domingo, 24 de noviembre de 2019

VIÑETAS HUMORÍSTICAS SOBRE LA XÍRIGA


"¡Buenos días, señores!"

"¡Ya está aquí el cura, compañero!"

"Echa agua al barru y tíraselo a la sotana".


Estos dibujos a modo de viñeta, firmados con el pseudónimu “Jasaisa”, forman parte de la exposición LA XÍRIGA Y LOS TEJEROS, organizada por la Casa Municipal de Cultura de Llanes. Los hizo en 1987 Santos García Peláez.
El autor, que nació en Bruselas en 1971, pertenece a una familia de tejeros de Vibaño. Su bisabuelo, Antonio Peláez Fuente, su abuelo, Ramón Peláez Quesada y su tío-abuelo Antonio Peláez Quesada trabajaron en algún momento de su vida en la tejera.

Desde el curso 2004-2005, Santos García Peláez, que se apellida igual que dos de los más grandes poetas llaniscos, Ángel de la Moría y Pepín de Pría, es profesor de Historia en el Instituto de Educación Secundaria de Guadalajara. Es hijo de Piedad (Piri) Peláez Rodríguez, también nacida en Vibaño, y de Santos García Mateos, de Oteruelo de la Vega (León). Sus progenitores habían emigrado a Bélgica en los años 60 del siglo XX y fue allí donde se conocieron.
Santos García Peláez hizo los dibujos humorísticos por encargo de su tío materno Ramón Peláez Rodríguez, que fue quien concibió la idea, los textos y las escenas. 
Ambos dibujos fueron recuperados por José Antonio Gutiérrez Bueres.



"Me están dando ganas de tomar un vaso de leche caliente de la vaca"

"¡Sí, compañero!, pero esta vaca tiene la leche en los cuernos!"
  


sábado, 9 de noviembre de 2019

LLANES Y SU COFRADÍA DE PESCADORES: MARINERÍA DE RAZA

Acuarela de Vicente Antona

Paradigmas de un oficio


He aquí un puñado de hombres representativos del alma de una tierra y de una mar. 
Tres generaciones de pescadores llaniscos. 

(Foto: Higinio del Río, 1994).

Eulogio Cue Inés (1916-1995)

UNA VIDA CON LOGÍN


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

A los ocho años, Eulogio Cue Inés (“Logio el Chulu”), hacía de lazarillo de su padre, que perdió la vista en la mar. Poco después empezó a trabajar como marinero. La primera lancha en la que embarcó fue “La Troya, en 1926. Era un chavalín de diez años.

Trabajó en “La Tienda Nueva” y de peón con su tío “el Niñu”, y más tarde repartió carbón por las casas. Le daban dos pesetas por llevar sacos de cincuenta kilos. Cuando no salían a la mar descargaba trenes. A su lado murió reventado alguno de sus compañeros. También fue sereno en el paseo de San Pedro, cuidando la fila de chalets que hizo Peláez Cebrián. 
De joven, Logio pasó alguna vez hasta tres y cuatro días sin llevarse a la boca ni un triste mendrugo de pan. Era todo pura miseria para los pescadores, que no tenían más remedio que pedir empréstitos a Ramón Miranda, a Saro y a Llerandi. Contraían deudas de hasta quince mil pesetas en los años treinta y cuarenta, y todavía deben quedar pendientes algunos pufos.
Anduvo enrolado en casi todas las lanchas de Llanes: la “Socorro número uno”, “Virgen María”, “El Orinoco”, “Virgen del Rosario”, “Rita García”, “San Pedro”, “Migarrena” y “La Castaña”, junto a tripulantes como Juanillo (Juan Toribio Goti Parás, el padre de Chucha la churrera), Tintán y Daniel “Sacafuegu”.
A los llaniscos, durante mucho tiempo, no nos era posible concebir la figura de Logio sin la de su hijo pequeño, Logín, que había nacido con una minusvalía psíquica. Siempre iban juntos y estaban incorporados plenamente al paisaje urbano más humano. Paraban mucho en el puente, en cordial plática con unos y con otros, y les gustaba sobremanera ir a ver las películas de vaqueros que echaban en el Benavente o en el Cinemar. “Logín liaba los cigarros como nadie”, dice el Chulu, y se le aguan los ojos. Por circunstancias de la vida, Logio se tuvo que quedar con él cuando el crío tenía cuatro años. A partir de ahí hizo de padre y de madre. Le lavaba y le peinaba; le enseñó a hacer aparejos, “y el probín no se cansaba nunca¿Estás cansau, Logín? ¿Quiés que lo dejemos un pocu?, le decía el Chulu a su hijo. “No; tú tira p’ alante, Eulogio”, le contestaba Logín sin levantar la vista de la faena.
Logín siempre llamó a su padre “Eulogio”, nunca papá o padre. Tan sólo el día de su muerte, postrado en la cama de un hospital y casi sin fuerzas, le susurró: “Papá, sácame de aquí”.

Logio está ahora en la residencia “Faustino Sobrino”, y se acuerda más que nunca de las palabras de Logín: “Tú tira p’alante, Eulogio”. Anda estos días algo fastidiado por culpa de una gripe que le impide cerner por la villa como él quisiera y seguir más de cerca las obras del nuevo puerto de Llanes, que él supervisa y comenta con criterios sobrados de sentido común desde el paseo de San Antón, como un general dirigiendo una batalla.  
                                                                
                                       (Extracto de un artículo publicado en EL ORIENTE DE ASTURIAS el 5 de mayo de 1995).



