domingo, 28 de febrero de 2021

BASÍLICA DE LLANES: ROSTROS EN EL TECHO

 


OPINIÓN                                                               

Claves de bóveda


Las indeterminadas efigies en el techo de la basílica de Llanes 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

La iglesia parroquial de Santa María (Basílica Menor desde 1973, según título otorgado por Pablo VI a petición del arzobispo de Oviedo Gabino Díaz Merchán) es el edificio más estudiado de Llanes. Aunque algunos estudiosos consideran que sus orígenes están en el siglo XII, su construcción se inició en el primer cuarto del siglo XIII, tras la concesión del Fuero de Benavente a los habitantes de la Puebla de Aguilar por parte del rey de León Alfonso IX, y se terminó durante el reinado de los Reyes Católicos. Sin perder de vista los estudios referenciales de Ignacio Ruiz de la Peña y Juan Uría Ríu sobre el contexto histórico que dio lugar a la fundación de la villa llanisca, la bibliografía a nuestro alcance cuenta con trabajadas aportaciones de José Fernández Menéndez, Javier Fernández Conde, Elviro Martínez Fernández, María Cruz Morales Saro e Isabel Ruiz de la Peña González, entre otros.


Los investigadores, al examinar las interioridades góticas del templo, se han sentido atraídos por las efigies que aparecen en dos claves de bóveda de la nave central. Sus consideraciones resultan coincidentes, en general, y están basadas en la lógica, con la sola excepción de uno de ellos: en “Asturias” (1900), de Belmunt y Canella, el abogado y breve alcalde José Saro Rojas, redactor del capítulo dedicado a Llanes, afirma, sin ningún fundamento, que en la clave del tercer crucero aparece el retrato esculpido de Carlos I de España y V de Alemania. Una aventurada elucubración de la que se haría eco, sorprendentemente, el riguroso Fernando Carrera Díaz Ibargüen en su leído y releído libro “Llanes. Crónicas del tiempo ido”, publicado hace casi cincuenta años. Carlos, que había pasado en la villa dos días de septiembre de 1517 (y que nunca llegaría a confirmar el Fuero), “contribuyó espléndidamente” a la terminación de las obras de la iglesia, y seguramente fue la evocación de ese hecho lo que animó a Saro Rojas a escribir lo que escribió.

La ligereza de este historiador aficionado no pasa de ser una mera anécdota, comparada con las tesis del resto de los especialistas, que siguen otros derroteros. Para José F. Menéndez (1887-1940), sacerdote y miembro de la Real Academia de la Historia, “las claves de la bóveda que cae sobre el coro y la que sigue, representan dos caras: una de ellas es el retrato de un rey, y bien puede admitirse quiera representar al fundador de Llanes, Alfonso IX”. En la línea del anterior, otro sacerdote e historiador del RIDEA, Elviro Martínez, manifiesta literalmente lo mismo en dos de sus obras (“Estudios de Historia de Llanes” y “La Basílica de Llanes”).

Isabel Ruiz de la Peña, en su análisis de los elementos añadidos a la fábrica medieval de la iglesia de Santa María, apunta que “una de las claves de la bóveda del coro muestra un rostro humano, de aspecto grave, barbado”. Una descripción que no se corresponde de ningún modo con el aspecto que debió presentar el príncipe Carlos a los diecisiete años, es decir, a la edad que tenía cuando llegó a Llanes en 1517.

Es en el libro “Peregrinos. Ruta Jacobea por el oriente de Asturias”, de María José Grandoso Noriega, donde se nos informa con más detalle sobre las claves de bóveda: “Los llaniscos no olvidaron a Alfonso IX, ya que en la clave del tercer arco de la nave mayor de la iglesia se encuentra la efigie del que otorgó a la villa el documento más importante de su historia. La de su esposa, doña Berenguela, está en la clave del arco segundo”, sostiene la autora del estudio.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 22 de febrero de 2021).

Basílica de Santa María de Llanes. (Foto: JRRT).


viernes, 26 de febrero de 2021

LEOPOLDO ALAS, CLARÍN, Y LLANES

Leopoldo Alas, Clarín.


