sábado, 22 de agosto de 2020

FERNANDO DELGADO: IMPRONTA DE UN FERRETERO ASTURIANO EN EL COLECCIONISMO NUMISMÁTICO


El edificio de "Las 7 puertas", a la entrada de
la calle Mayor de Llanes (1892). 
                           
                           
José Antonio Requejo (de "Numismática Requejo" de Gijón) conserva una moneda mandada acuñar por el comerciante llanisco en honor de Alfonso XIII



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En 1900, Fernando Delgado (fundador en Llanes de una acreditada dinastía de comerciantes) había entrado como dependiente en el negocio de hierros, ferretería y saneamiento abierto aquel año por Luciano Rodríguez Pérez Sobrado (padre de Ramón Sobrado) en la calle Nueva. El comercio estaba constituido por un conjunto de tres locales, en los números 6, 10 y 16 (dos almacenes y la tienda, propiamente dicha) de la calle que sería rebautizada como Gutiérrez de la Gándara. 


Años después, Delgado, que tenía como compañero de trabajo a  Manuel Caldevilla, cuñado de Luciano, se establecería por cuenta propia. Lo haría en la década de los 20, alquilando lo que había sido el establecimiento de comestibles “Las 7 puertas”, en la planta baja de un espléndido edificio levantado en 1892 a la entrada de la calle Mayor. Justo al lado de donde había estado la “Puerta de Villa”.
En 1931, Fernando Delgado formó parte, desde el primer momento, de la Asociación de Comerciantes y Servicios (ACI), una institución que representó un motor económico local, con innovadoras ideas de promoción turística durante el período republicano. 
Hoy, la Ferretería Delgado continúa abierta, si bien con otro formato, dedicada a artículos de regalo y de decoración y regentada por Fernando Delgado Caldevilla, nieto del fundador. 

De la trayectoria comercial de Fernando Delgado hemos descubierto un revelador detalle que ignorábamos. Ayer mismo, y gracias a José Antonio Requejo, dueño del establecimiento “Numismática & Coleccionismo Requejo” de Gijón (en la calle Alfonso I, número 14), nos hemos enterado de que el antiguo empleado de Luciano Rodríguez Pérez Sobrado tuvo una iniciativa personal muy singular, que no se le había ocurrido a ningún otro de los comerciantes e industrales del Llanes de su época, y que le incorpora al mundo del coleccionismo: acuñar una moneda dedicada al Rey Alfonso XIII. No consta en ella el año en el que fue acuñada, aunque suponemos que vio la luz a finales de los años 20. 
   
(Llanes, sábado 22 de agosto de 2020). 





lunes, 17 de agosto de 2020

LLANISCOS EN NUEVA YORK


El sastre Aurelio Ruisánchez, en 1915. (Archivo de H. del Río). 

OPINIÓN                                                               

NYC



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Aurelio Ruisánchez Sánchez (Pría, 1885-Llanes 1967) había emigrado a Cuba de muy joven, apenas cumplidos los dieciséis años. En La Habana trabajó como dependiente en los almacenes “El Encanto”, donde también estaban empleados para la misma función Pepín Fernández y Ramón Areces (fundadores, después, de Galería Preciados y El Corte Inglés, respectivamente). Fiel estereotipo del hombre que se hace a sí mismo, tan del gusto americano y hollywoodiense, sacaba tiempo del propio tiempo y estudiaba inglés con los Jesuitas en clases nocturnas. Luego se estableció por cuenta propia en Sagua la Grande, y en 1920, él y su hermano Ramón (que trabajaba entonces en una exclusiva camisería en la Gran Manzana, propiedad de la familia judía Kayzer) se convertirían en los primeros y únicos alumnos llaniscos de la Mitchell Academy de Nueva York, donde obtuvieron el título de cortadores, tras realizar dos cursos de dos meses cada uno. 

Eso era ya mucho bagaje -era casi tanto como doctorarse en Harvard- y en 1934, Aurelio decidió regresar y abrir en Llanes una tienda de confección que mantuvo abierta su hijo Julio hasta hace dos años junto al café Pinín. Era el primer llanisco que se había hecho sastre en Nueva York y dejaba tras de sí la Gran Depresión del 29, los combates de Jack Dempsey y una curiosa multa que le pusieron por quitarse la chaqueta en plena Quinta Avenida (un afrenta imperdonable al cándido puritanismo yanqui de la época).
Años después, el pintor Antonio Peláez (Llanes, 1921-México 1994) decidió sumergirse por un tiempo en New York City por una buena razón: estar cerca de la inalcanzable Greta Garbo. Se instaló en un piso de la Primera Avenida y tuvo también, aunque en otro sentido, mucha tela que cortar. Apuró Peláez noches de glamour y farándula (llegaría a cenar en casa del escritor Truman Capote y a codearse con celebridades), mientras se concretaba en su obra el tránsito a la abstracción. Octavio Paz, que fue su amigo, escribió en 1973 que la pintura de Peláez “es la venganza del niño que ha tenido que pasar horas y horas de cara a la pared. El muro del castigo se volvió cuadro y el cuadro se volvió espacio interior: lugar de revelación no del mundo que nos rodea sino de los mundos que llevamos dentro”.

