sábado, 17 de abril de 2021

EL PASEO DE SAN PEDRO Y LA INVASIÓN NAPOLEÓNICA

Canapé del Paseo de San Pedro. (Foto: H. del Río).
 

OPINIÓN                                                               


Intrusos en la cueva del Taleru


Hechos y personajes en la intrahistoria del Paseo de San Pedro de Llanes 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Momentáneamente, el 24 de noviembre de 1808, apenas quedaban unas decenas de vecinos en la villa llanisca. Se mascaba un ambiente de guerra. Casi todos se habían ausentado a toda prisa, en cuanto se extendió el aviso de que un destacamento francés estaba a punto de llegar. En la puerta de la Galea (a la altura de la actual oficina de Correos) aguardaba a los invasores una representación del Ayuntamiento, encabezada por el juez Cristóbal Gutiérrez, que ofrecería a la oficialidad una comida en el Cercado. Lo que aconteció desde esa jornada hasta mediados de junio de 1812, lo recogió en un diario el presbítero y beneficiado de la parroquia de Santa María, Lorenzo Simón González, en los renglones de una literatura clandestina, íntima y concisa, de la que serían después universales paradigmas Anne Frank y Victor Klemperer

El cura no tenía mala pluma. Le gustaba escribir con precisión (uno de sus textos, desaparecido en la Guerra Civil de 1936, fue un apunte histórico sobre la iglesia parroquial de Llanes). Vivía en la calle Mercaderes y fue administrador de la ermita del Cristo del Camino durante más de cuarenta años.

En aquella fecha de noviembre, los franceses permanecieron en la villa sólo cuatro horas (marcharon a Colombres y regresaron a Llanes dos días después). Aunque Simón no dejó constancia de ello, cabe suponer, por pura lógica militar, que una de las primeras cosas que hicieron fue asomarse al alargado altozano de San Pedro, desde el que se divisa, en una doble vertiente, la villa amurallada y las montañas, en la cara meridional, y al norte la inmensidad del Cantábrico. Damos por hecho que husmearon por la cueva del Taleru y subieron a la atalaya desde la que los vigías del Gremio de Mareantes de San Nicolás llevaban siglos vigilando el paso de las ballenas y la recurrente amenaza de los navíos piratas. De algún modo, aquellos soldados, que tanto daño harían en toda España, entraron así a formar parte de la historia del  maravilloso enclave costero.

El Paseo de San Pedro aún no existía como tal, pero era ya un paraje bastante visitado. En el punto en el que culminaba un sendero que arrancaba del Sablón, se había instalado en 1720  un artístico banco de piedra, tipo canapé, en el que descansaban los paseantes mientras contemplaban el caserío y la torre de la iglesia parroquial (eso mismo haría Jovellanos cuando visitó Llanes en 1790). Por las tardes, solía formarse allí una animada tertulia alrededor de Lorenzo Simón, según cuenta Ángel Pola en “La pequeña historia”. Treinta y cuatro años después de la invasión napoleónica, fue un sobrino político del beneficiado, Francisco Posada Porrero, alcalde de Llanes de 1846 a 1848, quien promovería la ingente obra de allanar aquel espacio para convertirlo en el Paseo de San Pedro. Un monolito con lápida lo recuerda: 

Amor Patriae

Pulchérrima virtus.

Transmita el mármol a la generación venidera la gratitud

que merecen los beneméritos hijos de Llanes

que invitados por su ilustre Ayuntamiento y alcalde presidente D. Francisco Posada Porrero

han contribuido a la construcción de este paseo.

Año de 1847.

 Fue el mismo año del fallecimiento de Lorenzo Simón. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 14 de abril de 2021).


Representación del beneficiado Lorenzo Simón en su despacho. (Ilustración del pintor Javier Ruisánchez para la exposición "Llanes y la invasión napoleónica", organizada por la Casa Municipal de Cultura de Llanes en octubre de 2008). 
Lápida conmemorativa de 1847.


