Mostrando entradas con la etiqueta Cofradía de Pescadores de Llanes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cofradía de Pescadores de Llanes. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2021

LLANES: PARADOJAS EN EL PUERTO


El puerto interior, ahora utilizado por embarcaciones deportivas. (Foto: H. del Río).



OPINIÓN                                                               

¿Multas por sobrevivir?



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Llanes, la mar y la actividad pesquera forman un todo indisoluble. Por eso, multar ahora con 300 euros a los pescadores por haber atracado sus lanchas dentro del puerto deportivo o interior, para protegerse cuando la meteorología anunciaba un temporal, resulta, cuando menos, una paradoja difícil de cuadrar con la historia de una localidad marinera.

Las noticias más antiguas sobre la labor y la importancia de los pescadores llaniscos proceden del siglo XIII y en la abundante bibliografía local no hay cronista o historiador que obvie el unívoco carácter marinero de la villa de Ángel de la Moría.

Elviro Martínez, investigador del Real Instituto de Estudios Asturianos, resumió ese pasado de un modo pedagógico: “Los hombres de Llanes han labrado desde siempre sus aventuras por el camino de la mar. Las rutas marineras, ya en guerras, ya en expediciones de conquistas, ya en el afán profesional y duro de la pesca, fueron siempre el escenario y el medio ambiente de su vida. Llanes, por esencia, es marinero”.

Ignacio Gracia Noriega escribió que, tanto en Llanes como en Ribadesella, “los marineros constituían los más antiguos núcleos de población urbana”.

Manuel García Mijares indicó que las ordenanzas del poderoso Gremio de Mareantes de San Nicolás (precedente de la actual cofradía de Santa Ana) habían sido aprobadas por los Reyes Católicos, y que, desde entonces, puede decirse que el trabajo de los pescadores constituyó la única o principal industria local.

Cayetano Rubín de Celis afirmó que “el Gremio de San Nicolás fue el alma de Llanes; sus quiñones y diezmos de la pesca, el único recurso que soportó las cargas de concejo; y la pesca de la ballena, su mayor fuente de ingresos”.

Lorenzo Laviades, en su novela “Blas el pescador”, reflejó literariamente como nadie el ambiente, las vicisitudes, las ilusiones y las esperanzas de los marineros del lugar.

Fermín Canella hizo notar que estos hombres, “viviendo en la ribera de un mar siempre inquieto y turbulento y en costa tan frecuentemente corrida por los corsarios, se adiestraron para toda clase de peligros; y no solamente con tales prendas se dedicaron a la pesca, tan acreditada en los mercados del centro, sino que ejercieron por mucho tiempo el comercio de cabotaje”.

Vicente Pedregal Galguera dio cuenta en sus crónicas de la idiosincrasia de los llaniscos, “que, avezados a las amenazas de las olas, desafiaban las de los poderosos”, y narró las incidencias de un pleito entablado con Pedro Junco de Posada (1528-1602), inquisidor, presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Salamanca, nada más y nada menos, ganado por el Cabildo de Mareantes…

En realidad, los pescadores llevan ocho siglos ganando pulsos y escribiendo las mejores páginas de la historia de Llanes. Su peso específico está documentado más que de sobra. ¿Ganarán ahora el pulso con Puertos? ¿Se alcanzará algún día un acuerdo satisfactorio para todas las partes implicadas, algo que no ha sido posible en los siete años transcurridos desde que entró en funcionamiento el puerto deportivo? ¿Se encontrará el modo de conciliar los intereses de los propietarios de las embarcaciones de recreo con los de la cofradía, tan legítimos unos como otros?

De momento, la impresión que se nos da con las multas es, en cierto modo, la de que los pescadores estorban. O la de que se pretende penalizar su capacidad de supervivencia.  


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 20 de junio de 2019). 

jueves, 29 de octubre de 2020

LLANES, AÑOS 30: LA LANCHA DE LOS HERMANOS ALVAR


"La Milagrosa", capeando el temporal (1934)


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


Vemos en la imagen, en plena acción, a “La Milagrosa”, de los hermanos Alvar, en una foto hecha a principios de 1934 por Pepe García Arco (el sobrino del gran Cándido García) o por Francisco Rozas Ramírez (el barbero y fotógrafo). Eran tiempos de incertidumbre y de graves turbulencias sociales y políticas. Las obras de prolongación del espigón de la Barra, dirigidas por el ingeniero José María Aguirre, iban muy despacio, y en el Ayuntamiento no estaban nada contentos con el trabajo del contratista, el gijonés Antonio Sánchez, apodado “el Criminal”, quien tendría un misterioso y trágico final en plena Guerra Civil, como he revelado en mi crónica “Muertes oscuras”, publicada en El Oriente de Asturias el 12 de noviembre de 1999. 