El que no había estado nunca en la ciudad de los rascacielos fue Pepín Alvar Iñarra (1932-2005), lo que no quita para que su destino y su ejemplo compartan algo del sueño americano y cosmopolita de Ruisánchez y de Peláez. Si hay hoy en Llanes un monumento a Nueva York digno de destacarse ése es, desde luego, la cafetería Madison. Abierto por Pepín en 1964 en la calle Pidal, ese establecimiento hostelero lleva casi medio siglo familiarizándonos con la estética de la gran metrópoli neoyorquina. Era el camarero más profesional y exquisito que había dado Llanes desde la época de Rosalía “la Chanrusca” (una célebre pobladora de la posguerra llanisca), y el nuevo negocio significaba para Pepín la emancipación,  tras diecisiete años de trabajo (1946-1963) en el bar del Muelle. Tanto el Madison como las pinturas de Peláez eran y son espacios interiores y lugares de revelación de los mundos que llevaban dentro sus creadores. Nada tenía que envidiar Pepín Alvar a los “barmen” que salen en los musicales de Gene Kelly: hacía “gin-fish”, “manhattan”, “margaritas” y “vermouths” levemente salpicados de angostura, y agitaba la coctelera como si le sonara en los oídos la música de Gershwin. Lo que nadie sabía era que la idea de bautizar la cafetería de aquel modo significaba, simplemente, el homenaje a su padre, Ricardo Alvar Noriega, que en los años 20 había sido conserje del mítico Madison Square Garden en NYC.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 12 de febrero de 2008). 

viernes, 14 de agosto de 2020

TONY SOBERÓN, UN LLANISCO CAMPEÓN DE TANGO EN ARGENTINA

Tony y Mercedes, en el Casino de Llanes, 1999. (Foto: H. del Río).

OPINIÓN                                                               

Tangos y viva la Pepa



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


José Antonio Soberón del Río, llanisco nacido en El Cuetu en 1928, emigró de joven a la Argentina. Fue un modesto emigrante, alejado del paradigma del indiano rico. Él y su esposa, Mercedes Bustos Soria, formaron una singular pareja de baile. Frecuentaban en sus ratos libres animados centros culturales de barrio y llegaron a ser campeones de tango en Buenos Aires. Siempre rigurosos en sus movimientos, con el rictus de verdaderos profesionales, ganaban alguna perra extra bailando en muchos actos sociales, aquí y allí. En una ocasión, fueron contratados para actuar ante la tripulación del buque escuela “Juan Sebastián Elcano”.
En febrero de 1999, el matrimonio hizo una visita a Llanes. Pasaron aquí unos días en medio de profundas emociones. Desde su partida a América, cincuenta y tres años atrás, Tony Soberón no había vuelto a pisar su tierra. El riveru, el Cuetu, San Antón, el puente Cagalín, San Pedro, la Guía…
El alcalde, Manuel Esteban Miguel Amieva, preparó para ellos en el Casino un homenaje del Consistorio llanisco. Tony y Mercedes estaban como dos adolescentes. Después del protocolo oficial, y para agradecer el detalle que se tenía con ellos, quisieron ofrecer al público un recital de baile: metieron una cinta en un radiocassette y se marcaron como peonzas una docena de piezas, entre ellas “La Comparsita”, de Juan d’Arienzo.

- “¿Cómo fue su vida de emigrante?”, le había preguntado por la mañana un periodista a Tony Soberón, en el transcurso de una rueda de prensa convocada en el Ayuntamiento.
- “Vos sabés... ¡Yo no fui a la Argentina a jugar tenis!”, respondió él, con la mirada cansada y algo descolorida, con el alma ya de vuelta de muchas cosas. De muchos tangos.

(De un artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 19 de junio de 2007). 


martes, 11 de agosto de 2020

LLANES, EL ESPECTÁCULO DE LAS OBRAS DEL NUEVO PUERTO


Foto: Higinio del Río.

