jueves, 29 de octubre de 2020
LOS PELÁEZ-FARELL: UNA HISTORIA ENTRE MÉXICO Y ESPAÑA
lunes, 12 de octubre de 2020
UN RELATO DE LORENZO LAVIADES SOBRE LOS PESCADORES VASCOS QUE VENÍAN A LLANES

“El Sablín”. Óleo de Juan Martínez Abades (1862-1920)
La cena a bordo
LORENZO
LAVIADES
Tras la costera de la anchoa, que era para nosotros alegre, pintoresca y llena de emociones, llegaba la del bonito, ya muy adelantado el verano. Y entonces volvían de nuevo los vizcaínos a invadir el puerto y las calles de la villa con su “chauchau”.
Eran estas nobles gentes para los que nos pasábamos la vida correteando por el puerto y las orillas del mar como los marineros arquetipos a los cuales debíamos imitar, aun sabiendo que cuando alcanzáramos la edad de la juventud nos habríamos de conformar con oficios terrales, artesanos u oficinescos.
Aún me viene un delicioso gusto al paladar recordando la cena que hice con unos pescadores de Ondárroa en un rincón del puerto de mi villa natal.
El “Mari-Begoña” era un vaporcito pesquero que alimentaba su caldera por la acción del agua y el carbón. Componían su tripulación diez y seis hombres y un “cho”, siendo el patrón el más fuerte y fornido de todos, según parecían demostrarlo su buena estatura, sus anchas espaldas y sus puños y bíceps de hierro.
- “¡Eh!” –nos gritaron aquella tarde cuando el barco se hubo aproximado al muelle- “Vosotros coger el cabo y atesar firme, pues”.
Y nosotros, que sabíamos algunas palabras del vascuence y presumíamos de ello como si domináramos el idioma entero, les respondimos:
- “Bai! ¡Bai!”
Recuerdo que éramos cuatro chiquillos, y que tan pronto como el barco atracó y nos lanzaron los cabos por la proa y por la popa, los atrapamos y mantuvimos bien firmes hasta que dos pescadores saltaron a tierra y los ataron a las argollas del muelle.
Este pequeño favor u otro análogo que les hiciéramos, era para nosotros como el pase de favor que nos autorizaba la entrada en el barco, cuya visita principal era siempre la máquina que le hacía caminar. Nos asomábamos entonces a las ventanillas del guardacalor y hablábamos con el maquinista y el fogonero mientras veíamos humear la caldera y bruñir engranajes y cojinetes.
Aquella tarde, después de descargar los bonitos que traían, le dimos por afición al “brus”, ayudándoles a baldear la cubierta sumergiendo los cubos en el agua. Y cuando hubimos concluido la tarea, se lavaron y peinaron los más, imitándoles nosotros.
EL OLOR DE LA MARMITA
Les debimos caer tan en gracia a aquellos honrados pescadores, que previos conciliábulos de unos con otros y de todos con el patrón, éste nos dijo de pronto, con sonrisa infantil y mostrándonos una dentadura limpia y sana:
- “Si vosotros tener cuchara, vosotros poder senar con nosotros, pues”.
- “¡Bai! ¡Bai!” –dijimos todos a una bailando casi de alegría.
Y como la marea descendía y el muelle quedaba más alto que la borda de la embarcación, ellos mismos nos montaron sobre sus robustos hombros para ayudarnos a saltar a tierra e ir a buscar las cucharas.
Cuando volvimos ya estaban todos sentados a la redonda en la popa, recibiendo cada uno una enorme rebanada de pan cortada con mucha ponderación por el patrón de la lancha. Una gran tartera colmada con el guiso más apetitoso del mundo humeaba en el centro del corro esperando que cada cual fuera metiendo en ella su cuchara.
Nuestra vuelta fue celebrada con risas y comentarios jocosos, como si quisieran decir que habíamos regresado volando para no perder el banquete. Entonces nos dieron a cada uno la rebanada de pan correspondiente, y, tras dejarnos sitio repartiéndonos entre ellos codo a codo, cesaron las voces y las risas y vimos cómo el patrón, seguido de todos, se quitaba la boina.