Posiblemente, Ricardo Alvar Noriega y su hermano José, naturales de Pontevedra, habían venido a Llanes en la última década del siglo XIX para trabajar en el trazado del ferrocarril. Ricardo emigró luego a los Estados Unidos de Norteamérica, unos años antes de la Gran Depresión. Recaló en la ciudad de Nueva York, donde en seguida encontró trabajo en el organigrama de ordenanzas del nuevo Madison Square Garden, una colosal instalación deportiva, cubierta y de usos múltiples, construida en su tercera versión en pleno Manhattan e inaugurada en enero de 1925.

El sueño americano a Ricardo no duraría mucho. Se le rompió cuatro años después, cuando la economía mundial se colapsó por efecto del brutal desplome de la Bolsa, y decidió volver. (En 1963, su hijo, Pepe Alvar Iñarra, bautizaría con el sugerente y cosmopolita nombre de "Madison" la cafetería que puso en marcha en la calle Pidal).

De vuelta a Llanes, Ricardo se casó con una mozuca del Valle del Pas, Manuela Iñarra Losey, y, en sociedad con su hermano José (al que llamaban “Alvarón” por lo alto y fuerte que era) compraron una lancha de pesca de considerable eslora: “La Milagrosa”.  

En la Guerra Civil, Ricardo Alvar Noriega sería detenido por un comité local del Frente Popular, debido a su adscripción derechista. Estuvo preso y le mandaron a la zona de Villamanín (León), para realizar tareas de fortificación. Murió de tuberculosis antes de que acabara la contienda.

En los años sucesivos, sería su hermano el que se ocuparía por completo de la gestión de la lancha.  

“La Milagrosa” estaba patroneada por Pitito (Martín Batalla Bustillo), popular marinero casado con Isabel Rodríguez Pérez, sobrina de Pedro Pérez Villa (Pedro “el Sordu”), con doce o trece hombres a bordo. De aquélla (hablamos de la década de los 30), atracaban en el muelle llanisco otras dos lanchas muy similares a ella: “Don Tomás”, de la que era patrón un hermano de Pitito, Ricardo Batalla Bustillo, “Manzano”, y “Perpetuo Socorro”, de Fabián San Román, patroneada por el hijo del armador, Lucas San Román Purón (cuya esposa sería la inolvidable Lina, que abriría un comercio en la calle Mayor, esquina a Manuel Cue, dos décadas después). Las tres embarcaciones llevaban un motor “Yeregui”, fabricado en Zumaya, que andaba como la seda.  


martes, 11 de agosto de 2020

LLANES, EL ESPECTÁCULO DE LAS OBRAS DEL NUEVO PUERTO


Foto: Higinio del Río.

OPINIÓN                                                               

Obra pública y reclamo turístico


La construcción del puerto deportivo de Llanes como espectáculo de masas 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Ni Manolo Escobar en el Auditorio, ni Joaquín Sabina en el Bibio, ni la Pantoja en la Laboral… Ninguna de esas taquilleras estrellas de la canción alcanza, como espectáculo de masas, la fuerza de atracción que está teniendo la construcción del puerto deportivo de Llanes. Éste sí que es, en verdad, un reclamo turístico-cultural vigoroso (y gratuito) entre todos los que se ofrecen este año en Asturias. Una colosal obra, sin precedentes, que tiene la plástica de un decorado de Cecil B. De Mille y ante la cual lugareños y turistas se quedan impresionados con toda razón.