PARA SER POETA NO HACE FALTA SALIR DE LLANES


En una carta de agradecimiento fechada en Oviedo el 11 de abril de 1889, Leopoldo Alas, Clarín (1852-1901), acusaba recibo del libro de poesías “Aurora y nieblas” que le había enviado su autor, el escritor llanisco Demetrio Pola Varela (1855-1924), y, entre otras cosas, afirmaba lo siguiente:

“No crea usted que para ser poeta hace falta salir de Llanes ni menos tener maestros; lo que conviene es estudiar, no para aprender a ser poeta, sino para ver más y más cada vez en los mundos de las ideas, que se pueden escudriñar desde Llanes, lo mismo que desde Roma, París o Londres”. 

Trece años después, esta carta fue incluida en el libro "Poesías líricas y romería de Santa Marina" (1902), de Demetrio Pola, por los editores de la obra (Imprenta "Las Novedades"). 

H. del Río


Demetrio Pola Varela.


domingo, 7 de febrero de 2021

EL MIRADOR DE SAN PEDRO EN LLANES. Historias


OPINIÓN                                                               

Gaseosas y arquitectura


Un mirador de García-Lomas y un puesto de bebidas de Antonio Martín en los años 20 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El arquitecto madrileño Miguel García-Lomas Somoano (1888-1943), que veraneaba en Ribadesella, de donde era oriunda su madre, Regla Somoano Rivera, mostraría en Llanes una notable actividad durante el período de la dictadura del general Primo de Rivera. El tándem que formó con Rogelio Gutiérrez Sordo en los años previos al 14 de abril de 1931 es equivalente al que representaron Joaquín Ortiz y Francisco Marcos Purón en la etapa inmediatamente posterior. Un fructífero entendimiento, en ambos casos, entre un arquitecto y un indiano decidido a implicarse en el urbanismo.

Ya era autor en Ribadesella de un amplio catálogo de obras de estilo regionalista (entre otras, la mansión de Llano Margolles). A Rogelio Gutiérrez Sordo, con negocios en México, le proyectaría en la calle Egidio Gavito, esquina a la calle de la Estación, un chalé unifamiliar (que sería requisado por el Frente Popular en 1936 y albergaría la sede de las Juventudes Socialistas Unificadas hasta septiembre de 1937) y un edificio de pisos en la calle Mercaderes, junto a la Puerta de la Villa (donde había estado la capilla de Todos los Santos), en cuya planta baja se inauguró la glamurosa confitería “Auseva”.

Pero García-Lomas, padre del último alcalde franquista de Madrid, también concibió proyectos de una gran singularidad. Por ejemplo, a él y a su socio Urbano de Manchobas (arquitecto municipal de Eibar desde 1926, militante del PNV y exiliado en Venezuela tras la victoria de Franco) les fue encargado en 1921 el diseño de reconstrucción del palacio Duque de Estrada, en ruinas desde que fuera incendiado por los soldados de Napoleón en 1812. Este proyecto, denominado ”Hotel-Mansión Astur”, pasó al olvido con el advenimiento de la Segunda República. Sí se llevó a cabo, en cambio, el de la reconversión de los restos de la torreta de San Pedro en un mirador al Cantábrico y a la villa provisto de mástiles para banderas marítimas. La obra, realizada por el contratista Celedonio Torre, costó trescientas pesetas con setenta y cinco céntimos, y coincidió en el mismo paraje con un novedoso negocio estival ideado por Antonio Martín García (1884-1964). (A este simpático personaje, nacido en Ribadesella y casado en Pancar, lo recordamos en su época de representante de una fábrica de embutidos, cuando en la tienda La Pilarica fascinaba a los niños con una ocurrencia sin parangón: sacaba del bolsillo dos botones que parecían ojos, los colocaba entre los dedos de su mano izquierda, que envolvía con su pañuelo, y convertía el puño en un expresivo muñeco, con la cara de una vieja desdentada, al que ponía voz de ventrílocuo).

Años atrás, Antonio Martín, que había vivido la experiencia, no muy afortunada en su caso, de la emigración a México, abrió una tienda de calzado frente a la plaza de Parres Sobrino, y en julio de 1928 obtuvo permiso del Ayuntamiento para poner un puesto de bebidas, refrescos y meriendas en la Cueva del Taleru. Todo bajo la sombra de la cruz levantada en 1884 en lo más alto del paseo, que sería derribada al principio de la Guerra Civil y repuesta en 1938. Mesas, bancos, sillas y toldos se desplegaban sobre la hierba a pocos metros de la nueva torre vigía de la Sociedad de Salvamento de Náufragos. De la construcción recién terminada (un mirador excepcional levantado a partir de los restos de un antiguo semáforo pétreo de planta circular) José García Arco, Pepe, hizo unas cuantas fotografías. En dos de ellas posaron para el fotógrafo las hermanas Sira y América Ruales (las Pininas), apoyadas en la barandilla del templete de García-Lomas como modelos de una revista parisina de modas. 