- “¿Vosotros querer resar Padre Nuestro con nosotros?” –nos preguntó amorosamente y con timidez.
- “¡Bai! ¡Bai!” –respondimos unánimes.
- “Entonces, cuando yo acabar en mi vascuense vosotros responder en vuestro Castilla”.
El patrón levantó su brazo recio y nervudo y trazó en el aire la señal de la cruz murmurando una afirmación de fe en el Creador.
“AITA GUREA…”
- “Aita gurea zeruetan zagozana…”.
Aquel rezo, devoto y solemne, que nos recordaba de lejos la Cena de Cristo con otros pescadores, fue turbado antes del final con las risas de unos mozalbetes que se hallaban en el muelle mirando con otros curiosos. Pero el rezo no se interrumpió, sino que siguió impertérrito hasta el fin, como si en aquellos momentos se creyesen los pescadores ausentes del mundo.
Luego, cuando la oración concluyó, algunos de ellos se pusieron en pie y sus rostros se demudaron, y no precisamente de miedo, sino de furor e indignación. Antes de que hablara el jefe no salió, sin embargo, de sus gargantas la menor palabra. Hasta en esto daban muestra de una elevadísima educación aquellas gentes humildes.
El patrón apuntó hacia los culpables y dijo, escueto y lapidario:
- “¿Vosotros reir…? Nosotros burras no ser”.
Y la frase parecía sonar más rotunda y más gráfica al decir burras y no burros.
Entonces sí que se rieron todos los que contemplaban la escena, y se vio huir de allí, corridos por la vergüenza o temiendo algo peor, a los desaprensivos interruptores.
Antes de sentarse de nuevo, el patrón invitó a los que seguían de curiosos en el muelle:
- “¿Vosotros gustar? Nosotros no tener más que ofreser, pero estar contentos”.
Y como nadie aceptase su invitación sino con sonrisas de agradecimiento, el rito placentero de la cena comenzó. Nosotros, al igual que los pescadores, inclinábamos el cuerpo hacia delante, metíamos la cuchara en la tartera, la apoyábamos sobre el pan y retrocedíamos de espalda a nuestro sitio. La bota de vino daba vueltas y más vueltas al corro de los comensales, pero nosotros, como no sabíamos beber sin pegar los labios al pitorro, lo hacíamos abriendo mucho la boca mientras el compañero de al lado nos echaba un chorrito en la garganta. ¡Qué delicioso resultaba esto! Algunas veces nos atragantábamos y nos hacía toser, y entonces sí que se armaba un jaleo de risas y comentarios sin fin entre aquellos hombres niños.
- “Vosotros beber mejor sagardua en vaso que
chacolí en bota, ¿o qué?”
Aludían a la sidra y al vino, y por seguirles la corriente y porque era la verdad, respondimos:
- “¡Bai! ¡Bai! Pero chorrito de chacolí, gustar mucho así”.
Tras haber comido la marmita llegaron las suculentas ruedas de bonito, calentitas y apetitosas, bien regadas también con el consabido chorrito de vino en nuestras gargantas.
Y cuando ya concluida la cena se dispuso la tripulación a saltar a tierra para pasear un rato por la villa, de nuevo nos volvieron a elevar sobre sus hombros aquellos recios mocetones a fin de ponernos sobre el muelle.
Todavía, antes de despedirnos, nos dijo uno de ellos:
- “Si
mañana nosotros volver aquí, también volver vosotros a cenar a bordo, ¿o qué?”
- “¡Bai! ¡Bai!” –contestamos todos a la vez.
Y cuando ya nos habíamos separado un buen trecho de ellos, el mismo que nos había hecho la invitación nos gritó desde lejos:
- “¡Eeeh! ¡Pero vosotros traer cuchara!”
- “¡Bai! ¡Bai!” –respondimos nosotros a voz en cuello.
