntualizan que un caballo es un “musendu arangue con belardas chupidas” (burru grande con orejas pequeñas), y que la tortilla española ha de traducirse como “zaramoas asuadas con gumarros de plumosa eszarapiaos” (patatas fritas con huevos de gallina batidos). Está claro.

Los talleres de xíriga en Llanes van a más de año en año. Los tejeros se ven reconocidos por lo que son y por lo que representan, y descubren con asombro que las circunstancias de su duro trabajo y las peculiaridades de su forma de hablar interesan  cada vez a más gente. La progresión del curso es evidente: en la primera edición se inscribieron 20 alumnos; en la segunda, 25; y este año, 34. Aglutina a personas de perfiles muy variados -viejos y jóvenes, hombres y mujeres- que luchan románticamente por una lengua que se resiste a morir. El más veterano militante de esta utopía puede que sea Santos de la Fuente Gómez, ex jefe de la estación de Feve, que en los años 50 tuvo la audacia de escribir en xíriga todos los avisos horarios de llegada y salida de trenes en el tablón de anuncios.

La principal novedad de este tercer taller consistió en una visita a la tejera de San Miguel, en Ardisana, propiedad de Ricardo Pesquera, para asistir a una demostración práctica. En aquel sobrecogedor templo de la intrahistoria de Llanes, bajo tejavanas y entre columnas de ladrillos con más de doscientos años de antigüedad, Tito Celorio amasó tierra mojada y enseñó a los alumnos cómo se hace una teja. Era una escena casi bíblica, y de todo ello hizo innumerables fotos José Ramón Rodríguez Trespalacios, “el de El Siglo” (unas instantáneas que, tal vez, encierran la misma intención antropológica y de documentalismo social que movió a Nicolás Muller en los años 30 a retratar a su Hungría profunda y feudal).

Quién sabe, en fin, si tejeras como la de San Miguel, que aún permanecen en pie aunque fuera de uso, podrán entrar algún día a formar parte de los itinerarios turísticos que atraen a los viajeros ilustrados, junto a otras referencias y reclamos culturales, como las cavernas prehistóricas, el casco medieval, la impronta marinera y pescadora, la arquitectura indiana o los escenarios de los rodajes cinematográficos.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 27 de febrero de 2009). 




No hay comentarios:

Publicar un comentario