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 27 de noviembre de 2019). 

El comerciante Antonio Martín.




viernes, 5 de febrero de 2021

LOS "CUBOS DE LA MEMORIA", INSPIRACIÓN DEL MODISTO MIGUEL MARINERO









Amanecer sobre los "Cubos de la memoria", Llanes (Principado de Asturias). 



HIGINIO DEL RÍO 

El diseñador y peletero madrileño Miguel Marinero ha encontrado en Llanes (villa en la que está profundamente enraizada familiarmente su esposa, Inés) poderosos estímulos de inspiración. Con su mirada de artista, explora los detalles de un paisaje extraordinariamente bello y explícito, descifrándolos y haciéndolos suyos. 

Se ha detenido ahora en la escollera del puerto, frente al ímpetu de las olas, donde están los “Cubos de la Memoria”. 

El modisto ha posado su mirada sobre los colores e imágenes que vivifican decenas de bloques hormigonados. Piezas de refuerzo del espigón que pasaron a formar parte de una singular iniciativa del escultor vasco Agustín Ibarrola, plasmada allí en 2003. Cada uno de los "cubos de la memoria" resume conceptualmente las esencias históricas y las señas de identidad de un territorio. Toda la iconografía sugerida en esa obra portuaria se refiere al Llanes milenario (las huellas del Paleolítico y del Neolítico, el legado medieval y el reverenciado pedigrí del Fuero de Alfonso IX, la peripecia secular de los antiguos mareantes, la emigración a América, la arquitectura indiana y la pureza y vigencia del folklore) y ha venido a nutrir de pronto la creatividad del diseñador. 

Ante ella, en Miguel Marinero se produjo un efecto de fascinación, que le ha llevado a asimilar y trasladar a diseños de prendas y modelos exclusivos la síntesis de la visión de Ibarrola: un repertorio de elementos dispersos de la idiosincrasia local, percepciones sueltas de una historia compartida, tradiciones populares, tópicos, signos y reflejos de un imaginario colectivo que Marinero ha traducido al carisma "fashion" y cosmopolita de la alta moda.

 

Miguel Marinero.


Diseños del modisto

Agustín Ibarrola (1930-2023).


 

jueves, 21 de enero de 2021

MANUEL CASTELLS Y SU RECETARIO PARA LLANES

 

Manuel Castells, buen conocedor de Llanes.

OPINIÓN                                                               

Consejos para navegar en un mundo globalizado



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En mayo de 1999, Manuel Castells Oliván, que ocupaba la cátedra de Planificación Urbana y Rural en Berkeley, Universidad de California, redactó un escrito titulado “¿Una aldea en lo global?”, dedicado a Llanes. En ese texto (hecho, quizás, a instancias de algún señalado veraneante cercano al Ayuntamiento llanisco), el sabio, que hoy parece tan retraído al frente del Ministerio de Universidades, se mostraba convencido de que el concejo de las treinta playas estaba llamado a diseñar un ejemplar modelo de desarrollo sostenible en el siglo XXI. 

Era un momento en el que las políticas municipales cobraban fuerza en toda Europa. Ante la paradoja de que en el mundo globalizado la gente se siente cada vez más apegada a su terruño, el catedrático meditaba sobre cómo puede navegar lo local en lo global, y manejaba dos conceptos clave: el de la información y el de la conectividad. Había que disponer de buena información (y poseer capacidad de procesarla) para poder tomar decisiones estratégicas adecuadas, decía, y era indispensable hacer de Internet un elemento omnipresente en la vida de los individuos y de las empresas. Con mucha precaución, eso sí, para evitar que la inmersión en el ciberespacio (con sus torrenciales oportunidades de intercambio, competencia, y creación de riqueza) hiciese añicos la identidad y el equilibrio interno del concejo.

