sábado, 4 de julio de 2020

JOSÉ MANUEL FEITO: UN SABIO DE PASO POR LLANES


Feito, en la Casa Municipal de Cultura de Llanes en 2007. (Foto: H. del Río). 


José Manuel Feito Álvarez, fallecido el día 29 de junio de 2020 a los ochenta y seis años, era un asturiano polifacético e insigne. Fue sacerdote, etnólogo, poeta e investigador, y se especializó en lenguas gremiales, alfarería, folclore y artesanía de Asturias. Ejerció como cura ecónomo de Miranda de Avilés desde 1964 hasta 2015, año en el que se trasladó a la parroquia de San Juan de Ávila.
Fue profesor de Religión en el Colegio San Fernando y en los institutos Carreño Miranda, La Magdalena y Menéndez Pidal hasta su jubilación.
Publicó importantes monografías sobre cerámica, con especial atención a la alfarería negra y a la presencia de la mujer en la producción, distribución y venta de enseres (las populares “cacharreiras”).
Miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), había recibido, entre otros galardones y reconocimientos, el Premio Nacional de Etnografía “Marqués de Lozoya” (1983) y el Premio Nacional de Periodismo “Mundo Negro” (1988).

En febrero de 2007 tuvo una destacada participación en el curso de xíriga (el lenguaje de los tejeros llaniscos) organizado por la Casa de Cultura de Llanes. En homenaje al sabio Feito recuperamos este artículo, escrito a raíz de su intervención magistral, llena de ingenio, sabiduría y simpatía, en aquel taller municipal.  


OPINIÓN       
                                                        

El paraíso de las lenguas gremiales


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Si, algún día, Llanes decidiera establecer en su territorio la cooficialidad de la xíriga (el lenguaje o argot de los tejeros llaniscos), ¿podría alguien negarle ese derecho...? Detrás de la xíriga hay una prolongada estela de historia, mucho sudor y mucha sangre, como en las lenguas clásicas, pero, a diferencia de éstas, a los “xíriga-hablantes” les queda cuerda para rato. Da la impresión de que la xíriga -un patrimonio cultural y sociológico de primer orden- puede seguir siendo útil como recurso expresivo y como instrumento de comunicación.
Es innegable el interés que despierta este tema. Durante los primeros meses de 2007, la xíriga y el mundo de los tejeros están siendo objeto de estudio en la Casa de Cultura de Llanes, dentro del programa de cursos municipales convocados por el Ayuntamiento. De esta iniciativa, verdaderamente sin precedentes, hablaremos aquí en un próximo artículo.
Hoy referiré tan solo el hecho de que en una de las sesiones de ese taller ha participado el sacerdote e investigador asturianista José Manuel Feito Álvarez (Pola de Somiedo, 1934). Miembro del RIDEA y reconocido estudioso de las expresiones jergales de nuestra región, el erudito “ñurriu”, que diría un tejero, expuso su idea de que “Asturias es el paraíso de las lenguas gremiales” y habló del “bron” (el argot de los caldereros de Miranda), de la xíriga y del mansolea (la jerga dialectal de los zapateros de Pimiango).

"PERO POR EL CULU..."

De la intervención de Feito, en la que no faltaron anécdotas muy ilustrativas, nos interesó mucho el apunte que hizo de la idiosincrasia de los caldereros, marcada por el sentido de la autoprotección (autodefensiva es también, por otro lado, la honda intención de las jergas gremiales en su conjunto). Al igual que los tejeros, los caldereros provenían de la aldea, de mundos empobrecidos y sin alfabetizar, y solían ser considerados gente de pocas luces y fácil de embarullar y de engañar. Pero esa apreciación estaba equivocada.
Veamos un ejemplo. Cuéntase -nos lo contó Feito- que un calderero llegó a Salamanca con un jamón para un hijo que tenía allí sirviendo a la patria. Era la época de la jambre. Dos estudiantes  -que desde el primer momento se fijaron el objetivo de hacerse con la vianda- mostráronsele amistosos y serviciales y le dieron palique. “¿No estará el hijo suyo, por casualidad, en tal cuartel?” 
“¡Sí, ahí mismu está!”, respondió él. 
“¡Hombre, pues resulta que el coronel que manda esa unidad es tío carnal nuestro!”
Total, que se le ofrecieron para interceder en favor del soldado y procurarle una mili de enchufado. “Lo único que haría falta, eso sí, es tener un detallito, ya sabe... Una caja de puritos, unas botellitas de anís del Mono, algo..., que nosotros le llevaríamos con mucho gusto de parte de usté”
El jamón ni lo mentaron, pues daban por hecho que lo acabaría sacando a relucir el propio paisano. Él se rascó la entrepierna. “Buenu, no sé” -dijo-. “Yo soy caldereru, y creo que hago bien mi oficio. Podría hacer el mejor calderu de todos los que hice en la vida. Inclusu voy vender una finca y el fondu lu voy a poner de oru”. El par de elementos empezó a presentir un chasco. El artesano añadió: “Y si al señor coronel, por lo que sea, no le interesara el calderu, lu podéis vender vosotros y ganar unas perras guapamente. Por el asa y lo de arriba no sacaréis gran cosa, pero por el culu van a daros bastante”


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 24 de febrero de 2007).






lunes, 22 de junio de 2020

DEL LLANES DE ANTES: LOGIO "EL CHULU"

(Foto: Higinio del Río, 1994).