Tisto, a la izquierda, junto a Machi y Tin-Tán, a bordo de la "Virgen de Guía". (Foto: Archivo de H. del Río). 
                                                    
Heroísmos y tempestades

Resumen de la crónica que dediqué en 2000 a Francisco Herrero Melijosa, Tisto, publicada en tres entregas en las páginas de EL ORIENTE DE ASTURIAS

HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La zona del Muelle era un retablo digno de Sebastián Miranda, un friso con héroes de mahón, cincelados por el nordeste, y colores impregnados de olor al Riveru y a pulientas. En las mesas de mármol de “Casa Ángel”, los marineros hacían a lápiz las cuentas de las soldadas; “Petete” Sobrino (hijo de Vicente, el peluqueru), que era un gran artista, dibujaba en una mesa de al lado billetes de cien pesetas que parecían de verdad; en la barra del bar, cuando “Planché” oía a algún fulero una trola muy gorda, se quitaba la boina y se la calaba significativamente al revés, como diciendo: “¡Ésa te la fallo, amigu!”; y la simpática Elisa “la Colilla” contaba sus cosas a los que se cruzaban en su camino: “Pues cuando me dieron el alta en el Hospital y pasé por el Puente Cagalín, chacha, caí y por pocu rompo la castaña”...


Aquellos pescadores, que veíamos entrar y salir épicamente en el puerto a bordo de sus lanchas, nos parecían “mocines” de una película del “Benavente”. No había televisión (ésa era la suerte que teníamos los críos de entonces), y nos resultaba fácil componer paralelismos entre los relatos de Verne y las aventuras de los tripulantes de la “Eloina”, la “María Josefa”, la “Sisina” y todas las demás embarcaciones del gremio local. “Tisto” era uno de aquellos valientes que han vivido en propia carne la inmensidad de la mar.  
 Francisco Herrero Melijosa, “Tisto” (1924-2012), nació en La Moría, en una casa que daba al Sablín, aunque la entrada estaba por la parte del prado de Santa Ana (que luego sería propiedad de Tomás Amieva, “el de La Marina”). Tenía dos plantas, en cada una de las cuales había dos viviendas. En la de arriba habitaban la abuela materna de “Tisto”, en una puerta, y la familia Patiño, en la otra; debajo, los Ballesteros (la familia de “Picadina”) y ellos. Entre los vecinos de la barriada estaban “los Colillas” (“Mariquina”, “Manolón” y Felisa), en la casa de al lado; vivían también cerca de allí “los Saritos” (“Quiqui” y sus hermanos Perico, Ramona y Eloína), Magdalena, “la de las sillas”, y Tanis y Manolín, “el Hojalateru”. Los patios llegaban hasta la orilla de la mar (el muelle en dirección a la Barra no se haría hasta los años cuarenta). En la llamada “Casa de los Baños” vivían Antón, “el Buzu”; Pepe, “el del Centro” (también conocido como “El Choriceru”, con cuya hija se casaría el peluquero Pedro Conde, “el Patón”); Marcelo, “el Mugle”, y María, “la Xorobina”. En la cueva subterránea que hay en la “Casa de los Baños”, donde posteriormente pondría Maya un vivero de langosta, se pescaban congrios y esquilas.
La familia de “Tisto” estaba formada por sus padres, Cayetano Herrero de la Cruz, “Tin-Tán”, y Josefa Melijosa Gómez, y la hermana de ésta, Magdalena (que fue como la segunda madre). Magdalena, que estaba soltera y era chiquitina y geniuda, había limpiado a principios de siglo el “Café Universal” (hoy “Confecciones May”), en la planta baja del edificio que era entonces la sede del Casino. En los comienzos de los años treinta, era la encargada de las sillas de la iglesia, pues todavía no había bancos en el templo parroquial. Los domingos y fiestas de guardar, colocaba unas 280 sillas (los días de diario, menos), y al término de los cultos las volvía a amontonar junto a la puerta del coro. Le daban por ello cinco o seis reales. “Tisto” la ayudaba algunas veces, y “Tin-Tán” arreglaba las sillas que estaban estropeadas.
“Tisto” era de los que aguantaban mucho debajo del agua. “Tuli”, Manzano, Antonio Herrero (“Mimi”), Bruno García San Román y él hacían pruebas de resistencia en el Sablín, cuando todavía no estaba hecho allí el muelle. Mientras en el Casino se deslumbraban a sí mismos tres o cuatro docenas de galanes viscontianos, la niñez de los pobladores de La Moría, del Barriu y del Cuetu transcurría entre legañas y lumbres de carencia. Hay un testimonio que expresa la situación mejor que muchos ensayos de Sociología: a Manuel Melijosa Cuevas, el “Parru”, primo hermano de “Tisto”, le llevó una vez, de crío, su madre al médico, porque estaba muy estreñido. El galeno le examinó detenidamente, y “el Parru”, que ya empezaba a apuntar su casta, no pudo mantener la boca cerrada:
- “Mama: ¿pero cómo quier que cague si no como...?”