El puerto interior de Llanes, pese a sus reducidas dimensiones, siempre ha sido una escenografía de poderosos efectos visuales, pero ninguna mejora introducida en él había tenido la intensidad cinemascópica y estereofónica que tiene ahora. Proyectos de este género -que, por razones obvias, han de ejecutarse contando con la bonanza del tiempo estival- son un espectáculo en sí mismos y convierten al espectador en copartícipe de un hecho histórico. La antigua Lonja, por ejemplo, inaugurada en marzo de 1936, fue objeto de general admiración, del mismo modo que, cuatro años antes, lo había sido la edificación del “Borinquen” (dos ejemplos de la modernidad racionalista, debidos al inspirado arquitecto Joaquín Ortiz).
Ni los gatos pardos pierden detalle hoy en Llanes de la acción frenética de las excavadoras y camiones, en una coreografía de sonidos acompasados y movimientos rítmicos y armónicos que parece como ideada por Pina Bausch. Tan interesante como fijarse en los detalles de la obra resulta comprobar el semblante de la gente que se asoma a las barandillas. (La expectación ante la construcción de las pirámides de Egipto no debió de ser muy distinta a esto).
Entre bambalinas, en el alma de cada roca borrada por el taladro y de cada metro cúbico de arena extraído quedan muchos secretos escondidos, como la lejana presencia de Laurent Vital (el cronista que llegó en 1517, formando parte del séquito del príncipe Carlos), el recuerdo del modesto Sablín (una playa casi imperceptible, sin la prestancia de las otras playas del concejo) o las escenas rodadas por allí para la película “Porque te ví llorar”, el primer gran éxito del cine español tras la Guerra Civil. Entre todos esos secretos quizá el más sugestivo sea el de “El Criminal”, que está unido a una de las grandes reformas portuarias hechas con anterioridad: la prolongación del espigón de la Osa (la Barra) fue en los años 30 la más ambiciosa obra pública que se acometía en Llanes en el primer tercio del siglo XX, pero la guerra de 1936-1939 interrumpió los trabajos. El contratista era un gijonés, Antonio Sánchez Álvarez, apodado “el Criminal”, que vivía solitariamente a pie de obra en una casa gris levantada cerca del Sablín. A principios de 1937, el Comité del Frente Popular trataba de averiguar la procedencia de una emisora de la Quinta Columna que emitía desde la villa, y consiguió localizarla: la persona que se ponía en comunicación por radio con los nacionales y transmitía información sobre movimientos de tropas y almacenamiento de material bélico, que luego aprovechaba la aviación facciosa para sus ataques, era, presuntamente, Antonio Sánchez Álvarez. Fueron a detenerle unos milicianos a la casa gris, y el contratista, en cuanto los vio, salió corriendo en dirección al morro de la inacabada Barra, se tiró a la mar y pereció ahogado. La terminación del espigón no se produciría hasta bien entrado el año 1945.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 21 de agosto de 2010). 


Foto: H. del Río
Foto: H. del Río

lunes, 13 de abril de 2020

MUJERES DEL LLANES MARINERO


Foto de Ramón Rozas. (Años 40).

Perfiles en el Riveru

Mujeres representativas del Llanes cincelado frente a la mar: la Nena, la Chavalina, Nieves (la de Fabián), Marta (la de Picadina), la Chiqui, las damas de "La Moncloa"... Cada una de ellas ocupa un lugar destacado en la memoria del Llanes marinero, y sus nombres están unidos a la actividad relacionada con la pesca y con la Cofradía de Pescadores "Santa Ana". Ellas y sus familias tejieron experiencias comunes que las hermanan. Y que nos hermanan a los llaniscos. 



TERESA BATALLA DÍAZ (LA NENA)