LA MAGDALENA, LLANES. Canción: "Bonita Calle Mayor"


 

martes, 30 de marzo de 2021

LLANES, EL AVIADOR BENJAMÍN GUTIÉRREZ JUNCO Y UN DOCUMENTAL ALEMÁN DESDE EL AIRE (1935)

El aviador Benjamín Gutiérrez Junco.


OPINIÓN                                                               


Con la UFA de Goebbels a bordo


En 1935 se hizo una de las primeras filmaciones aéreas en el oriente asturiano 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Benjamín Gutiérrez Junco, de Parres, se había convertido en prófugo cuando desoyó la orden de movilización para la guerra del Rif. Huyó a Francia, y allí se formó como mecánico y piloto de aviación. No pudo retornar a su casa familiar hasta más de diez años después. Vino volando en cuanto la Segunda República concedió una amnistía para los delitos políticos, sociales y de imprenta. Llegó a Llanes en agosto de 1931, en plenas fiestas de San Roque, en un avión pilotado por su compañero francés Desmazières, que se posaría en un improvisado campo de aterrizaje al oeste de la villa. Los dos aeronautas, recibidos como estrellas de la Universal por una comisión encabezada por el concejal Juan Antonio Pesquera, habrían de resultar aquí providenciales para el desarrollo de la aviación. 

Hicieron de taxistas aéreos, leyeron la geografía y persuadieron a las autoridades para construir un aeródromo en la cuesta de Cue. La idea fue acogida con entusiasmo y pudo hacerse realidad a corto plazo. Tres circunstancias concretas contribuirían a ello: la designación de la villa llanisca como meta de una etapa de la II Vuelta Aérea a España (1933), la revolución de octubre de 1934 (que hizo ver a los mandos militares, Franco entre ellos, las ventajas operativas del privilegiado altiplano de Cue y la posición estratégica de Llanes en la cornisa cantábrica) y, sobre todo, la Guerra Civil.     

Desmazières regresó a su país antes de que terminase el verano con un montón de fotografías de recuerdo que le había hecho Francisco Rozas Ramírez, y a Benjamín le aguardaría en su tierra una sugestiva carrera de aviador. Una de sus experiencias más curiosas la vivió cuando le encargaron llevar a bordo de su avioneta a un cameraman de la UFA (Universum Film Aktiengesellschaft) para rodar una de los primeras filmaciones turísticas desde el aire en Asturias. Fue en febrero de 1935, dos años después de la llegada de Hitler al poder. Para entonces, la UFA, productora cinematográfica alemana fundada en 1917 en Babelsberg, a las afueras de Berlín, se había convertido en un poderoso instrumento propagandístico del régimen nacionalsocialista. En aquel año, Leni Riefenstahl estrenaba el documental “El triunfo de la voluntad”; Hans Sierck (Douglas Sirk) se iniciaba sobre los mismos platós de la eclosión del expresionismo, un tal doctor Hippel (al que en la película “La niña de tus ojos”, de Fernando Trueba, da vida el actor Heinz Rilling) velaba por la ortodoxia del cine nacional alemán desde una oficina instalada en la productora, y el führer acababa de visitar en enero los estudios de Babelsberg de la mano de Goebbels, convencido de que estaban ya completamente “arianizados”. Los genios judíos del Séptimo Arte (Lang y Wilder, entre otros muchos, así como decenas de guionistas, actores y compositores), artífices del prestigio adquirido por la UFA durante la República de Weimar, habían partido al exilio.

A más de dos mil kilómetros de distancia, entre tanto, el piloto de Parres y el cámara alemán, tras citarse en el vestíbulo del hotel Victoria, eran conducidos en automóvil hasta el aeródromo de Cue. El biplaza del llanisco sobrevoló playas y acantilados y, a continuación, puso rumbo a Sierra de Cuera y a los Picos de Europa. Debió de ser una película maravillosa.  