OPINIÓN                                                               

Obra pública y reclamo turístico


La construcción del puerto deportivo de Llanes como espectáculo de masas 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Ni Manolo Escobar en el Auditorio, ni Joaquín Sabina en el Bibio, ni la Pantoja en la Laboral… Ninguna de esas taquilleras estrellas de la canción alcanza, como espectáculo de masas, la fuerza de atracción que está teniendo la construcción del puerto deportivo de Llanes. Éste sí que es, en verdad, un reclamo turístico-cultural vigoroso (y gratuito) entre todos los que se ofrecen este año en Asturias. Una colosal obra, sin precedentes, que tiene la plástica de un decorado de Cecil B. De Mille y ante la cual lugareños y turistas se quedan impresionados con toda razón.

El puerto interior de Llanes, pese a sus reducidas dimensiones, siempre ha sido una escenografía de poderosos efectos visuales, pero ninguna mejora introducida en él había tenido la intensidad cinemascópica y estereofónica que tiene ahora. Proyectos de este género -que, por razones obvias, han de ejecutarse contando con la bonanza del tiempo estival- son un espectáculo en sí mismos y convierten al espectador en copartícipe de un hecho histórico. La antigua Lonja, por ejemplo, inaugurada en marzo de 1936, fue objeto de general admiración, del mismo modo que, cuatro años antes, lo había sido la edificación del “Borinquen” (dos ejemplos de la modernidad racionalista, debidos al inspirado arquitecto Joaquín Ortiz).
Ni los gatos pardos pierden detalle hoy en Llanes de la acción frenética de las excavadoras y camiones, en una coreografía de sonidos acompasados y movimientos rítmicos y armónicos que parece como ideada por Pina Bausch. Tan interesante como fijarse en los detalles de la obra resulta comprobar el semblante de la gente que se asoma a las barandillas. (La expectación ante la construcción de las pirámides de Egipto no debió de ser muy distinta a esto).
Entre bambalinas, en el alma de cada roca borrada por el taladro y de cada metro cúbico de arena extraído quedan muchos secretos escondidos, como la lejana presencia de Laurent Vital (el cronista que llegó en 1517, formando parte del séquito del príncipe Carlos), el recuerdo del modesto Sablín (una playa casi imperceptible, sin la prestancia de las otras playas del concejo) o las escenas rodadas por allí para la película “Porque te ví llorar”, el primer gran éxito del cine español tras la Guerra Civil. Entre todos esos secretos quizá el más sugestivo sea el de “El Criminal”, que está unido a una de las grandes reformas portuarias hechas con anterioridad: la prolongación del espigón de la Osa (la Barra) fue en los años 30 la más ambiciosa obra pública que se acometía en Llanes en el primer tercio del siglo XX, pero la guerra de 1936-1939 interrumpió los trabajos. El contratista era un gijonés, Antonio Sánchez Álvarez, apodado “el Criminal”, que vivía solitariamente a pie de obra en una casa gris levantada cerca del Sablín. A principios de 1937, el Comité del Frente Popular trataba de averiguar la procedencia de una emisora de la Quinta Columna que emitía desde la villa, y consiguió localizarla: la persona que se ponía en comunicación por radio con los nacionales y transmitía información sobre movimientos de tropas y almacenamiento de material bélico, que luego aprovechaba la aviación facciosa para sus ataques, era, presuntamente, Antonio Sánchez Álvarez. Fueron a detenerle unos milicianos a la casa gris, y el contratista, en cuanto los vio, salió corriendo en dirección al morro de la inacabada Barra, se tiró a la mar y pereció ahogado. La terminación del espigón no se produciría hasta bien entrado el año 1945.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 21 de agosto de 2010). 


Foto: H. del Río
Foto: H. del Río

domingo, 2 de agosto de 2020

AGUIRRE, EL INGENIERO DEL PUERTO DE LLANES


El ingeniero Aguirre, en los años 20.

OPINIÓN                                                               

Cajones de hormigón sobre la Osa


El ingeniero José María Aguirre, en el relato de los puertos marítimos del oriente asturiano 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El ingeniero de Caminos, Canales y Puertos José María Aguirre Hidalgo de Quintana (Madrid, 1892-San Sebastián, 1967) redactó en su vida profesional numerosos y lúcidos memorandos para redimir a las localidades marineras de una endémica carencia de infraestructuras. Tras titularse en 1916, trabajaría en la junta de obras del puerto de Gijón (ciudad en la que conoció a Margarita Alvargonzález Lanquine, que habría de convertirse en su esposa), y en 1929 pasó a dirigir las obras de los puertos orientales de Asturias.