La Nena pertenece al ambiente del Barriu, un universo llanisco del que era parte también la familia del matrimonio formado por Pedro Pérez Villa (Pedro el Sordu), uno de los personajes populares esenciales del Llanes del siglo XX, y Aurora Bernot García.
La Nena nació en 1929, hija de Ramón Batalla Bustillo (“Camará”), de Llanes, y de Esperanza Díaz Haces, de Onís. Camará y Esperanza tuvieron 22 jiyos. Él era marinero y de joven había estado una temporada en México, donde se le pegó el acento. “Ahorita mismo, mis camaradas”, decía, y por eso le pusieron lo de Camará.
Esperanza vino al concejo llanisco (a Balmori, concretamente) a los 17 años.
La Nena está en nuestro recuerdo siempre vendiendo pescado por las calles, que era lo que más le gustaba. Empezó esta labor con su madre a los 12 años, nada más salir de la escuela de doña Florinda, y lo andaba todo: Poo, Cue, Andrín, San Roque del Acebal, Balmori, Posada, Vibaño, Los Callejos y muchos más sitios. Una vez llegó hasta Onís. Ese día iba con ella de compañera la madre de las Serronas. Un camión de la SADI las llevó hasta Meré, y de Meré hasta Onís fueron ellas andando con su carga de pescado fresco. El regreso lo tuvieron que hacer a pie, y llegaron a casa a las tantas, ya de madrugada.
La compañera habitual en estos trajines de pescadera era su prima Isabel, la Chavalina. En la época de la “jambre”.
La Nena hizo más trabajos. Trabajó en las fábricas de conservas que tenía Llanes (funcionaban hasta 5 o 7 fábricas al mismo tiempo) y andaba a jornales, fregando por las casas. También estuvo cuatro años en la Escuela de Vuelo sin Motor, de limpiadora y de camarera, para dar las comidas y cenas al personal de la base. Allí conoció a un madrileño alto y ceremonioso que estaba haciendo las Milicias Universitarias y que era hijo natural del Rey Alfonso XIII.
En 1952 la Nena se casó con Alfonso (Fonso) García Ruenes y, después de la boda, todavía siguió vendiendo pescáu durante un tiempo. Ella y su marido fueron de los primeros que empezaron a coger ocle. Llevan inseparablemente unidos 63 años.

Fonso nació en la calle Mayor en 1931. Hijo de Manuel García González, de San Vicente de la Barquera,y de Tina (Clementina) Ruenes Felgueres, de Niembro. Al padre, marinero, le llamaban “Garbanzu”, porque de crio dicen que era algo roín (“Mira, paez un garbancín”, comentaba la gente). Era muy “madalenudu” porque había llegado con su familia a Llanes precisamente el día de la fiesta de la Magdalena. Era maquinista de barcos y estuvo enrolado en el “Villa de Llanes”.
La madre vino a la villa a servir; primero, en casa de los Romano, en la calle Manuel Cue (la calle del Llegar) y luego en la de Cosme Sordo, el padre de Emilio, el Turcu.
A Fonso, que era buen estudiante, le sacaron de La Arquera a los trece años y le pusieron a trabajar en la mar, pero se mareaba, el hombre, y tuvo que dejarlo. Luego trabajó en Telégrafos e intentó sacar una oposición en la Caja de Ahorros de Asturias, pero la sacó uno que tenía más recomendación. También trabajó en el Casino, en la cantina, y luego volvió a la mar, a bordo del “San Pedro Apóstol”, echando mano de pastillucas de biodramina para no marearse.

En unos ejercicios espirituales tuvo la suerte de dar con una persona muy buena: la mujer de Rufino Martínez Mouton, el distribuidor de la Campsa en Asturias. Gracias a aquella señora, a Fonso le surgió la oportunidad de trabajar en la empresa de don Rufino en Gijón, donde se establecería con la Nena. Repartió bombonas de butano por las casas, que nunca tenían ascensor, y sacó a la primera el carné de conducir de Primera. Llevó un camión Dodge de la Segunda Guerra Mundial, y luego un trailer, hasta que le pusieron de encargado en un garaje con piso para vivienda. Fonso y la Nena estuvieron treinta y dos años en la villa del Piles. Tienen seis hijos: María Teresa, María Jesús, Alfonso, Dolores, Enrique y Magdalena.

(“Mis personajes favoritos” Nº 89. Publicado el 1 de enero de 2015)



 ISABEL BATALLA GÓMEZ (LA CHAVALINA)

Isabel Batalla Gómez nació en 1931. Su madre, Rosario Gómez García, era de Meré, trabajó en la fábrica de quesos y mantecas SADI (la industria más importante que existió en Llanes) y fue pescadera. El padre, Ángel Batalla Bustillo, fue pescador y barrendero. Por parte del padre, Isabel es nieta de Manuel Batalla, el Raposu, que había venido desde Tazones a Llanes a la langosta sobre mil novecientos y pico. El Raposu, a su vez, era yerno de la tía Ángela, una de las legendarias parteras que hubo aquí en la primera mitad del siglo XX (otras recordadas parteras fueron Restituta, madre de Cagigas, el peluquero, y suegra de Manzano, el que fuera comisario político del Frente Popular en la guerra cainita de 1936, y Aurora Bernot, la mujer de Pedro Pérez Villa, el Sordu).
El padre de Isabel tuvo cinco hermanos: Pitito (casado con Isabel, sobrina de Pedro el Sordu), Ramón, el Camará (esposo de Esperanza, matrimonio que tuvo veintidós hijos), el citado Manzano (Ricardo), que se exiliaría en México, Silvestre, que fue futbolista, portero del CD Llanes, y Nati, la Raposa.
En la escuela pública, a la Chavalina le tocó de maestra doña Florinda, pero también iba a la escuelina particular de doña Soledad, en el Cuetu, que regalaba a los críos castañas y los enseñaba a contar con una tabla de aquellas que tenían barras y bolas para moverlas para un lado o para otro. Empezó a trabajar a los trece años en la fábrica de conservas de pescado de Llerandi, y se casaría luego con el pescador Ramón Batalla Díaz, primogénito del Camará. Ramón salía a la mar en lanchas como “la Menta” y “la Virgen del Rosario” y acabaría siendo propietario de una barquilla.