En julio del año siguiente, estallada la contienda civil, Benjamín Gutiérrez se incorporaría como voluntario a la aviación republicana. Prestó servicio en el frente Norte y en la zona de Valencia, y se perdió su rastro en la costa levantina. Una suerte idéntica a la que correría después el documental de la UFA entre los escombros de la Segunda Guerra Mundial.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 10 de marzo de 2021). 










ALFONSO CIMINO, INDUSTRIAL CONSERVERO: LA ÚLTIMA HUELLA


Alfonso Cimino Romeo, a finales de los años 40.



OPINIÓN                                                               


Patrimonio urbano y sentimentalismo


Llanes pierde uno de los últimos vestigios de su pasado conservero 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Alfonso Cimino Romeo (Trapani, Sicilia, 1893-Llanes, 1956) había llegado a la villa de Posada Herrera en 1917 para trabajar en una fábrica de salazones y conservas de pescado que había abierto un tío suyo, Giovanni Vella. En 1928, se establecería por su cuenta en las mismas instalaciones familiares, y en 1933 adquirió un terreno en San Antón y construyó una fábrica. Fue uno de los industriales italianos que se dedicaron en Llanes a la actividad conservera, como Baldassare Scola, Claudio Schezzi, Gaetano, Liborio Orlando y los hermanos Giuseppe y Antonio Cusimano. Su fábrica se cerró a finales de los años cincuenta. 

El plano del almacén de salazón de Cimino, fechado en 1933, fue obra del arquitecto municipal, Joaquín Ortiz García. Más tarde se añadiría al proyecto, en el extremo que daba a la calle Marqués de Argüelles, un edificio para la vivienda del propietario y su familia y para las oficinas de la empresa. Cada una de estas dos partes contaba con su propio portal de acceso. Morfológicamente, el anexo, que era del mismo ancho que la nave industrial, abandonaba la factura racionalista, habitual en los trabajos de Ortiz, y se ajustaba, más bien, a modelos de arquitectura tradicional. Era el último vestigio que nos quedaba en Llanes de la época más activa y próspera de la industria conservera, y acaba de ser borrado del mapa.

Ya se sabe que la legalidad urbanística no entiende de romanticismos ni de sentimentalismos. Los criterios modernos, la relectura de los espacios, las razones de salubridad y el interés público (y privado, en la mayoría de los casos) propician a menudo la desaparición de señas de identidad del paisaje urbano. Cuando el barón Haussmann, el radical reformador del París del Segundo Imperio, arrasó las callejuelas y los barrios medievales de la ciudad del Sena, ya se estaba tramitando en el Llanes de la era isabelina el derribo de la Puerta de la Villa y de la Puerta de San Nicolás. Desde entonces para acá se ha producido entre nosotros una pérdida paulatina e inmisericorde de patrimonio arquitectónico, especialmente en las décadas finales del siglo XX. En el catálogo de bajas se cuentan, entre otras construcciones, Villa Vicenta (el palacio del Coju de la Guía), la casa del “Marigordu”, la Compuerta, el sanatorio de García Gavito, las casas de Ceferino Ballesteros y de Gabriel de Teresa en la avenida de la Paz y un interesante edificio que había diseñado Fermín Coste en el muelle (junto a lo que hoy es el Bar Matute), todas las cuales sustanciaban la fisonomía inconfundible de la villa.

Las licencias para las correspondientes obras de demolición se concedieron con arreglo a la ley, pero no ocultan una aterradora falta de sensibilidad. La pérdida irreparable de aquellos bienes podría haberse evitado si se hubieran incluido en el inventario de patrimonio arquitectónico a proteger, es decir, si los gestores del municipio y los del Servicio de Patrimonio del Gobierno regional se molestaran en conocer mejor la historia local y las peculiaridades arquitectónicas de la villa.