Como responsable de los trabajos portuarios de Llanes desde 1929 hasta 1940, año en el que sería nombrado director del puerto de Pasajes, avanzó de un modo sustancial en la ejecución del proyecto de prolongación del espigón de la Osa (lo que luego se denominó la Barra),  a base de vertebrar una serie de cajones de hormigón armado. Era una labor casi imposible de llevarse a cabo ante la bravura de la mar, que puede con todo, y en ella le precedieron los ingenieros José Rodríguez de Rivera y Juan González Piedra. Su sucesor en el cargo, Gonzalo Santa María fue el que la pudo culminar en 1945.
José María Aguirre y la gijonesa Margarita Alvargonzález tuvieron cinco hijas: Margarita, casada con Ramón Cendoya; Josefina, casada con Julio Bengoa; Covadonga, que se mantuvo soltera; Inés, casada con Francisco Noriega, y Carmen, casada con Álvaro García-Navarro (padres de la investigadora y restauradora del patrimonio asturiano Inés García-Navarro Aguirre). A toda esa familia se la conoce en Llanes como ”la del Cercáu”.
La casa-palacio de El Cercado -residencia última de Pedro Junco Posada (1528-1602), el prelado llanisco que perteneció al tribunal del Santo Oficio y fue presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Salamanca- es una histórica mansión levantada intramuros de la villa, junto a la playa del Sablón. La heredó en los años 30 del pasado siglo Concepción Cortés Carriedo, cuyo marido, Romualdo Alvargonzález Lanquine, moriría en 1936, asesinado en Gijón. Al término de la Guerra Civil, Carmen fijaría en El Cercado su residencia y luego acabaría vendiendo la posesión a su concuñado, el ingeniero del puerto de Llanes.  
Neutral y fiel servidor del Estado en tres regímenes políticos, Aguirre vivió una sucesión de destinos frente al Cantábrico, pero fue en la villa de Posada Herrera donde dejó su huella más profunda. Paradójicamente, ahora que hablamos de huellas, la colosal obra de construcción de la Barra, que él dirigió, borró todo vestigio de la más preciada reliquia de la orografía submarina llanisca, la Osa, un arrecife (como lo llamó Francisco Mijares Mijares) que antaño había librado a Llanes de la rapiña de los piratas bretones, holandeses, ingleses y franceses. Cuando los corsarios arribaban a la costa con la intención de saquear, matar y violar, si conseguían sortear el fuego de la artillería del Fuerte y alcanzar la Punta del Caballo para embocar la ría, ahí acechaba entonces la Osa como última e infalible defensa, invisible e inesperada arma letal de aristas afiladas como cuchillas, para reventar y hundir los navíos enemigos. Aquel conjunto de rocas tuvo un poderoso significado simbólico en el imaginario colectivo, y algunos llaniscos todavía recordamos el estribillo de una antigua canción que le rendía culto:

“Villa de Llanes hermosa,
que es la villa más nombrada,
si no fuera por la Osa
estarías ya quemada". 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 1 de agosto de 2020). 

El Cercado, Llanes.

sábado, 1 de agosto de 2020

LA PEREDA: EL PINTOR JORGE AYÚS, EN LA ICONOGRAFÍA DE LA GUADALUPE


Jorge Ayús, María Antonia Echevarría y Francisco Panizo, el 1 de agosto de 2000. (Foto: H. del Río)

Un artista de Pancar



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


En 1999, se le encargó al pintor Jorge Ayús Sobrino pintar un cuadro que representara la imagen de la Virgen de Guadalupe. La obra pictórica, de grandes dimensiones, estaba destinada al culto en la capilla de la Guadalupe en La Pereda y sería presentada en el salón de actos de la Casa de Cultura de Llanes, el 1 de agosto de 2000, por la concejala de Cultura del Ayuntamiento llanisco, María Antonia Echevarría Moro, y por Francisco Panizo, párroco de las parroquias de Barro, Poo, Porrúa y Parres y promotor del encargo. 

Jorge Ayús Sobrino, llanisco de Pancar, se formó como pintor en la Universidad Popular de Gijón, en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Oviedo y en el taller Arteleku de San Sebastián. Es uno de los grandes artistas plásticos que ha dado Llanes. Especialista en grabado, estampación y serigrafía en cerámica, obtuvo en 1988 el Primer Premio de Pintura en el Certamen Regional de Artes Plásticas para Jóvenes. Entre sus muchas exposiciones individuales, destaca la que organizó en agosto de 1993 la Casa de Cultura de Avilés, uno de los centros de exhibición de arte contemporáneo más prestigiosos del Principado de Asturias.
Su cuadro religioso presentado en 2000 se puede contemplar en la capilla de La Pereda, primer templo erigido en España bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe.
Inaugurada en 1907, la singular capilla fue levantada a expensas de Diego Bustillo Fernández y Francisco Bustillo Galguera, acaudalados indianos en México y benefactores de La Pereda, su localidad natal, donde impulsaron numerosas obras de progreso, como la escuela mixta, caminos, puentes y fuentes.