Castells presumía de conocer Llanes bastante bien desde hacía muchos años, y en la “nueva geografía económica” lo veía como un lugar privilegiado, que aunaba calidad de vida y capacidad cultural e informativa, y que contaba con recursos “que para sí quisieran muchas localidades del mundo”. “Se vive bien, se come bien y los problemas sociales son limitados”, además de contar con una naturaleza de extraordinaria belleza “que aún, a trancas y barrancas, no ha sido irreversiblemente deteriorada”, constataba el sociólogo y economista. 

El futuro habría de pasar por resolver déficits en infraestructuras y comunicaciones (tales como la autovía del Cantábrico, el enlace con los aeropuertos de Ranón y Parayas y la puesta en marcha de algún tipo de servicio de transporte marítimo, “en versión ferry y en versión rápida overcraft”), tareas que eran competencia del Gobierno central y de la Administración regional. Para lo demás, esto es, para difundir y consagrar las nuevas tecnologías como instrumento de la iniciativa económica y del desarrollo personal de los llaniscos, el ayuntamiento podría apañarse él solo. La exhortación animaba a convertir la calidad de vida y la conservación de la naturaleza en un producto empresarial, a partir de las nuevas posibilidades de trabajo y de creación de empresas de servicios que brindaba Internet y siendo capaces de retener a los lugareños y de atraer a nuevos residentes. La consigna podía ser: “Vivir en Llanes y vender en Madrid”, y tan necesario era concienciar a los llaniscos como, sobre todo, contar con “emprendedores políticos”. Ésa era la cuestión de fondo.

El escrito de Castells está fechado unas pocas semanas antes de los comicios municipales de junio de 1999, si bien no vería la luz hasta el mes de julio (en el número extraordinario de El Oriente de Asturias), cuando el socialista Antonio Trevín había ganado ya la alcaldía. Se trataba, en realidad, de un recetario con intención electoralista y propagandística sin disimulo. En las últimas líneas, el hoy ministro adscrito a Podemos desnudaba su palabra de chamán: “No tengo ningún problema en hacerle propaganda a Trevín. Porque le conozco desde hace tiempo, sé lo que quiere y lo que piensa. Llanes tiene suerte en este aspecto”.    

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 19 de enero de 2021). 


sábado, 16 de enero de 2021

LLANES: PARADOJAS EN EL PUERTO


El puerto interior, ahora utilizado por embarcaciones deportivas. (Foto: H. del Río).



OPINIÓN                                                               

¿Multas por sobrevivir?



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Llanes, la mar y la actividad pesquera forman un todo indisoluble. Por eso, multar ahora con 300 euros a los pescadores por haber atracado sus lanchas dentro del puerto deportivo o interior, para protegerse cuando la meteorología anunciaba un temporal, resulta, cuando menos, una paradoja difícil de cuadrar con la historia de una localidad marinera.

Las noticias más antiguas sobre la labor y la importancia de los pescadores llaniscos proceden del siglo XIII y en la abundante bibliografía local no hay cronista o historiador que obvie el unívoco carácter marinero de la villa de Ángel de la Moría.

Elviro Martínez, investigador del Real Instituto de Estudios Asturianos, resumió ese pasado de un modo pedagógico: “Los hombres de Llanes han labrado desde siempre sus aventuras por el camino de la mar. Las rutas marineras, ya en guerras, ya en expediciones de conquistas, ya en el afán profesional y duro de la pesca, fueron siempre el escenario y el medio ambiente de su vida. Llanes, por esencia, es marinero”.

Ignacio Gracia Noriega escribió que, tanto en Llanes como en Ribadesella, “los marineros constituían los más antiguos núcleos de población urbana”.

Manuel García Mijares indicó que las ordenanzas del poderoso Gremio de Mareantes de San Nicolás (precedente de la actual cofradía de Santa Ana) habían sido aprobadas por los Reyes Católicos, y que, desde entonces, puede decirse que el trabajo de los pescadores constituyó la única o principal industria local.

Cayetano Rubín de Celis afirmó que “el Gremio de San Nicolás fue el alma de Llanes; sus quiñones y diezmos de la pesca, el único recurso que soportó las cargas de concejo; y la pesca de la ballena, su mayor fuente de ingresos”.

Lorenzo Laviades, en su novela “Blas el pescador”, reflejó literariamente como nadie el ambiente, las vicisitudes, las ilusiones y las esperanzas de los marineros del lugar.

Fermín Canella hizo notar que estos hombres, “viviendo en la ribera de un mar siempre inquieto y turbulento y en costa tan frecuentemente corrida por los corsarios, se adiestraron para toda clase de peligros; y no solamente con tales prendas se dedicaron a la pesca, tan acreditada en los mercados del centro, sino que ejercieron por mucho tiempo el comercio de cabotaje”.