Desde que era un chavalucu, Tisto (que se casaría con Paquita González Sordo, con la que formó una gran familia) soñaba con una embarcación propia. La primera la tuvo en sociedad con “Machi”, en 1954. Se llamaba “Corazón de María” y costó en San Vicente de la Barquera 5.500 pesetas. Era pequeñuca, con un motor de gasolina de ocho caballos, como de juguete. La vendieron luego a Manolo Patiño y compraron a Valle la “Sisina”. En 1959, y también formando tándem con “Machi”, adquiriría en Foz la preciosa “Virgen de Guía”, que era más grande y estaba hecha a su gusto. Les acompañaban “Pitito”, un hijo de Logio “el Chulu”, “Tin-Tán” y “Garbanzu”.

(EL ORIENTE DE ASTURIAS, 5, 12 y 19 de mayo de 2000).



MACHI

Camino de los 96 años, Antonio Batalla Díaz, Machi (1919), sigue tirando millas, como si nada. Yo creo que es el único superviviente de las batallas que libraron los milicianos republicanos por el Oriente de Asturias en septiembre de 1937. Es hombre acostumbrado a las tempestades. En 1935, a los 16, se alistó en las Juventudes Socialistas Unificadas y al año siguiente marchó a la guerra, como voluntario en el batallón de El Coritu junto a otros muchos rapaces llaniscos, como el confitero de la Auseva Juan Pérez Bernot, hijo de Pedro el Sordu, que moriría en combate por la zona de Tarna.
Antes de eso llevaba tres años trabajando en la mar. Primero, con su tío Pitito en “La Milagrosa”; después en la “Virgen María”, patroneada por Paco Carrandi, el Roxu, y cuyo armador era Joselito, el marido de la Carrilana, y luego en la Menta con Gerardo Valle, que había venido de Tazones a la langosta y se casó aquí, igual que el padre de Machi. Ahí fue cuando estalló la guerra. El Escamplero, Caín (donde coincidió con Juan Pérez Bernot como compañero de armas), el Mazucu (donde cayó herido)… Perdida la contienda, a Machi le quisieron jeringar los nacionales a base de bien, pero su causa fue sobreseída y le mandaron unos años a un batallón de trabajadores.
Una vez recuperada la libertad entró a formar parte de la tripulación de la lancha “Tajuma”, propiedad de los industriales de dos de las fábricas de pescado que había aquí: Ciminio y Llerandi. Luego, en sociedad con Tisto, compraría una motoruca, y más tarde, en Foz, una lancha a estrenar, bautizada como la Virgen de Guía. Finalmente, ya en solitario, adquirió la Guapa, que había sido de uno de Ribadesella al que llamaban el Guapu.
Hijo de Ramón, el Camará, y de Esperanza Díaz Haces, es el mayor de veintidós hermanos. Vivían en el Barriu al lado de la casina de Pedro el Sordu, que sigue en pie como un monumento muy guapo y como testimonio de aquel Llanes más auténtico y más entrañable.
A Machi se le murió ya su mujer, Gloria (Yoyi) García Ruenes, magdalenuda insigne, que era hija de Garbanzu, otro marinero muy apreciado. Tiene cuatro hijos: Toño, Lolín (que fue futbolista del Real Oviedo), Gloria e Isidro; y cuatro nietos: Sergio, Constan, Ana y Antonio.
Hoy, si pudiera, Machi seguiría bogando contra el viento y sorteando riesgos, como hizo toda su vida. Eso está muy claro.
Falleció en noviembre de 2018.

(“Mis personajes favoritos” Nº 104. Publicado el 21 de febrero de 2015)

                                               

"The Family of Man": el mundo tal como es

Fotografía de Antonio Paso de la Torre
José Manuel Gutiérrez Meré


"El Belga", un famoso pescador llanisco, fotografiado para un libro que se difunde por todo el planeta


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En 1955, y a partir de una idea del fotógrafo Edward Steichen (1879-1973), famoso director de la sección de fotografía del MOMA de Nueva York, se puso en marcha el proyecto “The Family of Man”, dirigido a los usuarios de la cámara Leica de todo el planeta. Se pretendía con ello no sólo ofrecer a los aficionados a la fotografía la oportunidad de dar a conocer universalmente sus trabajos, sino también de mostrar el mundo tal como es. El resultado fue la publicación de un libro que contiene una amplia selección de las fotografías presentadas, que en su conjunto componen una impresionante galería de tipos humanos -cada uno en su ambiente- y de irrepetibles momentos cotidianos captados en los confines de todo el orbe.

Cincuenta años después se acaba de publicar, en esta misma línea, el segundo libro recopilatorio y de tirada mundial, que recoge el fruto de una convocatoria universal a la que se presentaron cientos de miles de fotos durante el período 2000-2005. Huelga decir lo difícil que debe resultar hacer una selección entre tan inabarcable cantidad de trabajos. Tengo este nuevo libro justamente ahora delante de mí y me he llevado la sorpresa de que entre las 516 fotografías que contiene se incluye una instantánea tomada en Llanes. Su autor es el madrileño Antonio Paso de la Torre, sobrino de Alfonso Paso, aquel inolvidable dramaturgo, y marido de la diseñadora Isabel González de Velandia (una destacada creadora en el medio digital). En la foto, titulada “Workings of the sea”, reconocemos inmediatamente al pescador José Manuel Gutiérrez Meré, “el Belga” (Llanes, 1933), “picando” redes en el puerto. “El Belga” es el protagonista solitario de una escenografía extremadamente plástica (más que una fotografía, parece un fresco renacentista). Se nos muestra pensativo, como una figura monástica, reconcentrado en su labor y ajeno por completo al hecho de que alguien le está disparando en silencio una Leica M6ttl.