La casa de Alfonso Cimino que se ha llevado ahora la piqueta era un triste y desvencijado testimonio del pasado, pero, al igual que una tejera, formaba parte de un profundo relato compartido. Representaba, en su caso, el vínculo con arraigados valores etnográficos del Llanes de la actividad industrial y artesanal conservera y con los años de las “bocartadas”, vividos por mujeres, jóvenes y mayores, que ganaban eventualmente un jornal en las fábricas del Barrio Bustillo descabezando bocartes para la elaboración de la anchoa. Vivencias modestas, pero esenciales, de unas cuantas generaciones de llaniscos. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el viernes 26 de febrero de 2021). 



Latas de anchoas de la fábrica de Cimino.


La desparecida casa del industrial en el Barrio Bustillo. (Foto del libro "Joaquín Ortiz, un arquitecto racionalista" (Hércules Astur Ediciones).








domingo, 28 de febrero de 2021

BASÍLICA DE LLANES: ROSTROS EN EL TECHO

 


OPINIÓN                                                               

Claves de bóveda


Las indeterminadas efigies en el techo de la basílica de Llanes 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La iglesia parroquial de Santa María (Basílica Menor desde 1973, según título otorgado por Pablo VI a petición del arzobispo de Oviedo Gabino Díaz Merchán) es el edificio más estudiado de Llanes. Aunque algunos estudiosos consideran que sus orígenes están en el siglo XII, su construcción se inició en el primer cuarto del siglo XIII, tras la concesión del Fuero de Benavente a los habitantes de la Puebla de Aguilar por parte del rey de León Alfonso IX, y se terminó durante el reinado de los Reyes Católicos. Sin perder de vista los estudios referenciales de Ignacio Ruiz de la Peña y Juan Uría Ríu sobre el contexto histórico que dio lugar a la fundación de la villa llanisca, la bibliografía a nuestro alcance cuenta con trabajadas aportaciones de José Fernández Menéndez, Javier Fernández Conde, Elviro Martínez Fernández, María Cruz Morales Saro e Isabel Ruiz de la Peña González, entre otros.


Los investigadores, al examinar las interioridades góticas del templo, se han sentido atraídos por las efigies que aparecen en dos claves de bóveda de la nave central. Sus consideraciones resultan coincidentes, en general, y están basadas en la lógica, con la sola excepción de uno de ellos: en “Asturias” (1900), de Belmunt y Canella, el abogado y breve alcalde José Saro Rojas, redactor del capítulo dedicado a Llanes, afirma, sin ningún fundamento, que en la clave del tercer crucero aparece el retrato esculpido de Carlos I de España y V de Alemania. Una aventurada elucubración de la que se haría eco, sorprendentemente, el riguroso Fernando Carrera Díaz Ibargüen en su leído y releído libro “Llanes. Crónicas del tiempo ido”, publicado hace casi cincuenta años. Carlos, que había pasado en la villa dos días de septiembre de 1517 (y que nunca llegaría a confirmar el Fuero), “contribuyó espléndidamente” a la terminación de las obras de la iglesia, y seguramente fue la evocación de ese hecho lo que animó a Saro Rojas a escribir lo que escribió.

La ligereza de este historiador aficionado no pasa de ser una mera anécdota, comparada con las tesis del resto de los especialistas, que siguen otros derroteros. Para José F. Menéndez (1887-1940), sacerdote y miembro de la Real Academia de la Historia, “las claves de la bóveda que cae sobre el coro y la que sigue, representan dos caras: una de ellas es el retrato de un rey, y bien puede admitirse quiera representar al fundador de Llanes, Alfonso IX”. En la línea del anterior, otro sacerdote e historiador del RIDEA, Elviro Martínez, manifiesta literalmente lo mismo en dos de sus obras (“Estudios de Historia de Llanes” y “La Basílica de Llanes”).

Isabel Ruiz de la Peña, en su análisis de los elementos añadidos a la fábrica medieval de la iglesia de Santa María, apunta que “una de las claves de la bóveda del coro muestra un rostro humano, de aspecto grave, barbado”. Una descripción que no se corresponde de ningún modo con el aspecto que debió presentar el príncipe Carlos a los diecisiete años, es decir, a la edad que tenía cuando llegó a Llanes en 1517.