Eulogio Cue Inés 
(1916-1995)

UNA VIDA CON LOGÍN



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


A los ocho años, Eulogio Cue Inés (“Logio el Chulu”), hacía de lazarillo de su padre, que perdió la vista en la mar. Poco después empezó a trabajar como marinero. La primera lancha en la que embarcó fue “La Troya”, en 1926. Era un chavalín de diez años.

Trabajó en “La Tienda Nueva” y de peón con su tío “el Niñu”, y más tarde repartió carbón por las casas. Le daban dos pesetas por llevar sacos de cincuenta kilos. Cuando no salían a la mar descargaba trenes. A su lado murió reventado alguno de sus compañeros. También fue sereno en el paseo de San Pedro, cuidando la fila de chalets que hizo Peláez Cebrián
De joven, Logio pasó alguna vez hasta tres y cuatro días sin llevarse a la boca ni un triste mendrugo de pan. Era todo pura miseria para los pescadores, que no tenían más remedio que pedir empréstitos a Ramón Miranda, a Saro y a Llerandi. Contraían deudas de hasta quince mil pesetas en los años treinta y cuarenta, y todavía deben quedar pendientes algunos pufos.
Anduvo enrolado en casi todas las lanchas de Llanes: la “Socorro número uno”, “Virgen María”, “El Orinoco”, “Virgen del Rosario”, “Rita García”, “San Pedro”, “Migarrena” y “La Castaña”, junto a tripulantes como Juanillo (Juan Toribio Goti Parás, el padre de Chucha la churrera), Tintán y Daniel “Sacafuegu”.
A los llaniscos, durante mucho tiempo, no nos era posible concebir la figura de Logio sin la de su hijo pequeño, Logín, que había nacido con una minusvalía psíquica. Siempre iban juntos y estaban incorporados plenamente al paisaje urbano más humano. Paraban mucho en el puente, en cordial plática con unos y con otros, y les gustaba sobremanera ir a ver las películas de vaqueros que echaban en el Benavente o en el Cinemar. “Logín liaba los cigarros como nadie”, dice el Chulu, y se le aguan los ojos. Por circunstancias de la vida, Logio se tuvo que quedar con él cuando el crío tenía cuatro años. A partir de ahí hizo de padre y de madre. Le lavaba y le peinaba; le enseñó a hacer aparejos, “y el probín no se cansaba nunca. ¿Estás cansau, Logín? ¿Quiés que lo dejemos un pocu?, le decía el Chulu a su hijo. “No; tú tira p’ alante, Eulogio”, le contestaba Logín sin levantar la vista de la faena.
Logín siempre llamó a su padre “Eulogio”, nunca papá o padre. Tan sólo el día de su muerte, postrado en la cama de un hospital y casi sin fuerzas, le susurró: “Papá, sácame de aquí”.

Logio está ahora en la residencia “Faustino Sobrino”, y se acuerda más que nunca de las palabras de Logín: “Tú tira p’alante, Eulogio”. Anda estos días algo fastidiado por culpa de una gripe que le impide cerner por la villa como él quisiera y seguir más de cerca las obras del nuevo puerto de Llanes, que él supervisa y comenta con criterios sobrados de sentido común desde el paseo de San Antón, como un general dirigiendo una batalla.  
                                                                
                                       (Resumen de un artículo publicado en el semanario EL ORIENTE DE ASTURIAS el 5 de mayo de 1995).


domingo, 14 de junio de 2020

LA COMPUERTA DE LLANES: ALEMANIA EN LOS ORÍGENES (1931)

Croquis firmado por Heyn en Hamburgo en 1931.
OPINIÓN                                                               

Conexión alemana


Un croquis hecho en Hamburgo y un contratista relacionado con el espionaje nazi 


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En los orígenes de la Compuerta de Llanes, monumento que tanto echamos de menos los llaniscos, hemos hallado un trasfondo de curiosas connotaciones (sin que sepamos si hay entre ellas algún grado de interrelación), que vinculan a la villa de Posada Herrera de una manera tangencial con la Alemania de Weimar