Son curiosas las circunstancias en las que se ha fraguado esa imagen. Por un lado, el fotografiado ignora que le están fotografiando. Por otro, el fotógrafo desconoce, a su vez, que la persona que tiene en el objetivo, recortada ante una inmensa pared de nansas, aparejos, cajas, boyas y aires ocres y verduscos, es todo un personaje. Un hombre de mundo. Y uno piensa que, mientras desenredaba y desliaba cuerdas, “El Belga”, hijo de la difunta Titas, podría haber contado al fotógrafo sabrosos pasajes de su vida aventurera, muy en consonancia con la filosofía que alienta el proyecto “The Family of Man”: podría haberle hablado de su niñez, en la que aprendió a chapurrear inglés (“oquei”, “guan”, “guzbai”…) viendo películas del Oeste en el Benavente; de cuando empezó a ir a la mar, a los 9 años; de su sueldo de adolescente, con el que contribuyó a sufragar los estudios de su hermano pequeño, Tito; de sus tiempos de ciclista, cuando corrió la Vuelta a Asturias en el equipo “Cubana de Aviación” (de entonces le viene el sobrenombre de “El Belga”); de su emigración a Australia en 1961 y de las vieiras que recolectaba en la bahía de Melbourne; del rango de marinero de primera que ostentó en un ferry que hacía la travesía a Tasmania; de los barcos de carga y de pesca que tuvo allí; de aquel día en el que agarró, de una tacada, 2.000 kilos de gambas; y de cuando al regresar, en 1971, se percató de que aquí, yendo a la merluza, ganaba más perras que en Australia… Antonio Paso no pudo encontrar un modelo mejor para un libro con vocación de universalidad.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el 2 de diciembre de 2008).



 TAJUELO

José Antonio García Álvarez, “Tajuelo” (Llanes, 1933) nació en una casina de la Moría, cerca del Sablón, en un universo acoplado en un callejonuco donde también habitaban los hermanos Teto y Domingo, ejemplos de honradez y de alma limpia. El padre de Tajuelo, Juan Antonio García del Cueto, de la familia de los Buzos, era marinero y carpintero de ribera, y a la madre, Anita Álvarez, se la veía ir a Soberrón a coger arena, que luego vendía aquí en botes tomateros, a perrona cada bote.
Era, Tajuelo, el mayor de los hijos de Juan Antonio y Anita (detrás de él venían Manolo y María del Rosario, Cuca, ya fallecida, que era la esposa de Pelayo Batalla, el peluquero). No pisó la escuela, y aprendió a leer por la calle, mientras trabajaba.
Empezó a ganarse el pan de crío, con Manolo el zapatero. A los once años era limpiabotas e iba a todas las ferias de ganado y a los mercados, a Nueva, Ribadesella y donde fuera, con la caja del betún al hombro.
Luego, a la mar: con Adolfo García, el Buzu, a bordo del “Fede”; con Salero en el “San Antonio”; con Trebolín en el “Paquito”; con Estanislao en la “Eloina”; con Adolfo el Buzu otra vez, en el “Nazareno”; con Cimino en el “Carmen”; con Felipe Sordo, el de la Franca, en el “Mari Jose”; con Pepe el Carrilanu en el “San Pedro Apóstol” (una lancha con la que estuvo a punto de irse a pique cerca de Francia, cuando andaban al bocarte)…
Al Gran Sol, al bacalao, se embarcó en Guipúzcoa, y faenaba durante veintiún días en alta mar, y desde Bermeo andaban al bonito por las Canarias.
Buen compañero suyo fue Titi Camará: trabajaron juntos en Bermeo (donde descubrieron que se celebran las mismas fiestas que en Llanes), en la sierra de Perela, en la construcción con los Oves… Buenos tutes se dieron, mano a mano, descargando carbón por la villa y cargando arena en el Sablín. A Tajuelo le tocó también alguna vez ir en un camión a descargar ocle en Aguilar de Campoo.
Tuvo siempre un bote (cinco en total). El último fue el “Antón”, construido por su primo Santiago Fuentecilla, y a bordo del cual ganó dinero. Unas veces iba con Tanín como compañero, y otras con Pepe “Pistolas”, y vendían a Serafín, en Niembro, los calamares que cogían.
Ahora Tajuelo, que es fiel sanrocudo, como toda la familia de los Buzos, ya no va a la mar. Coge la caña de cuando en vez, pero hay poco que preste y no es cuestión de andar por ahí pasando frío para nada. Le quedó poca pensión, pero lleva la jubilación con muy buen ánimo y no aparenta ni en bromas los años que tiene. “Como dice el refrán, que me quiten lo bailado”, comenta.
En 2009, la Cofradía de Pescadores le nombró “Marinero Mayor”. 

(“Mis personajes favoritos” Nº 12. Publicado el 12 de mayo de 2018)



 FALO, EL DE MIMI

"Ahí veo un bote blancu
que vien por alta mar,
es el mi amigu Tajuelo,
que vien del calamar".