El autor de los planos del templo fue Juan Sordo Mijares, uno de los más prolíficos maestros de obras de la época, que ya había firmado proyectos de importantes edificios en la villa, como la casa de Juan García Varela, junto al puente, y la mansión de Rafael de Labra, al lado del Ayuntamiento, así como las casas de Luis Carriles en Nueva (1901) y otros inmuebles familiares en Pendueles (para Benito García, en 1892), Posada (por encargo de José Manzaneda, en 1896) y Poo (para Alejandro Gutiérrez). 


lunes, 27 de julio de 2020

TISTO HERRERO, HOMBRE DE MAR

Tisto, a la izquierda, junto a Machi y Tin-Tán, a bordo de la "Virgen de Guía". (Foto: Archivo de H. del Río). 

He aquí un resumen de la crónica que dediqué a Francisco Herrero Melijosa, Tisto, en 2000, publicada en tres entregas en las páginas del semanario de Llanes EL ORIENTE DE ASTURIAS:
                                                       

Heroísmos y tempestades



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La zona del Muelle era un retablo digno de Sebastián Miranda, un friso con héroes de mahón, cincelados por el nordeste, y colores impregnados de olor al Riveru y a pulientas. En las mesas de mármol de “Casa Ángel”, los marineros hacían a lápiz las cuentas de las soldadas; “Petete” Sobrino (hijo de Vicente, el peluqueru), que era un gran artista, dibujaba en una mesa de al lado billetes de cien pesetas que parecían de verdad; en la barra del bar, cuando “Planché” oía a algún fulero una trola muy gorda, se quitaba la boina y se la calaba significativamente al revés, como diciendo: “¡Ésa te la fallo, amigu!”; y la simpática Elisa “la Colilla” contaba sus cosas a los que se cruzaban en su camino: “Pues cuando me dieron el alta en el Hospital y pasé por el Puente Cagalín, chacha, caí y por pocu rompo la castaña”...


Aquellos pescadores, que veíamos entrar y salir épicamente en el puerto a bordo de sus lanchas, nos parecían “mocines” de una película del “Benavente”. No había televisión (ésa era la suerte que teníamos los críos de entonces), y nos resultaba fácil componer paralelismos entre los relatos de Verne y las aventuras de los tripulantes de la “Eloina”, la “María Josefa”, la “Sisina” y todas las demás embarcaciones del gremio local. “Tisto” era uno de aquellos valientes que han vivido en propia carne la inmensidad de la mar.  
 Francisco Herrero Melijosa, “Tisto” (1924-2012), nació en La Moría, en una casa que daba al Sablín, aunque la entrada estaba por la parte del prado de Santa Ana (que luego sería propiedad de Tomás Amieva, “el de La Marina”). Tenía dos plantas, en cada una de las cuales había dos viviendas. En la de arriba habitaban la abuela materna de “Tisto”, en una puerta, y la familia Patiño, en la otra; debajo, los Ballesteros (la familia de “Picadina”) y ellos. Entre los vecinos de la barriada estaban “los Colillas” (“Mariquina”, “Manolón” y Felisa), en la casa de al lado; vivían también cerca de allí “los Saritos” (“Quiqui” y sus hermanos Perico, Ramona y Eloína), Magdalena, “la de las sillas”, y Tanis y Manolín, “el Hojalateru”. Los patios llegaban hasta la orilla de la mar (el muelle en dirección a la Barra no se haría hasta los años cuarenta). En la llamada “Casa de los Baños” vivían Antón, “el Buzu”; Pepe, “el del Centro” (también conocido como “El Choriceru”, con cuya hija se casaría el peluquero Pedro Conde, “el Patón”); Marcelo, “el Mugle”, y María, “la Xorobina”. En la cueva subterránea que hay en la “Casa de los Baños”, donde posteriormente pondría Maya un vivero de langosta, se pescaban congrios y esquilas.
La familia de “Tisto” estaba formada por sus padres, Cayetano Herrero de la Cruz, “Tin-Tán”, y Josefa Melijosa Gómez, y la hermana de ésta, Magdalena (que fue como la segunda madre). Magdalena, que estaba soltera y era chiquitina y geniuda, había limpiado a principios de siglo el “Café Universal” (hoy “Confecciones May”), en la planta baja del edificio que era entonces la sede del Casino. En los comienzos de los años treinta, era la encargada de las sillas de la iglesia, pues todavía no había bancos en el templo parroquial. Los domingos y fiestas de guardar, colocaba unas 280 sillas (los días de diario, menos), y al término de los cultos las volvía a amontonar junto a la puerta del coro. Le daban por ello cinco o seis reales. “Tisto” la ayudaba algunas veces, y “Tin-Tán” arreglaba las sillas que estaban estropeadas.
“Tisto” era de los que aguantaban mucho debajo del agua. “Tuli”, Manzano, Antonio Herrero (“Mimi”), Bruno García San Román y él hacían pruebas de resistencia en el Sablín, cuando todavía no estaba hecho allí el muelle. Mientras en el Casino se deslumbraban a sí mismos tres o cuatro docenas de galanes viscontianos, la niñez de los pobladores de La Moría, del Barriu y del Cuetu transcurría entre legañas y lumbres de carencia. Hay un testimonio que expresa la situación mejor que muchos ensayos de Sociología: a Manuel Melijosa Cuevas, el “Parru”, primo hermano de “Tisto”, le llevó una vez, de crío, su madre al médico, porque estaba muy estreñido. El galeno le examinó detenidamente, y “el Parru”, que ya empezaba a apuntar su casta, no pudo mantener la boca cerrada:
- “Mama: ¿pero cómo quier que cague si no como...?”