Y un coro grande y regocijado de risas llegó a nuestros oídos envuelto en los comentarios de aquellos hombres fuertes y bravos que parecían tan niños como nosotros.
Madrid, 1962
viernes, 2 de octubre de 2020
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN DE MADRID (RAMA DE PERIODISMO): LA TERCERA PROMOCIÓN, 1978
PERIODISTAS ESPAÑOLES TITULADOS EN 1978.
La tercera promoción de licenciados fue la que estrenó el edificio de la facultad, que aún estaba sin concluir. Las clases del primer curso se iniciaron el 23 de enero de 1974 y PINCHAR AQUÍ PARA CONTINUAR
miércoles, 23 de septiembre de 2020
JERGAS DE ASTURIAS: LA XÍRIGA
| Visita a la tejera de San Miguel, Ardisana, en 2009. |
Algunos les llamaron los hombres de barro. Ellos, los tejeros, se pusieron el nombre de tamargos. Nadie, salvo quien aprendió su jerga, sabía de qué hablaban. Porque eran campesinos, pobres e ignorantes. Pero eran listos. Tanto que lograron rescatar parte del castellano antiguo y también nociones del euskera para crear su propia jerga, a veces jugando con las sílabas, otras cambiando el orden y siempre creando un vocabulario rico y audaz que aún se conserva y se utiliza para describir o referirse a ciertas cuestiones en Llanes. Le llamaron “xíriga”. La única intención era que el patrón, o el “man”, como así se decía en su lengua creada, no comprendiera sus diálogos. Era, al fin y al cabo, su mecanismo de defensa ante un jefe que nunca les quitaba la vista de encima.
Cuenta Higinio del Río, ex director de la Casa de Cultura de Llanes y gran recuperador y defensor de esta jerga, que la xíriga es “una lengua especial” que aún siguen usando en lugares del Valle de San Jorge, en Ardisana, en Caldueñu… y que se cuela entre conversaciones coloquiales, muchas veces, sin saber que se hace referencia a un lenguaje inherente al concejo, que asienta en los tejeros gran parte de su pasado.
Del Río cree que la xíriga “rebasa el campo estrictamente
profesional, pues se extiende a otros elementos de la vida cotidiana”. Prueba de
ello fue la enriquecedora exposición que el ex director diseñó para el
equipamiento cultural de la villa, a la que acudieron más de cinco mil personas
durante este año y donde pudo comprobarse que hay parte del lenguaje
inevitablemente unido a la xíriga. Porque las palabras han sobrevivido a las
tejeras, y siguen usándose términos como “xagarda” (manzana), “uguíu” (pan) o “gorre”
(paisano).
Pero la xíriga fue mucho más de lo que hoy se habla,
porque en esencia fue “un mecanismo de autodefensa con vocación de abarcar
todos los escenarios de la vida cotidiana”, entre ellos, un “vocabulario
pesimista e irónico-humorístico” y en cierto modo “liberador”, pues el tejero vivía
“en un medio hostil” y su argot “vino a ser una compensación”, algo liberador,
a través del cual se pudo exteriorizar una falta de respeto hacia el enemigo.
Higinio del Río creyó en la xíriga tanto como para
invertir ingentes cantidades de horas en conservarla. Impulsó cursos
municipales que tuvieron gran éxito entre la población y así, poco a poco, fue
creando escuela al tiempo que trabajó para conservar la historia. Una historia
que habla de hambre, miseria y palizas.
Antonio Sampedro fue tejero y fue conciso al resumir la
vida de los temporeros del barro. Contó tiempo atrás, tal como recoge la
historiadora Fe Santoveña en su libro “Balada triste de los teyeros de Llanes”,
que así era el oficio de hacer tejas y ladrillos que sacaron adelante hombres
campesinos, pobres e ignorantes, en su mayoría del municipio de Llanes, aunque
también de Cabrales, Onís, Cangas de Onís y Ribadesella. Hubo otros tejeros que
apoyaron su sentencia y, alguno más, habla de que aquel fue un tiempo de
semiesclavitud.