Inventor de poesías de tierra y salitre, tejero breve en Infiesto, luego pinche de obras con Celedonio Torre (cuando se hicieron las viviendas sociales del Barriu), luego marinero y pescador, luego alicatador de azulejos (veinte años dandole a eso) y luego chigrero. (“Y ahora, granjero”, como dice José Antonio Vía Roiz, el de “La Casona”). Pero siempre hijo y nieto de la mar. Y esposo, padre, hermano y abuelo en el Llanes de siempre.
Falo, el de Mimi (Llanes, 1940), es hijo de Domingo ("Mimi", marinero clásico) y de Aurora, de San Vicente de la Barquera, y nació en una casina que sale retratada, sobre 1880, en los paisajes urbanos portuarios que hacían fotógrafos de la categoría de Macario García y Baltasar Fernández Cue, donde está ahora la Casa del Mar.
Casado con Dolores Mijares, de San Roque del Acebal. El matrimonio tiene cinco hijos: Jose (sin acento), Ángel, Javier, Inmaculada y Aurora.
Regentaron durante once años el bar La Amistad en el Cuetu, que antes había pertenecido a Moni, hijo de Ramoneda (en 1960 y con el nombre de "La Cabaña"), a Manolo Sobero (el enterrador) y a Fabián Gutiérrez Herrero. Un establecimiento con la efervescencia de lo auténtico en el barrio más castizo: el Cuetu, que nos vio nacer.

(“Mis personajes favoritos” Nº 70. Publicado el 28 de octubre de 2014)



TINCHU

“Tinchu” (Llanes, 1941) tenía siete años cuando una tarde de agosto de 1948, entre mucha más gente, presenció cómo su padre, Antonio Díaz, “el Negro”, y otro marinero, Domingo Herrero “Mimi”, desembarcaban en la Barra el cadáver de Pedro Pérez Villa (Pedro “el Sordu”), ahogado mientras mariscaba en la Corredoria, en Buelna. (Víctor, uno de los hijos de Pedro, había resistido en la mar más de dos horas, a flote con el cuerpo sin vida de su padre, hasta que llegaron a rescatarlos). A “Tinchu” no se le olvida esa imagen, ni tampoco aquella otra vez en la que vio desde la Tijerina, siendo también todavía un crío, los esfuerzos titánicos de su padre para entrar en el puerto un día de mucha mar. Un momento dramático. No había manera de encontrar una aletía, pero de pronto apareció un barco salvador que subió a El Negro a bordo y remolcó la lancha hasta San Vicente de la Barquera.
El Negro era muy apreciado. Le llamaban así por lo morena que tenía la tez, de tanto calumbarse al sol en el muelle, de crío. Casi siempre solo, andaba a la langosta en una lancha de remos. Su mujer, Antonia, también de Llanes, era pescadera, es decir, que vendía el pescado por la calle. Antonio y Antonia fueron padres de cuatro hijos: Alfonso (“el Negrín”, otro marinero de los buenos), Maruja, José Antonio y Tere. La suegra de El Negro, María Inés, era de Llames de Pría y estaba casada con Alfonso Cue, “el Chulu”.
Tinchu nació en una casa que daba a la Callejina de las Brujas, donde sólo pegaba el sol en verano. Su padre le llamaba Tín, y de ahí vino lo de Tinchu. A la escuela fue lo justo, y por eso, años después, no tuvo más remedio que ir a clases particulares para poder sacar el título de patrón de pesca y el de mecánico naval, además del carné de conducir.
Empezó a ir a la mar en los años 50 en la lancha de su padre, y luego en el San Pedro Apóstol, que patroneaba Chus Carriles, “el Carrilanu”. Más tarde consiguieron hacerse en propiedad con una lancha a motor, que bautizaron como “La Nuestra”.
Después de la mili compró una embarcación nueva, la “Maribén”, y se empeñó hasta los ojos, así que decidió enrolarse en la Marina Mercante. Cernería cuatro años con buques españoles y alemanes, que transportaban, entre otras cosas, coches Ford que había que ir a recoger en Londres. De vuelta a Llanes, se hizo transportista, lo que simultaneó con la labor de marinero. Estuvo de chófer con Guillermo Fernández, y luego condujo un GMC, que tenía a medias con Serafín, el de Vega, hasta que pudo adquirir su propio camión. En total, treinta y tres años como transportista y cincuenta como pescador.
Casó en 1967 con Rosario Darrosa Caso, de Pendueles. El matrimonio tiene tres hijos (Rosario, Yolanda y José) y cuatro nietos (Yolanda, Noelia, José Antonio y Álvaro).

(“Mis personajes favoritos” Nº 202. Publicado el 4 de febrero de 2018)



Pedrín García Sánchez, el Dañín

 LA MAR COMO DESTINO


Con Pedro García Sánchez (Llanes, 1948), el popular marinero de raza Pedrín el Dañín, charlo algo cuando voy a la Residencia Faustino Sobrino a ver a mi hermano. Sus piernas ya no son lo que eran. Denotan vaivenes de inseguridad y necesitan el imprescindible apoyo de una cachava. Pero se le ve bien, de otra manera. Con un pitu humeando entre los dedos. Pendiente siempre de todos los que nos acercamos a la verja de la entrada.