Es en el libro “Peregrinos. Ruta Jacobea por el oriente de Asturias”, de María José Grandoso Noriega, donde se nos informa con más detalle sobre las claves de bóveda: “Los llaniscos no olvidaron a Alfonso IX, ya que en la clave del tercer arco de la nave mayor de la iglesia se encuentra la efigie del que otorgó a la villa el documento más importante de su historia. La de su esposa, doña Berenguela, está en la clave del arco segundo”, sostiene la autora del estudio.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 22 de febrero de 2021).

Basílica de Santa María de Llanes. (Foto: JRRT).


viernes, 26 de febrero de 2021

LEOPOLDO ALAS, CLARÍN, Y LLANES

Leopoldo Alas, Clarín.


PARA SER POETA NO HACE FALTA SALIR DE LLANES


En una carta de agradecimiento fechada en Oviedo el 11 de abril de 1889, Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901), acusaba recibo del libro de poesías “Aurora y nieblas” que le había enviado su autor, el escritor llanisco Demetrio Pola Varela (1855-1924), y, entre otras cosas, afirmaba lo siguiente:

“No crea usted que para ser poeta hace falta salir de Llanes ni menos tener maestros; lo que conviene es estudiar, no para aprender a ser poeta, sino para ver más y más cada vez en los mundos de las ideas, que se pueden escudriñar desde Llanes, lo mismo que desde Roma, París o Londres”. 

Trece años después, esta carta fue incluida en el libro "Poesías líricas y romería de Santa Marina" (1902), de Demetrio Pola, por los editores de la obra (Imprenta "Las Novedades"). 

H. del Río


Demetrio Pola Varela.


domingo, 7 de febrero de 2021

EL MIRADOR DE SAN PEDRO EN LLANES. Historias


OPINIÓN                                                               

Gaseosas y arquitectura


Un mirador de García-Lomas y un puesto de bebidas de Antonio Martín en los años 20 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El arquitecto madrileño Miguel García-Lomas Somoano (1888-1943), que veraneaba en Ribadesella, de donde era oriunda su madre, Regla Somoano Rivera, mostraría en Llanes una notable actividad durante el período de la dictadura del general Primo de Rivera. El tándem que formó con Rogelio Gutiérrez Sordo en los años previos al 14 de abril de 1931 es equivalente al que representaron Joaquín Ortiz y Francisco Marcos Purón en la etapa inmediatamente posterior. Un fructífero entendimiento, en ambos casos, entre un arquitecto y un indiano decidido a implicarse en el urbanismo.

Ya era autor en Ribadesella de un amplio catálogo de obras de estilo regionalista (entre otras, la mansión de Llano Margolles). A Rogelio Gutiérrez Sordo, con negocios en México, le proyectaría en la calle Egidio Gavito, esquina a la calle de la Estación, un chalé unifamiliar (que sería requisado por el Frente Popular en 1936 y albergaría la sede de las Juventudes Socialistas Unificadas hasta septiembre de 1937) y un edificio de pisos en la calle Mercaderes, junto a la Puerta de la Villa (donde había estado la capilla de Todos los Santos), en cuya planta baja se inauguró la glamurosa confitería “Auseva”.