De aquel mundo femenino vinculado al trabajo duro, a la honradez intachable y a la lucha valiente por la supervivencia, es un buen ejemplo la Chavalina. Vendió pescado por las calles, anduvo a la angula y fue a la mar con su marido, a echar la xuglera. Tuvieron tres hijos: Mariguí, que está por Suiza, Ramón, fallecido muy joven, y Mari Carmen.

(“Mis personajes favoritos” Nº 103. Publicado el 19 de febrero de 2015)



 NIEVES GUTIÉRREZ PLATAS (LA DE FABIÁN)

De la Guerra, Nieves conserva bien grabadas dos cosas: el obús que lanzó el buque Cervera y que cayó muy cerca, cuando ella, con diez años cumplidos, estaba sola cuidando vacas por el monte; y el avión alemán que se estrelló cerca de su casa en plena Segunda Guerra Mundial (dice que era ya muy tarde y que estaban ya acostados cuando oyeron el motor del aparato; luego la explosión, notaron un resplandor muy grande y, finalmente, el silencio profundo de la noche. También se acuerda de que los cadáveres de los tripulantes del avión fueron depositados en una capilla cercana, en Santo Toribio). 
Hija de Rogelio y de Romana, gente dedicada a la labranza en la parroquia de Posada, Nieves nació en 1926 en una casuca en el Picu, en Turanzas, más o menos donde nacería más tarde el potentado astur-mexicano Juan Antonio Pérez Simón. 
Se casó a los 19 años con Fabián Gutiérrez Herrero, en 1945, y ese mismo año vino con su marido a la villa de Llanes. Aquí trabajó en las fábricas de conservas de pescado de Alfonso Cimino y de Antonio Maya Conde. Fabián, mientras tanto, a la mar. 
Luego abrirían el Bar La Amistad, en el Cuetu. 
Tuvieron cinco hijos: Ramona (Moni), Rafael (que anda por Aranda de Duero), Juanjo, Mari Nieves y Fabián. Y nueve nietos. Y siete bisnietos. 
Vive en el Barriu desde hace más de cincuenta años. Todos los días trajina en las tareas domésticas, se prepara la comida, come tranquilina y luego va a casa de su hija Moni a pasar la noche. Un día y otro lo mismo, en paz consigo misma y con el mundo. 
Fabián se le murió en 2009, a los 87. 

(“Mis personajes favoritos” Nº 113. Publicado el 23 de abril de 2015)



MARTA GUTIÉRREZ HERRERO (LA DE PICADINA)