Todo está en los libros. Desperdigada su historia por documentos oficiales, y oficiosos. Sin darle, tal vez, la importancia que esta generación tuvo para la economía y el paisanaje de la zona. Fueron 250 años de viajes despidiéndose de esposas y madres (desde principios del siglo XVIII hasta mediados del XX), que duraban de abril a septiembre y que se emprendían a las tejeras del Norte de Castilla y del País Vasco hasta la llegada del otoño, cuando retornaban a sus pueblos. Trabajos que duraban siete días a la semana, desde la salida hasta la caída del sol, bajo las órdenes de un patrón cuya única preocupación era sacar la producción adelante.
sábado, 22 de agosto de 2020
FERNANDO DELGADO: IMPRONTA DE UN FERRETERO ASTURIANO EN EL COLECCIONISMO NUMISMÁTICO
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| El edificio de "Las 7 puertas", a la entrada de la calle Mayor de Llanes (1892). |
lunes, 17 de agosto de 2020
LLANISCOS EN NUEVA YORK
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| El sastre Aurelio Ruisánchez, en 1915. (Archivo de H. del Río). |
OPINIÓN
Eso era ya mucho bagaje -era casi tanto como doctorarse en Harvard- y en 1934, Aurelio decidió regresar y abrir en Llanes una tienda de confección que mantuvo abierta su hijo Julio hasta hace dos años junto al café Pinín. Era el primer llanisco que se había hecho sastre en Nueva York y dejaba tras de sí
viernes, 14 de agosto de 2020
TONY SOBERÓN, UN LLANISCO CAMPEÓN DE TANGO EN ARGENTINA
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| Tony y Mercedes, en el Casino de Llanes, 1999. (Foto: H. del Río). |
OPINIÓN
(De un artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 19 de junio de 2007).
martes, 11 de agosto de 2020
LLANES, EL ESPECTÁCULO DE LAS OBRAS DEL NUEVO PUERTO
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| Foto: Higinio del Río. |
OPINIÓN
El puerto interior de Llanes, pese a sus reducidas dimensiones, siempre ha sido una escenografía de poderosos efectos visuales, pero ninguna mejora introducida en él había tenido la intensidad cinemascópica y estereofónica que tiene ahora. Proyectos de este género -que, por razones obvias, han de ejecutarse contando con la bonanza del tiempo estival- son un espectáculo en sí mismos y convierten al espectador en copartícipe de un hecho histórico. La antigua Lonja, por ejemplo, inaugurada en marzo de 1936, fue objeto de general admiración, del mismo modo que, cuatro años antes, lo había sido la edificación del “Borinquen” (dos ejemplos de la modernidad racionalista, debidos al inspirado arquitecto Joaquín Ortiz).
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 21 de agosto de 2010).
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| Foto: H. del Río. |
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| Foto: H. del Río. |
domingo, 2 de agosto de 2020
AGUIRRE, EL INGENIERO DEL PUERTO DE LLANES
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| El ingeniero Aguirre, en los años 20. |
OPINIÓN
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| El Cercado, Llanes. |
sábado, 1 de agosto de 2020
LA PEREDA: EL PINTOR JORGE AYÚS, EN LA ICONOGRAFÍA DE LA GUADALUPE
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| Jorge Ayús, María Antonia Echevarría y Francisco Panizo, el 1 de agosto de 2000. (Foto: H. del Río) |
Un artista de Pancar
El autor de los planos del templo fue Juan Sordo Mijares, uno de los más prolíficos maestros de obras de la época, que ya había firmado proyectos de importantes edificios en la villa, como la casa de Juan García Varela, junto al puente, y la mansión de Rafael de Labra, al lado del Ayuntamiento, así como las casas de Luis Carriles en Nueva (1901) y otros inmuebles familiares en Pendueles (para Benito García, en 1892), Posada (por encargo de José Manzaneda, en 1896) y Poo (para Alejandro Gutiérrez).