Su padre, José García Cabanzo (al que llamaban “el Dañín”), llanisco, era un destacado miembro de la Cofradía de Pescadores. Su madre, Joaquina Sánchez Sánchez, de Vibaño, trabajaba en la SADI, la fábrica de quesos y mantecas de San Antón, y también se ganaría la vida limpiando la oficina de Correos. El matrimonio tuvo tres hijos: Marlene, Jesús, que se estableció en Las Palmas de Gran Canaria, y Pedro. Vivieron un tiempo en la planta baja de la casina de Pedro “el Sordu”, hasta que se trasladaron a una de las viviendas sociales que se construyeron durante los años 50 en el Barriu.
José García Cabanzo cuidaba la embarcación “Don Paco”, del arquitecto Francisco (Paquito) Saro Posada, hijo del que había sido seis veces alcalde don Paco Saro Bernaldo de Quirós. Solían faenar a la cacea, y Paquito le daba un jornal. Compró luego una motorina, la “Marlene”, pintada de rojo, muy apta para salir a la sardina, a calamares y a centollos, al bareque y al palangre.
En los días de la posguerra, que parecía no tener final, Pedro fue a la escuela pública y al colegio de La Arquera, y a los quince años le tocó incorporarse a la mar, para aprender el oficio al lado de su progenitor (quien poseía, primeramentre, una lancha de remo, la “Méndez”, y más tarde la motora de color encarnado que dejaría a su hijo pequeño). Con un prolongado paréntesis: la mili, que cumplió en el Ferrol, por la Marina, al igual que su hermano Chucho.
Lobo solitario como el tío Pepe (otro marinero ilustre), y muy tímido, soltero empedernido y mocero impenitente. Así fue Pedrín desde joven. Cuando vendió la lancha heredada de su padre, se enroló en la “Eloina”, con los hermanos Estanislao y Tisto Herrero Melijosa al timón, y selló de este modo su unión con la mar hasta el final de su vida activa. Pedrín siempre había descartado cualquier otra alternativa de trabajo.

(“Mis personajes favoritos” Nº 273. Publicado el 25 de noviembree de 2020)



MANOLO, EL DE TISTO

Hace unos años fue todo un espectáculo ver desde San Pedro cómo el barco de Manolo Herrero González, patroneado por él, conseguía entrar en el puerto un día de marejada invernal. Cuando le vi acercarse, a lo lejos, parecía casi imposible que pudiera llegar. El oleaje metía miedo. En las proximidades de la Barra, la embarcación se detuvo. Ahí estuvo quieta un buen rato. Imaginábamos a la tripulación aguantando el timón, esperando que llegara el momento oportuno, con nervios de aceru. Los cuatro o cinco que estábamos viéndolo desde San Pedro, no pestañeábamos. De pronto, el barco percibió la aletía que buscaba y, sin dudarlo, esprintó a toda máquina y consiguió arribar, dejando detrás, sobre la estela, una lección de cómo se han de hacer las cosas.
Ahora, ya jubilado, la brisa, el salitre y el eterno bregar acompañan a Manolo en la vueltina diaria que da por el muelle y San Antón. Siempre al borde de la mar. Es de pocas palabras, pero tiene un discurso que siempre va al grano. Marinero de raza, hijo de Francisco Herrero Melijosa (el gran Tisto) y de Paquita González Sordo, y sobrino de Estanislao Herrero Melijosa (el gran Estanislao), es el tercero de cinco hermanos: Josefa, Javier, él, Toño y Luisa Mari.
Manolo es continuador de una tradición marinera acostumbrada a capear tempestades. Nació en 1953 en La Moría. Estudió en las Escuelas Públicas y luego en el colegio de La Arquera, hasta que este centro fue cerrado. No quiso estudiar más.
Su primer trabajo fue de albañil, con Lorenzo Santamaría. Quince días. Luego entró en el obrador de Vega, y lo dejó al cabo de una semana. Después, en el garaje d’ Amor, en la calle Manuel Cue, pero tampoco aguantó mucho. Su destino estaba en la mar.
A los doce años, estuvo en la lancha “Cinco hermanos García”, con su padre, y después en la “Luisa Mari”.
En medio de eso, hubo un paréntesis que fue como una aletía: marchó a Gijón a estudiar en la Escuela Náutica, y lo sacó todo muy bien. A continuación, la mili, después de la cual retomó el trabajo de pescador en la “Playa de Abascal”, ya como patrón. Era una lancha del padre construida en Foz, Galicia, y la estrenó él.
Se puso por su cuenta y compró la “Icusieder”, de segunda mano; al cabo de cinco años, la vendió y compró la “Luna Nueva”, también de segunda mano. Finalmente se haría con el barco “El Reviru”, con el que se jubiló, y que ahora está capitaneado por su hijo Daniel.
Manolo está casado, desde 1981, con Dori Fernández, natural de Cuerres. Se casaron en la capilla de La Magdalena. El matrimonio tiene dos hijos, Carlos y Daniel, y una nieta, Sara, hija de Carlos y de Susi Peláez (de Cue, de la familia de los “Pitos”).

(“Mis personajes favoritos” Nº 9. Publicado el 7 de septiembre de 2014)