Remigio Agustín Ballesteros García, "Picadina", y Marta Gutiérrez Herrero (Llanes, 1931) eran vecinos en la Moría. Se habían conocido cuando ella tenía dieciséis abriles, y se casaron dos años después. Tuvieron seis hijos: Tino, Martita, Gelines (ya fallecida, al igual que su marido, Mario Sousa), María Jesús, Quico y Manolo. 
Hija de Daniel, un marinero de San Vicente de la Barquera, y de Fernanda, llanisca que cosía redes, Marta había ido a la escuela con doña Florinda, buena maestra, sin duda, pero amiga de dar leña con una vara por menos de una perrina. Después de la escuela, vino la posguerra con su miseria de luto y de hambre. Iban al "buscu", a ver si encontraban alguna panoja o alguna alubia, y también a castañas y manzanas por los pueblos del contorno. Aún conserva Marta la cartilla de racionamiento, que cuánto tendría que decir hoy, si hablara.  
Daniel y Fernanda formaron una familia numerosa. Sus hijos eran Fernando, Fabián, Teresa, Fael, Filo, Ricardo, Marta, Daniel (que murió cuando apenas tenía tres años) Geles y Maruja. 
A Marta le tocó servir y cuidar de una niña a la que estaba criando doña Teresa Posada, conocida como "la Escopeta" (no sabemos a cuento de qué venía este sobrenombre) y cuñada de Juan Antonio Saro, el médico. 
De casada, Marta trabajó en la fábrica de conservas de pescado que tenía Antonio Maya, primero en el Sablín, y luego en una nave que estaba pegada a la casa de Pedro el Sordu, en el Barrio Bustillo. 
Picadina, que murió en 1984, era carpintero e hijo del carpintero Luis Ballesteros, que tenía la carpintería en el bajo de la casa de piedra de la plaza de Santa Ana (la que albergaría el Juzgado en los años de nuestra niñez), al lado de la capilla. Allí mismo la tuvo después también Picadina. 
A sus 84 años, Marta está hecha una moza. Tiene once nietos: Sandra y Bruno (de Tino), Graciela e Ingrid (de Martita), Irene (de Gelines), Patricia y Cristina (de María Jesús), Pablo y Agustín (de Quico), y Manuel y Joel (de Manolo). Y siete bisnietos, de momento. 

(“Mis personajes favoritos” Nº 124. Publicado el 26 de junio de 2015)



ADELA BATALLA DÍAZ (LA CHIQUI)

Adela Manuela Batalla Díaz, "la Chiqui" (Llanes, 1930), tenía catorce años cuando se enamoró de Miguel. Estaba sirviendo, de aquélla, en casa del matrimonio formado por María Luisa Llerandi y Félix Martínez Marco, el veterinario, en el edificio de Victorero, junto al Paseo, y por las tardes iba a planchar a un palacete cercano (que luego sería convertido en el Hostal Del Río), residencia entonces de los padres de María Luisa Llerandi. En ese sitio tendría lugar en 1944 un tiroteo, cuando unos "emboscaos" asaltaron de noche el domicilio de los Llerandi. Fue un suceso terrible, como consecuencia del cual resultó abatido sobre la acera uno de los asaltantes. La Chiqui no llegó a verlo, porque cuando ocurrió todo hacía una hora que ya se había marchado a su casa. 
Sus padres, Ramón Batalla Bustillo ("Camará") y Esperanza Díaz Haces, que tuvieron una prole de 22 hijos, vivían en una de las casinas del Barriu, en derredor de lo que había sido el antiguo cuartel de la Guardia Civil (inaugurado en 1877 sobre un terreno de la marquesa de Argüelles). 
La Chiqui, que desde muy joven había servido en varias casas y trabajado en las fábricas de conservas de pescado, descabezando bocartes, tendría en los Carnavales de Llanesun curioso papel de liderazgo social. En el régimen de Franco, la fiesta del Antroxu estaba prohibida, pero ella la celebraba siempre, a puro chaleco, sin faltar ni un año. Como una heroína menuda, pero irreductible, y en compañía de gente valiente y alegre como ella (como Pacina, o los hermanos "Pescuezu", o Ángel "el Mascotu", entre otros), la Chiqui se disfrazaba y armaba la jarana por las callejuelas del Cuetu, seguida por Pacina y decenas de personas. Al atardecer, en medio de las sombras, los críos sentíamos la excitación de lo prohibido, formando parte del grupo. De repente, alguien daba una voz de alarma: "¡Que vienen los municipales!", y nos escapábamos a todo meter por el puente Cagalín.  
Su marido, Miguel Pérez Cosío, nació en 1931 en Madrid, donde estaba trabajando de sirvienta su madre, Salvadora Pérez Cosío (natural de La Borbolla y prima, por cierto, de Maruja García, la madre del inolvidable Cosmín, el de "Los Panchiches". Siendo un rapaz, se empleó en el glamuroso Cine Benavente, como ayudante, en la cabina de proyección, de Manolo, el marido de "la Chata" (la de la Pensión Iberia). Después se colocó en la fábrica de alpargatas de López, en San Antón; y más tarde, de repartidor en la Tienda Nueva. Finalmente, entraría a trabajar en el Cinemar, al tiempo que compraba un camionuco, con el que repartía mercancía de Antonio Miguel ("el Peináu", que entonces llevaba en Llanes la representación de "Piensos Sanders") y de Garci, hasta que se convirtió en el encargado general del Cinemar, donde desempeñaría labores de portero, de taquillero y de lo que hiciera falta.   
Cuando se casó con la Chiqui, Miguel todavía no había hecho el servicio militar. Tenían ellos 18 y 19 años, respectivamente, y fruto de su matrimonio nacieron nueve hijos: Miguel Ángel, Ramón ("Paputina", ya fallecido), Javier, Cristina, Agustín (que murió de muy crío), Jacqueline, María Luisa, Isabel y María Eugenia. 
En 1974, Miguel y la Chiqui pusieron un quiosco de prensa en las Barqueras, y por allí pasarían, a lo largo de casi cuatro décadas, todos sus hijos, que empezaron a aprender allí a ganarse el pan con el sudor de su frente. 

