martes, 30 de marzo de 2021

LLANES, EL AVIADOR BENJAMÍN GUTIÉRREZ JUNCO Y UN DOCUMENTAL ALEMÁN DESDE EL AIRE (1935)

El aviador Benjamín Gutiérrez Junco.

 


OPINIÓN                                                               


Con la UFA de Goebbels a bordo


En 1935 se hizo una de las primeras filmaciones aéreas en el oriente asturiano 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Benjamín Gutiérrez Junco, de Parres, se había convertido en prófugo cuando desoyó la orden de movilización para la guerra del Rif. Huyó a Francia, y allí se formó como mecánico y piloto de aviación. No pudo retornar a su casa familiar hasta más de diez años después. Vino volando en cuanto la Segunda República concedió una amnistía para los delitos políticos, sociales y de imprenta. Llegó a Llanes en agosto de 1931, en plenas fiestas de San Roque, en un avión pilotado por su compañero francés Desmazières, que se posaría en un improvisado campo de aterrizaje al oeste de la villa. Los dos aeronautas, recibidos como estrellas de la Universal por una comisión encabezada por el concejal Juan Antonio Pesquera, habrían de resultar aquí providenciales para el desarrollo de la aviación. 

Hicieron de taxistas aéreos, leyeron la geografía y persuadieron a las autoridades para construir un aeródromo en la cuesta de Cue. La idea fue acogida con entusiasmo y pudo hacerse realidad a corto plazo. Tres circunstancias concretas contribuirían a ello: la designación de la villa llanisca como meta de una etapa de la II Vuelta Aérea a España (1933), la revolución de octubre de 1934 (que hizo ver a los mandos militares, Franco entre ellos, las ventajas operativas del privilegiado altiplano de Cue y la posición estratégica de Llanes en la cornisa cantábrica) y, sobre todo, la Guerra Civil.     

Desmazières regresó a su país antes de que terminase el verano con un montón de fotografías de recuerdo que le había hecho Francisco Rozas Ramírez, y a Benjamín le aguardaría en su tierra una sugestiva carrera de aviador. Una de sus experiencias más curiosas la vivió cuando le encargaron llevar a bordo de su avioneta a un cameraman de la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft) para rodar una de los primeras filmaciones turísticas desde el aire en Asturias. Fue en febrero de 1935, dos años después de la llegada de Hitler al poder. Para entonces, la UFA, productora cinematográfica alemana fundada en 1917 en Babelsberg, a las afueras de Berlín, se había convertido en un poderoso instrumento propagandístico del régimen nacionalsocialista. En aquel año, Leni Riefenstahl estrenaba el documental “El triunfo de la voluntad”; Hans Sierck (Douglas Sirk) se iniciaba sobre los mismos platós de la eclosión del expresionismo, un tal doctor Hippel (al que en la película “La niña de tus ojos”, de Fernando Trueba, da vida el actor Heinz Rilling) velaba por la ortodoxia del cine nacional alemán desde una oficina instalada en la productora, y el führer acababa de visitar en enero los estudios de Babelsberg de la mano de Goebbels, convencido de que estaban ya completamente “arianizados”. Los genios judíos del Séptimo Arte (Lang y Wilder, entre otros muchos, así como decenas de guionistas, actores y compositores), artífices del prestigio adquirido por la UFA durante la República de Weimar, habían partido al exilio.

A más de dos mil kilómetros de distancia, entre tanto, el piloto de Parres y el cámara alemán, tras citarse en el vestíbulo del hotel Victoria, eran conducidos en automóvil hasta el aeródromo de Cue. El biplaza del llanisco sobrevoló playas y acantilados y, a continuación, puso rumbo a Sierra de Cuera y a los Picos de Europa. Debió de ser una película maravillosa.  

En julio del año siguiente, estallada la contienda civil, Benjamín Gutiérrez se incorporaría como voluntario a la aviación republicana. Prestó servicio en el frente Norte y en la zona de Valencia, y se perdió su rastro en la costa levantina. Una suerte idéntica a la que correría después el documental de la UFA entre los escombros de la Segunda Guerra Mundial.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 10 de marzo de 2021).