 PEPÍN EL COLILLA

Este marinero tiene a gala que le llamen Pepe “el Colilla”, y no es para menos. Por parte de madre está entroncado con Tomai “el Colilla”, uno de los nombres más recordados que figuran en la célebre carpeta “Tipos, fiestas y paisajes de Llanes I” del fotógrafo Baltasar Cue Fernández (1856-1918)
José María del Rosal Rodríguez (Llanes, 1958) es hijo de José del Rosal Parás y de María Rodríguez Celorio, los dos también de Llanes. El padre era albañil y zapatero y trabajó muchos años en un taller de reparación de calzado que había en una esquina de la calle Manuel Cue, al lado de donde estaba Pepín El Hojalateru. La madre, pescadera y empleada en la fábrica de conservas de Francisco Llerandi.
José María estudió con las monjas del Colegio de la Divina Pastora, en el que haría la Primera Comunión; luego en La Arquera, hasta que se cerró; luego en la Escuela Pública, y finalmente en el Instituto, donde estudió FP (en concreto, Mecánica y Electricidad del Automóvil).
Mili en León, y luego a la mar. Es pescador desde 1982. Empezó en las lanchas “Long John” y “Don Paco”, que patroneaba Modesto García San Román, el marido de su tía Marisol Rodríguez y perteneciente a la numerosa familia de “los Xorobines”. Los hermanos de Modesto eran o son Ramón “el Muá” (al que le pusieron ese mote porque a cada poco decía “moi”, en francés, en vez de yo, como secuela de los años que estuvo trabajando de camarero en Suiza), Nando “el Gaviotu”, Vicente (al que habían puesto, el probe, el sobrenombre de “Judas”), Fifi, Bruno, Luisa, Noni (mujer de “Jota”), Águeda, Madalena e Isabel (la viuda de Pedro Galguera, el gran “Pedrito”).
En 2002, José María adquirió una lancha, la “Virgen de Guía”, hecha de hierro, y la tuvo y la patroneó unos cuantos años, hasta que la vendió. Ahora está a punto de jubilarse. Desde hace lo menos diez años es vicepresidente de la Cofradía de Pescadores de Santa Ana.
Está casado con Esther García Fernández, nieta del fotógrafo Pepe García Arco e hija de otro fotógrafo notable, Ramón García, que trabajó mucho como profesional en el Santuario de Covadonga.
Esther y José María tienen un hijo, Jesús, que estudió en la Universidad de Oviedo Administración y Dirección de Empresas y trabaja en Cuenca, en una oficina bancaria.

(“Mis personajes favoritos” Nº 203. Publicado el 14 de febrero de 2018)



ÁNGEL BATALLA

A bordo de la "Celesta", la lancha de su tío materno "Tajuelo", empezó Ángel su trayectoria de pescador y marinero. Acumula más de cuarenta años de vida laboral en la mar, y todavía le quedan vete tú a saber cuántos más, porque está en plena forma y a esta gente les cuesta mucho jubilarse. Nacido en el Barriu en 1958, hijo de Pelayo, el peluquero, y de Rosario, que ya se nos murió. Ella de la familia de los Buzos, y Pelayo de la de los Raposos. Por la parte de la abuela paterna es familia directa del famoso Pedro Pérez Villa, Pedro "el Sordu".
Ángel fue a la escuela con don José y don Manuel como maestros. Después estudió Electricidad, aunque no lo acabó. Lo que le tiraba a él era la mar. De la "Celesta" pasó a la lancha "Antón", algo más chica, hecha por Santiago Fuentecilla y bautizada así en homenaje al padre de la su madre, Rosario.
A continuación, pasó a enrolarse en la "María Josefa", del propio Santiago Fuentecilla. Luego le hicieron a él "La playa de Puertu Chicu"; después compraron una embarcación más grande y de cubierta ("Nueva Resaca"), con la que se hundieron frente a San Vicente de la Barquera, y adquirieron a raíz de eso la "Sandra María", de 12 metros de eslora, bautizada con los nombres de sus dos hijas.
Ahora Ángel patronea una embarcación de 14 metros bautizada igual que la anterior. La compraron de segunda mano en 2010 y tenía dos años de antigüedad. Con ella salen a la pesca de bajura, a 10 o 12 millas, a coger cabracho, pixín, rodaballo, salmonetes...
En 1981 contrajo matrimonio con Olga Álvarez Melijosa. Tienen a María y a Sandra como descendencia y un nieto, Martín, hijo de Sandra.
Ángel lleva veinticuatro años como patrón mayor de la Cofradía de Pescadores "Santa Ana", heredera del Gremio de Mareantes de San Nicolás, cuya fundación se remonta al siglo XIII.

(“Mis personajes favoritos” Nº 121. Publicado el 8 de junio de 2015)
  