Vicente Pedregal Galguera dio cuenta en sus crónicas de la idiosincrasia de los llaniscos, “que, avezados a las amenazas de las olas, desafiaban las de los poderosos”, y narró las incidencias de un pleito entablado con Pedro Junco de Posada (1528-1602), inquisidor, presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Salamanca, nada más y nada menos, ganado por el Cabildo de Mareantes…

En realidad, los pescadores llevan ocho siglos ganando pulsos y escribiendo las mejores páginas de la historia de Llanes. Su peso específico está documentado más que de sobra. ¿Ganarán ahora el pulso con Puertos? ¿Se alcanzará algún día un acuerdo satisfactorio para todas las partes implicadas, algo que no ha sido posible en los siete años transcurridos desde que entró en funcionamiento el puerto deportivo? ¿Se encontrará el modo de conciliar los intereses de los propietarios de las embarcaciones de recreo con los de la cofradía, tan legítimos unos como otros?

De momento, la impresión que se nos da con las multas es, en cierto modo, la de que los pescadores estorban. O la de que se pretende penalizar su capacidad de supervivencia.  


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 20 de junio de 2019). 

lunes, 4 de enero de 2021

GENÍN, EL DE "LA PILARICA", EN EL DESPACHO DE POSADA HERRERA

 

Fachada de la Casa Municipal de Cultura de Llanes.



ESE CLARO OBJETO DE DESEO

Llanes, Higinio del Río Pérez 

Ser el director de la Casa Municipal de Cultura de Llanes lleva consigo el privilegio de ocupar el despacho de José de Posada Herrera (1814-1885). Impresiona la relación de cargos que ocupó este ilustre hombre, uno de los llaniscos más importantes de todos los tiempos: fue catedrático de Derecho Administrativo, diputado y senador, director general de Instrucción Pública, ministro de la Gobernación, embajador ante la Santa Sede, presidente del Consejo de Estado, del Congreso de los Diputados y del Consejo de Ministros (el único asturiano que ha llegado a presidir el Gobierno de España), y fue condecorado con el Toisón de Oro.


Imagen de José de Posada Herrera, hacia 1882.












El despacho -hoy objeto de deseo, obsesivamente, según estamos viendo- se ubica en el ala oeste del palacio de los Valdés Posada (en el que murió José de Posada Herrera, no en el que nació, como se señala alguna vez erróneamente). Está en la segunda planta y se accede a él a través de un estrecho paso abierto en la galería que une la antigua capilla y sala de estar de la mansión (convertida en el salón de actos del centro cultural desde su inauguración en diciembre de 1987) con el propio despacho. Desde éste, una puerta trasera permite el acceso a la antigua escalera de piedra, con reminiscencias medievales que sube a una torreta almenada, sobre la calle lateral (donde está la popular sidrería El Almacén), y que baja, por la izquierda, al patio palaciego. Carlos Posada Miranda, descendiente del político decimonónico, me explicó una vez, detalladamente, in situ, cómo estaba dispuesto ese singular espacio, tal como lo había conservado la familia desde la época de don José: dónde estaban la mesa y la biblioteca, con los libros resguardados detrás de puertas de cristal, la tipología del noble mobiliario, los cuadros que colgaban en las paredes…



El despacho, visto desde el patio. (Foto. H. del Río, junio de 2020).



¡Quién le iba a decir a Pedro Pérez Villa (Pedro el Sordu) que uno de sus nietos ocuparía ese histórico despacho como director de la Casa Municipal de Cultura de Llanes durante más de tres décadas! ¡Y quién se lo iba a decir también a Genín, el de La Pilarica, el nieto de Pedro el Sordu en cuestión!

A lo largo de los treinta años y medio que la ocupé, presidieron esa estancia dos magistrales retratos fotográficos de cuerpo entero y en mediano formato, hechos por dos de los mejores fotógrafos en la historia de Llanes: el de Pedro Pérez Villa, por el gran Cándido (Cándido García Ovejas) en 1916, y el de Pilar Pérez Bernot (la de La Pilarica), por Pepe (José García Arco) en 1942.


Fachada lateral de la Casa de Cultura y ventana del despacho del director.



Fotografías: H. del Río (junio, 2020).