sábado, 25 de abril de 2026

"Tejeros en retirada" (artículo Nº 14, 22 de enero 2020)

 











OPINIÓN                                                               

"Tejeros en retirada"


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El calor empezaba a pegar fuerte aquel verano de 1936 en la provincia de Valladolid. En el término municipal de Villaza, a 18 kilómetros de la capital, estaban trabajando en una tejera cinco llaniscos del Valle de San Jorge y Ardisana: Antonio Cueto, Indalecio Campillo, Avelino Rodríguez, Felipe Gutiérrez y Manuel Villanueva. El viernes 17 de julio, el termómetro marcaba una temperatura de 29 grados. No habían dado abasto desde su llegada en mayo, aunque una tarde, pocos días atrás, pudieron pasear por las calles de Valladolid, embelesados ante elegantes escaparates en medio del ajetreo urbano y mirando de reojo las carteleras de cines y teatros. En la Sala Zorrilla se anunciaba la actuación de Carmen Amaya; en el Cinema Coca se proyectaba la película “La estropeada vida de Oliverio VIII”, de El Gordo y El Flaco; y en el Roxy, daban una de James Cagney (“Aquí viene la Armada”). 

El 18 de julio, inicio del Alzamiento Nacional, la ciudad castellana (que tenía 100.000 habitantes) se puso desde el principio de parte de los militares sublevados. El general Molero, comandante de la plaza, leal al Gobierno de la República, fue reducido por la fuerza en su despacho de Capitanía General. 

Villaza se tomó por falangistas y guardias civiles a las primeras de cambio. Los tejeros, decididos a intentar salir de la boca del lobo, consiguieron una autorización para trasladarse a Aguilar de Campoo y con ella pudieron alquilar un automóvil e ir, en primera instancia, a Valladolid, para que les fuera visado el salvoconducto. Solucionado el papeleo, y ya a punto de arrancar hacia Aguilar, un par de falangistas se les sumó a hacer el viaje con ellos. Imposible negarse. Igual que sardinas en lata, sin apenas “verbear” (hablar), recorrieron bastantes kilómetros hasta que los dos hombres se apearon.

En Aguilar se hallaba trabajando otro tejero del concejo de Llanes, Prudencio Vega, que el mismo día 18 fue detenido durante veinticuatro horas. Dos bandos pugnaban por hacerse con la situación, y parecía que iban a imponerse los partidarios de la causa republicana. Sin embargo, el lunes 20 de julio, cuando el puesto de la Guardia Civil se vio reforzado con números provenientes de Amusco, Herrera de Pisuerga, Alar del Rey y Fromista la balanza se inclinó del lado de los golpistas.  

Entre tanto, desde Reinosa, tres camiones con hombres armados del Frente Popular (entre los que iba, según apuntan algunos investigadores, Santiago Carrillo), habían salido en dirección a Aguilar, pero llegaron cuando ya poco tenían que hacer. La firme resistencia que opusieron la Benemérita y grupos de falangistas les obligó a retirarse. Al norte de la provincia palentina quedó una estrecha franja controlada por fuerzas dispersas del bando republicano.

Los llaniscos llegados de Valladolid, y ya en compañía de Prudencio Vega, decidieron emprender desde Aguilar una larga caminata de regreso a casa. Partieron a las diez de la noche, esquivando disparos; caminaron entre la niebla, se perdieron, retomaron el rumbo y descansaron entre brezos. Al amanecer, consiguieron contactar con las avanzadillas republicanas. Cuando llegaron a Llanes, rodeados de un gentío ansioso de conocer los detalles de su aventura, se convirtieron en los grandes protagonistas del día. El drama no había hecho más que empezar.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 22 de enero de 2020). 


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