 MANUEL BUENAGA

Manolo, que es hincha del Barça, preside la Cofradía de Pescadores “Virgen de Guía” de Ribadesella desde 2011. Su padre era de Llanes, del Barriu, y se llamaba Manuel Buenaga Patiño. Conocido como “Patiño”, a secas, murió hace unos años. Era zapatero, y luego se convirtió, además, en vigilante y guía de la Cueva de Tito Bustillo. (Él y Aurelio Capín, un policía municipal de allí, serían los dos primeros vigilantes del gran santuario prehistórico descubierto en 1968). Se había trasladado de niño a Ribadesella con sus padres, Manuel Buenaga y Marina Patiño, que fueron para allá atraídos por la demanda de rederas, un oficio que dominaba Marina en Llanes. Se pescaba mucho al cerco y esto hacía que se necesitara gente para reparar las redes.
Patiño se casó con Teresa Palmero Fernández, que era de la parte de Sanabria, Zamora, y estaba sirviendo en Ribadesella. Tuvieron dos hijos: Manuel y Benito.
El mayor, Manolo Buenaga Palmero, nació en Zamora en 1961, adonde quiso ir la madre cuando ya estaba a punto dar a luz. Después de estudiar en el Instituto de Cangas de Onís, marchó voluntario a la mili, a la Aviación, y le destinaron al aeródromo de la Virgen del Camino (León), al sitio en el que, durante la Guerra Civil, tendría su cuartel general el alto mando de la Legión Cóndor.
Una vez licenciado, trabajó primero un poco con su padre de zapatero (tenían el taller en la Gran Vía, cerca de la Sidrería El Carretu y del Hotel Covadonga), y luego, a la mar. Entre una cosa y otra, ya tiene cotizados cerca de 40 años.
Empezó en el barco “Nuevo Ana Isabel”; luego se enroló con su tío Turi y Manuel Vallina; luego en la “Eloína” con Estanislao Herrero; luego, cumplidos los veintiséis años de edad, y en sociedad con Miguel Ángel Alonso Tirador, compraron entre los dos una embarcación que procedía de Lastres, la “Teniente Colombo”; a los tres años, haciendo el trueque con la que tenían y pagando una cantidad de dinero, adquirieron el “Hermanos Uribarri”; y en 2004, el “Uribarri” (un barco nuevo, comprado por encargo). Esta lancha, hecha en un astillero de Avilés, la patronea ahora él solo, y salen con él a la mar otros dos hombres.
Manolo está casado con la llanisca Reyes Martín Noriega, hiya de Ricardo, natural de Lomoviejo (Valladolid), y de María Josefa, de Porrúa. Contrajeron matrimonio en la Capilla de la Guía de Llanes en 1983 y son padres de Jorge, casado ya, a su vez, con Patricia Movilla, que desciende de una familia con raíces en Poo y en Villapando (Zamora). Jorge yh Patricia tienen ya una cría: Valeria. 

(“Mis personajes favoritos” Nº 77. Publicado el 8 de enero de 2019)




PEPE EL DEL MADISON
   
José Antonio Alvar González (Llanes, 1959), más conocido como Pepín “el del Madison”, acaba de superar la prueba más dura de su vida: el contagio con graves síntomas por el COVID-19, y el ingreso en el HUCA. Pero ya está en casa otra vez, gracias a Dios, con el alta médica en la mano y unas inmensas ganas de vivir y de bogar entre la Rula y la Cafetería Madison, que son los dos polos entre los que vienen transitando sus pasos de cada día desde hace  treinta y siete años.
En plena pandemia del coronavirus es cuando se echan en falta las pequeñas cosas de la vida que nos hacían felices. Aquéllo que parecía inapreciable por su bendita normalidad rutinaria, hoy se convierte en uno de los objetivos prioritarios que anhelamos recuperar. Como la reapertura de los bares: el periódico sobre la barra; la tele ronroneando al fondo; la cordialidad del barman, el trajín de la cafetera, los comentarios intrascendentes y gozosos y el saludo a parroquianos habituales… El Madison es uno de esos principalísimos objetos de deseo.

¡Qué huella más buena e imperecedera dejó en el Madison su fundador, José Alvar Iñarra, el padre de Pepín! ¡Qué clase tenía el tío! Autodidacta en la vida, en el saber ser y en el saber estar. Perfeccionista siempre, y siempre dispuesto a aprender. Era la elegante profesionalidad en persona. Había entrado a trabajar a los quince años en el bar del Muelle, el establecimiento mayestático que regentaba Agustín Guijarro Rozas, un antiguo emigrante en Cuba (donde se se había hecho amigo de Antonio Machín), que había sido vocal de la directiva del Círculo Republicano de Llanes por el Partido Radical-Socialista durante la Segunda República. Agustín era también el encargado de la Lonja del Pescado y el administrador del gremio de pescadores.  

Con el tiempu, Pepe Alvar Iñarra, ya casado con Dorina González Cuesta, de La Franca, se estableció por su cuenta en 1964 y abrió la cafetería Madison, un sitio para clientes sibaritas y turistas con vocación cosmopolita.

Era muy atrayente el nombre que puso Pepe a su establecimiento, pero la cosa no debe de extrañar si tenemos en cuenta que su padre, Ricardo Alvar, en los años 20, había probado fortuna en Nueva York, donde consiguió el empleo de ordenanza en el Madison Square Garden. Después de eso, Ricardo regresaría a Llanes y se haría armador (fue propietario de la lancha “La Milagrosa”, patroneada por Pitito Batalla).

Con esta noble genealogía de luchadores a sus espaldas, nuestro José Antonio Alvar González, Pepín “el del Madison” es otro personaje singular en la villa llanisca, como su padre y su abuelo.

Pepín, que tiene dos hermanas, Ana e Inés, y un hermano, Javier, había terminado el Bachillerato con una beca en la Universidá Laboral de Gijón, y a continuación obtuvo la diplomatura de Empresariales. Vino después la mili y el casamiento, en 1981, con María Jesús Rozas Álvarez, que es técnico superior en Radiodiagnósticu en el Hospital Grande Covián de Arriondas. El matrimonio tiene dos hijos: Ricardo y José Antonio.
En 1983 sacó por oposición la plaza de gerente de la Lonja del Pescado de Llanes, la Rula más importante de Asturias después de la de Gijón y la de Avilés. Sucedió en el cargo a Luis Fernández Trespalacios, todo un personaje local, estudioso de la historia del Llanes marinero. Pepín compagina este trabajo con su dedicación al negocio familiar (que comparte con su hermano, Javi) y es también el secretario de la cofradía de Pescadores “Santa Ana”.

(“Mis personajes favoritos” Nº 123. Publicado el 1 de mayo de 2020)


Textos y fotos: HIGINIO DEL RÍO PÉREZ