Desde que era un chavalucu, Tisto (que se casaría con Paquita González Sordo, con la que formó una gran familia) soñaba con una embarcación propia. La primera la tuvo en sociedad con “Machi”, en 1954. Se llamaba “Corazón de María” y costó en San Vicente de la Barquera 5.500 pesetas. Era pequeñuca, con un motor de gasolina de ocho caballos, como de juguete. La vendieron luego a Manolo Patiño y compraron a Valle la “Sisina”. En 1959, y también formando tándem con “Machi”, adquiriría en Foz la preciosa “Virgen de Guía”, que era más grande y estaba hecha a su gusto. Les acompañaban “Pitito”, un hijo de Logio “el Chulu”, “Tin-Tán” y “Garbanzu”.

(EL ORIENTE DE ASTURIAS, 5, 12 y 19 de mayo de 2000).

sábado, 25 de julio de 2020

PARTERRÍU (LLANES): SECRETOS DE LA GUERRA Y ESCENARIO DE UNA PELÍCULA DE TERROR


Villa Parres o casa de Parterríu. 

OPINIÓN                                                               

Legionarios en el orfanato



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Hace setenta años, la Legión Cóndor fue huésped de un Llanes en retirada. Pilotos alemanes instruidos para comerse el mundo, como Walter Adolph (quien, el mismo día que entraron los nacionales, el 5 de septiembre de 1937, sobrevivió a un accidentado aterrizaje en el campo de Cue), Bodden, Adolf Galland, Harder, Kohleim (un artillero muerto en el aeródromo corito, mientras empuñaba una ametralladora antiaérea bajo el fuego de la aviación republicana), Stanislaus Leske (cuyo He-51 fue abatido el 11 de septiembre), Eduard Neumann, Sowanengal (que caería derribado sobre Avilés, el 21 de septiembre), Willy Sembach (caído poco después de Sowanengal) y Woitke son algunos nombres de una nómina perdida que he podido rescatar parcialmente en archivos, hemerotecas y libros de historia.