LLANES Y ALFONSO CIMINO, EL INDUSTRIAL CONSERVERO

Alfonso Cimino, a finales de los años 40. 


OPINIÓN                                                               


Patrimonio urbano y sentimentalismo


Llanes pierde uno de los últimos vestigios de su pasado conservero 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Alfonso Cimino Romeo (Trapani, Sicilia, 1893-Llanes, 1956) había llegado a la villa de Posada Herrera en 1917 para trabajar en una fábrica de salazones y conservas de pescado que había abierto un tío suyo, Giovanni Vella. En 1928, se establecería por su cuenta en las mismas instalaciones familiares, y en 1933 adquirió un terreno en San Antón y construyó una fábrica. Fue uno de los industriales italianos que se dedicaron en Llanes a la actividad conservera, como Baldassare Scola, Claudio Schezzi, Gaetano, Liborio Orlando y los hermanos Giuseppe y Antonio Cusimano. Su fábrica se cerró a finales de los años cincuenta. 

El plano del almacén de salazón de Cimino, fechado en 1933, fue obra del arquitecto municipal, Joaquín Ortiz García. Más tarde se añadiría al proyecto, en el extremo que daba a la calle Marqués de Argüelles, un edificio para la vivienda del propietario y su familia y para las oficinas de la empresa. Cada una de estas dos partes contaba con su propio portal de acceso. Morfológicamente, el anexo, que era del mismo ancho que la nave industrial, abandonaba la factura racionalista, habitual en los trabajos de Ortiz, y se ajustaba, más bien, a modelos de arquitectura tradicional. Era el último vestigio que nos quedaba en Llanes de la época más activa y próspera de la industria conservera, y acaba de ser borrado del mapa.

Ya se sabe que la legalidad urbanística no entiende de romanticismos ni de sentimentalismos. Los criterios modernos, la relectura de los espacios, las razones de salubridad y el interés público (y privado, en la mayoría de los casos) propician a menudo la desaparición de señas de identidad del paisaje urbano. Cuando el barón Haussmann, el radical reformador del París del Segundo Imperio, arrasó las callejuelas y los barrios medievales de la ciudad del Sena, ya se estaba tramitando en el Llanes de la era isabelina el derribo de la Puerta de la Villa y de la Puerta de San Nicolás. Desde entonces para acá se ha producido entre nosotros una pérdida paulatina e inmisericorde de patrimonio arquitectónico, especialmente en las décadas finales del siglo XX. En el catálogo de bajas se cuentan, entre otras construcciones, Villa Vicenta (el palacio del Coju de la Guía), la casa del “Marigordu”, la Compuerta, el sanatorio de García Gavito, las casas de Ceferino Ballesteros y de Gabriel de Teresa en la avenida de la Paz y un interesante edificio que había diseñado Fermín Coste en el muelle (junto a lo que hoy es el Bar Matute), todas las cuales sustanciaban la fisonomía inconfundible de la villa.

Las licencias para las correspondientes obras de demolición se concedieron con arreglo a la ley, pero no ocultan una aterradora falta de sensibilidad. La pérdida irreparable de aquellos bienes podría haberse evitado si se hubieran incluido en el inventario de patrimonio arquitectónico a proteger, es decir, si los gestores del municipio y los del Servicio de Patrimonio del Gobierno regional se molestaran en conocer mejor la historia local y las peculiaridades arquitectónicas de la villa.

La casa de Alfonso Cimino que se ha llevado ahora la piqueta era un triste y desvencijado testimonio del pasado, pero, al igual que una tejera, formaba parte de un profundo relato compartido. Representaba, en su caso, el vínculo con arraigados valores etnográficos del Llanes de la actividad industrial y artesanal conservera y con los años de las “bocartadas”, vividos por mujeres, jóvenes y mayores, que ganaban eventualmente un jornal en las fábricas del Barrio Bustillo descabezando bocartes para la elaboración de la anchoa. Vivencias modestas, pero esenciales, de unas cuantas generaciones de llaniscos. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 26 de febrero de 2021).


Lata de anchoas de la fábrica de Cimino.