(“Mis personajes favoritos” Nº 180. Publicado el 22 de noviembre de 2016)



LAS DAMAS DE "LA MONCLOA"
En la calle Mayor, esquina a la plazoleta del ingeniero Garelli, se formaba en los años 80 y 90 del siglo pasado una tertulia -bautizada como "La Moncloa"- en la que participaban mujeres de mucho remango (antiguas pescaderas, la mayoría, que vivían a escasos metros de allí).
Las veíamos inmutables al paso del tiempo. Eternas. Muy cercanas a nosotros y a nuestras circunstancias. Daba gusto saludarlas cada día. Aquellas dicharacheras damas de luto, sacrificadas, valientes, eran supervivientes del oleaje de la vida. De los golpes de la vida. Honestas y rebelludas. Fuertes como robles. Fuentes de sabiduría. Coñonas. Conocedoras del percal. Sin pelos en la lengua. Formaban parte del alma del Llanes de siempre.
Cada una era un libro. Un testimonio de historia viva y sin medias tintas.
Ahí las tenemos a las ocho, ya jubiladas, en su punto de reunión en la solana, en su cuartel de invierno, fotografiadas en 1995 por Ruth Brendel, la esposa de José Luis Mijares Gavito, uno de los máximos valores del llanisquismo: de izquierda a derecha, Amalia Amunárriz, María Quiroga Asueta, Angelina Gutiérrez Martínez, María Sotres González, Rosario Puertas de la Vega, Justa García González, Delifa Berdial Haces y Josefa Sierra Pis.

(“Mis personajes favoritos” Nº 274. Publicado el 28 de noviembre de 2020)

Textos y fotos: HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

viernes, 17 de enero de 2020

LLANES, COFRADÍA DE PESCADORES: UN DÍA CUALQUIERA

José Rubio Sancio, el inolvidable "Gasógeno".

UNA VISIÓN DE LA FOTOPERIODISTA MERCEDES MENÉNDEZ:
"Rulando por la pesca de Llanes"



Higinio del Río

En 2016 estuvo abierta en la planta baja de la Casa Municipal de Cultura de la villa llanisca una exposición de la fotoperiodista Mercedes Menéndez.

El escenario que escogió la autora para sus fotos fue el de la Cofradía de Pescadores “Santa Ana” de Llanes en un día cualquiera. Ya había realizado anteriormente un trabajo similar sobre la actividad de la pesca en Tenerife, y en esta ocasión se proponía "oler a mar, a mojado, a la frescura que emana de un barco que se echa a la mar con las redes, a esos pescadores que salpican su vida rodeados de gaviotas y que enfrentan el peligro cada día”. La muestra se tituló "Rulando por la pesca de Llanes".

Mercedes Menéndez ha recibido numerosos premios como fotoperiodista freelance. Entre otros, el tercer premio del concurso fotográfico de la Semana Negra en Gijón (2004), el premio a la mejor fotografía en el concurso “Nuevas Tecnologías”, convocado por el Gobierno del Principado de Asturias (2006), el primer premio del Concurso del Sueve “Josefina Pis”, en Colunga (en las ediciones de 2006 y 2007), el primer premio del concurso fotográfico “Oficios del mundo”, convocado por la Alianza Francesa de Oviedo (2013) y el premio del público en el concurso “Filmo” Laboral Centro de Arte del Festival de Cine de Gijón (2014).
La colección en blanco y negro que presentó en la Casa de Cultura de Llanes constaba de 44 fotografías.













































Mercedes Menéndez