Cuando llegaron aquellos guerreros rubios y espigados -unos veinte pilotos y setenta y tantos soldados de apoyo y mecánicos- fueron alojados durante dos meses en casas prototípicas de la mejor arquitectura llanisca (1). Ocuparon en la villa los ya desaparecidos chalets de Gabriel Teresa y de Ceferino Ballesteros (éste, obra del arquitecto Joaquín Ortiz) en la avenida de la Paz; el chalet estilo montañés de Rogelio Gutiérrez (cuyo autor fue Miguel García Lomas) y el edificio de viviendas de Cosme San Román (diseñado por Mariano D. Lastra), edificados en 1929 y 1923, respectivamente, a ambos lados de la calle de la estación; la casa de Rafael Labra (hecha por el maestro de obras Juan Sordo Mijares a diez metros del Ayuntamiento); la pensión “España Imperio”, junto a la capilla de San Roque; la casa del Marichu, en la calle Posada Argüelles; la de Bruno Gavito en la calle Mercaderes (una mansión de 1918, “tardía evolución del modernismo secesión”, según ha catalogado María Cruz Morales); la del veterinario Felipe Ruenes, en la plaza de las Barqueras, terminada en 1929; la de Darío Mijares y la de Yanguas, ambas en la calle Nueva; la de Ramón Sánchez, en el Cuetu; la de Ramón Corces, en la subida a la Guía; el palacete modernista “de los leones” (hoy propiedad del famoso magnate mexicano Juan Antonio Pérez Simón); “Villa Vicenta” (llamada del “Coju de la Guía”, espléndida muestra del gótico victoriano, encargada al arquitecto Pérez de la Riva en 1896 por el indiano Pedro Teresa, y ya eliminada; en ella vivió el teniente primero y jefe de la 3ª Escuadrilla de He-51, Galland, que luego sería un héroe en la Segunda Guerra Mundial), y el chalet “Los Barquitos”, construido en 1923 para Juan Noriega Sordo, según proyecto de Rodríguez Bustelo.
Los aviadores, que en sus treguas descorchaban champán “Veuve Clucquot” en la confitería Auseva y compraban queso y mantequilla en la SADI, también se instalaron en la finca Partarríu (Villa Parres), donde tuvieron su base tanquetas y camiones “Diesel” con letra gótica estampada en la lona. Esta imponente mansión, proyectada por Lavín Casalís y terminada en 1898, fue la vivienda del senador y fiscal del Tribunal Supremo Parres Sobrino (1865-1917) y en ella pasó temporadas Palacio Valdés (2). Ahora está adquiriendo notoriedad en cinemascope, desde que acogió el rodaje de la película de miedo “El orfanato” (3). No era la primera vez que se rodaban entre sus paredes escenas de un largometraje (en 1996, Gonzalo Suárez escenificó allí algunos momentos de su película “Mi nombre es sombra”), pero, en esta ocasión, el éxito internacional que se pronostica a “El orfanato” podría convertir el elegante y decadente edificio de Partarríu en un fotograma de culto para los cinéfilos, como la casa que sacó Hitchcock en “Psicosis”. Ya vienen preguntando por él los turistas.


1.      Los dueños de esas mansiones, en muchos casos indianos, estaban ausentes de Llanes en esos tiempos. Anteriormente a la llegada de la Legión Cóndor, durante la guerra, algunas de esas casas fueron sede de distintas organizaciones del Frente Popular.
2.      Pola, Ángel (1971): “Hojas de Archivo”.- Llanes: Ed. El Oriente de Asturias, pág. 84.

3.      Película dirigida por Juan Antonio Bayona en 2006 (fue su ópera prima), sobre un guión del asturiano Sergio G. Sánchez, y producida por el mexicano Guillermo del Toro.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 26 de octubre de 2007). 

miércoles, 22 de julio de 2020

EMILIO MUÑOZ VALLE, EL DE "CASA ALEJO" DE POSADA

Bar CASA ALEJO. Dibujo de José A. Sáez Sotres (1971).



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La exposición “La xíriga y los tejeros”, organizada en 2019 por la Casa de Cultura de Llanes, dedicaba uno de sus apartados más destacados a la vida y la obra de Emilio Muñoz Valle (Posada de Llanes, 1921-Oviedo, 1979), gracias a la colaboración prestada por sus hijos, Alejo y María Teresa Muñoz González.

Chigrero, coleccionista, poeta y estudioso de la cultura local, Emilio Muñoz Valle fue el autor del imprescindible libro, ya agotado, "La xíriga (el lenguaje de los tejeros de Llanes)", publicado en 1994 por el semanario EL ORIENTE DE ASTURIAS. En ese trabajo colaboraron estrechamente con él sus hermanos Domingo e Isidoro, filólogos y catedráticos de Latín y de Griego, respectivamente.
El libro no sólo habla del origen y peculiaridades del oficio y de la idiosincrasia de los tejeros, sino que aborda también la etimología del léxico de la xíriga, los procesos de formación de palabras, su carácter de elemento diferenciador de un grupo y la vocación criptológica y autodefensiva que lo caracteriza.
Emilio Muñoz había estudiado Latín, Griego y Filosofía en Valdediós, entre 1931 y 1936. Tras cumplir el servicio militar, en 1946 empezó a trabajar en el bar “Casa Alejo”, el negocio familiar que habían fundado en 1930 sus padres, Alejo Muñoz Ceballos y Pilar Valle. Emilio convertiría el establecimiento en un verdadero museo popular, una especie de centro cultural, punto de encuentro de gentes diversas y escenario de amenas tertulias, en las que alguna vez participó el poeta Celso Amieva. Con el autor de “Los poemas de Llanes”, Emilio Muñoz, que en 1954 había contraído matrimonio con Esther González Amieva, mantuvo correspondencia a través de cartas en las que no faltaban abundantes y sabrosas expresiones en xíriga. 