Pero García-Lomas, padre del último alcalde franquista de Madrid, también concibió proyectos de una gran singularidad. Por ejemplo, a él y a su socio Urbano de Manchobas (arquitecto municipal de Eibar desde 1926, militante del PNV y exiliado en Venezuela tras la victoria de Franco) les fue encargado en 1921 el diseño de reconstrucción del palacio Duque de Estrada, en ruinas desde que fuera incendiado por los soldados de Napoleón en 1812. Este proyecto, denominado ”Hotel-Mansión Astur”, pasó al olvido con el advenimiento de la Segunda República. Sí se llevó a cabo, en cambio, el de la reconversión de los restos de la torreta de San Pedro en un mirador al Cantábrico y a la villa provisto de mástiles para banderas marítimas. La obra, realizada por el contratista Celedonio Torre, costó trescientas pesetas con setenta y cinco céntimos, y coincidió en el mismo paraje con un novedoso negocio estival ideado por Antonio Martín García (1884-1964). (A este simpático personaje, nacido en Ribadesella y casado en Pancar, lo recordamos en su época de representante de una fábrica de embutidos, cuando en la tienda La Pilarica fascinaba a los niños con una ocurrencia sin parangón: sacaba del bolsillo dos botones que parecían ojos, los colocaba entre los dedos de su mano izquierda, que envolvía con su pañuelo, y convertía el puño en un expresivo muñeco, con la cara de una vieja desdentada, al que ponía voz de ventrílocuo).

Años atrás, Antonio Martín, que había vivido la experiencia, no muy afortunada en su caso, de la emigración a México, abrió una tienda de calzado frente a la plaza de Parres Sobrino, y en julio de 1928 obtuvo permiso del Ayuntamiento para poner un puesto de bebidas, refrescos y meriendas en la Cueva del Taleru. Todo bajo la sombra de la cruz levantada en 1884 en lo más alto del paseo, que sería derribada al principio de la Guerra Civil y repuesta en 1938. Mesas, bancos, sillas y toldos se desplegaban sobre la hierba a pocos metros de la nueva torre vigía de la Sociedad de Salvamento de Náufragos. De la construcción recién terminada (un mirador excepcional levantado a partir de los restos de un antiguo semáforo pétreo de planta circular) José García Arco, Pepe, hizo unas cuantas fotografías. En dos de ellas posaron para el fotógrafo las hermanas Sira y América Ruales (las Pininas), apoyadas en la barandilla del templete de García-Lomas como modelos de una revista parisina de modas. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 27 de noviembre de 2019). 

El comerciante Antonio Martín.




viernes, 5 de febrero de 2021

LOS "CUBOS DE LA MEMORIA", INSPIRACIÓN DEL MODISTO MIGUEL MARINERO









Amanecer sobre los "Cubos de la memoria", Llanes (Principado de Asturias). 



HIGINIO DEL RÍO 

El diseñador y peletero madrileño Miguel Marinero ha encontrado en Llanes (villa en la que está profundamente enraizada familiarmente su esposa, Inés) poderosos estímulos de inspiración. Con su mirada de artista, explora los detalles de un paisaje extraordinariamente bello y explícito, descifrándolos y haciéndolos suyos. 

Se ha detenido ahora en la escollera del puerto, frente al ímpetu de las olas, donde están los “Cubos de la Memoria”. 

El modisto ha posado su mirada sobre los colores e imágenes que vivifican decenas de bloques hormigonados. Piezas de refuerzo del espigón que pasaron a formar parte de una singular iniciativa del escultor vasco Agustín Ibarrola, plasmada allí en 2003. Cada uno de los "cubos de la memoria" resume conceptualmente las esencias históricas y las señas de identidad de un territorio. Toda la iconografía sugerida en esa obra portuaria se refiere al Llanes milenario (las huellas del Paleolítico y del Neolítico, el legado medieval y el reverenciado pedigrí del Fuero de Alfonso IX, la peripecia secular de los antiguos mareantes, la emigración a América, la arquitectura indiana y la pureza y vigencia del folklore) y ha venido a nutrir de pronto la creatividad del diseñador. 

Ante ella, en Miguel Marinero se produjo un efecto de fascinación, que le ha llevado a asimilar y trasladar a diseños de prendas y modelos exclusivos la síntesis de la visión de Ibarrola: un repertorio de elementos dispersos de la idiosincrasia local, percepciones sueltas de una historia compartida, tradiciones populares, tópicos, signos y reflejos de un imaginario colectivo que Marinero ha traducido al carisma "fashion" y cosmopolita de la alta moda.

 

Miguel Marinero.


Diseños del modisto

Agustín Ibarrola (1930-2023).