Emilio Muñoz, retratado por José Antonio Sáez Sotres en 1972. 

martes, 21 de julio de 2020

RAMÓN PÉREZ BATALLA, "PAPUTINA" (1957-2014): UN ANIVERSARIO

Ramón Pérez Batalla, en 2011. (Foto: H. del Río)


Al cumplirse seis años de su fallecimiento, quiero dedicar estas líneas a Ramón Pérez Batalla, a quien llamábamos cariñosamente “Paputina” (1957-2014). Futbolista y entrenador de fútbol, funcionario de Correos, periodista de oficio (atento siempre a los latidos de la calle y en contacto con las mejores fuentes de información), paisano de una pieza, llanisco de los que quedan para siempre en la memoria colectiva y, sobre todo, colega y amigo del alma, “Papu” nos dejó en plenas fiestas de la Magdalena.
Parece que fue ayer, mismamente, cuando me esperaba cada día en la barra del “Uría”, del “Pinín” o del “Sablón”, al término de mi jornada laboral. Pedía un blanco de Rueda sin pronunciar palabra, trazando en el aire un redondel con el dedo índice de su mano derecha, y platicábamos y arreglábamos el mundo, compartíamos alegrías y penas, y preparábamos juntos alguna crónica para LA NUEVA ESPAÑA.

Este es el artículo que le dediqué al día siguiente de que fuera encontrado muerto en su cama por causas naturales.  

OPINIÓN                                                               

Una figura en la cotidianidad



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Ramonín llevaba la sangre de la estirpe de los Raposos y de los Camarás, que es un linaje de los que verdaderamente tienen peso en Llanes, igual que la familia de Pedro el Sordu, por poner otro ejemplo notable. 

Hijo de Miguel Pérez Cossío y de Adela Batalla Díaz (Chiqui), desde la cuna participó del universo llanisco más genuino: el glamour del cine de los domingos, en la sesión de las cinco, en el Cinemar, donde su progenitor era el operador que oficiaba su magia de la proyección; y de Chiqui, hija de Esperanza y Camará, heredó una rebeldía natural e irreductible (nos acordamos de aquellas celebraciones del Carnaval, cuando los críos marchábamos detrás de Pacina y de la madre de Paputina, ambas disfrazadas, por el Cuetu Baju, alborozados, hasta que aparecían los municipales y nos dispersábamos).
La cotidianidad de Llanes estaba en los genes de Ramonín, que había sido futbolista de raza, y luego entrenador de éxito en el fútbol regional; que había vendido periódicos por las calles; que fue funcionario de correos durante muchos años y que se manejaba bien en las faenas de la pesca y en la mar. En los mares procelosos de la vida. Valiente y sufrido, leal y juerguista, siempre dispuesto a echar una mano. Por una doble vía penetró el veneno de la letra impresa en sus venas. Él y sus siete hermanos vendían los diarios en el andén de la estación y en las cercanías del puente y del mercáu. Y lo mismo había hecho también un primo suyo, mayor que él, doctorado cum laude en la Universidad de la vida. Aquel pariente -que acaso enseñó a Ramón a luchar por la vida aunque fuera a dentelladas- vendía ejemplares del “El Diario Montañés”, que entonces dirigía Ricardo Vázquez Prada. Un día, un vendedor de la competencia gritaba al otro lado de la acera: “¡La muerte de Juanín, en el Diario Regional! ¡Compre el Diario Regional!” El primo de Ramón jugaba con desventaja, porque El Diario Montañés sacó la edición sin enterarse de la noticia del fallecimiento del mítico emboscaú, pero lo resolvió sobre la marcha. “¡Últimas noticia!”, “¡La muerte de Juanín en El Diario Montañés!”, y en un minuto dio salida al montón de periódicos que llevaba debajo del brazo.
Tenía yo intención, desde hace meses, de escribir un artículo sobre Ramón. Le pedí que me fuera contando alguna cosa de los 25 años que trabajó en Correos, pero sólo me dio tiempo a anotar una anécdota en una servilleta de papel. Con la dificultad propia de las personas operadas de laringe, Paputina me habló de un compañero suyo. “Buena gente aquel carteru, pero algo burrín. Se recibió una carta que ponía simplemente: Señor Cura Párroco, y debaju el nombre de la localidad. El tío, ni cortu ni perezosu, nada más leer las señas devolvió a su remitente la carta con esta anotación: EN ESTI PUEBLU NO HAY NINGÚN PACORRO. 
Ramón se lleva con él la saca de la correspondencia de su anecdotario inédito, pero nos deja los sobres abiertos y vividos de los días y las horas pasados junto a él. Descanse en paz.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 26 de julio de 2014).