El proyecto de la esclusa ya estaba contemplado en 1931, dos años después de que José María Aguirre hubiera asumido la dirección de las obras del puerto llanisco. Sobre la mesa del ingeniero jefe, entre carpetas y planos desplegados, había información gráfica de trabajos similares en países del norte de Europa, y estaba a la vista el croquis detallado de una singular obra de ingeniería levantada en un muelle de Hamburgo. Este dibujo, en el que figuraba una anotación firmada por un tal Heyn con la fecha 23 de marzo de 1931, era el modelo que habría de inspirar el diseño de la Compuerta de Llanes. (Luis Fernández Trespalacios, por cierto, estudioso local de la marinería y de la pesca, autor del libro “Llanes y la mar”, aseguraba: “No se conoce en España ninguna compuerta igual a la nuestra, pero una vez oí decir a un alemán que hay otra muy parecida en el puerto de Hamburgo”). 
Heyn, un ingeniero de puertos, probablemente, con un apellido inequívocamente judío, acaso terminó viéndose engullido, no mucho después, en el drama del exilio, o en algo aún peor, cuando el terror nacionalsocialista se impuso en Alemania y los aires de la libertad de entreguerras quedaron borrados a latigazos. Imaginamos que en 1931 él y sus propuestas debían de gozar de cierto crédito. Fue el año, precisamente, en el que entró en escena en Llanes un contratista de Gijón, Bienvenido Alegría García, para encargarse de construir la Compuerta.
Sobre la biografía de ese gijonés, que no habría dejado indiferente a ningún novelista del género negro, el periodista asturiano exiliado en México Ovidio Gondi y el historiador Jesús Mella han arrojado luz y nos lo muestran nada menos que como un colaborador de los servicios secretos de Hitler. Hijo de Bienvenido Alegría Cuervo (fundador de la sociedad Talleres Alegría de Aboño en 1899), Bienvenido Alegría García había estudiado Peritaje industrial en Gijón, y en 1928 sacaría en Hamburgo el título de ingeniero constructor. Trabajó durante un tiempo en la ciudad hanseática, y luego regresó a su tierra natal para fundar su propia empresa de construcción.

Tras la Guerra Civil, en la que estuvo destinado en comisiones de fortificaciones del bando republicano, será cuando se manifieste la faceta oculta del personaje, en plena conflagración mundial. Gondi y Mella han dado cuenta de la relación epistolar que mantuvo Alegría a principios de la década de los 40 con un agente de la Abwehr llamado Heinz Lüning. Desde Cuba, donde estaba instalado, el espía alemán enviaba a Gijón (entre otros destinos) cartas comerciales, en apariencia, que, en realidad, contenían información sobre bases navales y movimientos de buques aliados. Alegría transcribía renglones camuflados en tinta invisible, y después lo remitía a otros agentes o a Berlín. Lüning acabó siendo descubierto por la Policía, y fue fusilado en La Habana en 1942. El contratista de la Compuerta llanisca, por su parte, continuaría la labor empresarial en Asturias, hasta su fallecimiento en 1979, a los 74 años.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 8 de junio de 2020). 


Operarios durante la construcción
de la escalera de la Compuerta, en 1933. 
Bienvenido Alegría García (1905-1979).
(Ilustración de Alberto Cimadevilla)

La Compuerta, en los años 70.


domingo, 7 de junio de 2020

CALLEJEANDO EN LLANES. HISTORIAS POR DESCUBRIR

María Ángeles Iglesias, a la puerta de su bar "A mi bola"
(antiguo "Xaréu"), en el lateral de lo que fue la
casa-palacio de Juan Pariente.
(Foto: H. del Río)

OPINIÓN                                                               

Modestia de piedra


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Es inevitable que los folletos turísticos y los catálogos y guías de monumentos olviden dar cuenta de algunos edificios y rincones íntimamente ligados a la memoria colectiva de las gentes. En Llanes, aunque obran antecedentes de más atrás (un álbum de fotografías de 1926, por ejemplo), la primera edición propagandística en toda regla se remonta al período de la Segunda República, durante el que nació la Asociación de Comerciantes e Industriales. La ACI puso en marcha iniciativas para atraer visitantes, y una de ellas fue la publicación en 1932 de un portfolio con abundantes ilustraciones, módulos de anuncios y rigurosas colaboraciones de los eruditos locales de más crédito, como Vicente Pedregal, el médico Thaliny y Fernando Carrera. En los años 60, gracias al CIT (Centro de Iniciativas Turísticas) esta tipo de publicaciones cobró un definitivo impulso. De todo ello tiene la colección más completa Guillermo Sordo, “el de la Sirena”, que en su comercio de calzados de la Plaza se muestra siempre servicial ante los turistas despistados que entran a comprar “chirucas” en los días de lluvia: para todos tiene útil información, aparatosamente transmitida con un repertorio de énfasis y gesticulaciones.

Guillermo Sordo es heredero de una época en la que los comerciantes asumían tras el mostrador el papel de guías turísticos, en la misma medida en que los folletos de ahora -tan perfectos en su diseño- han heredado, a su vez, la tendencia, arrastrada desde hace cuarenta años, a solapar testimonios pétreos del pasado. Una de las curiosidades que nunca salen en sitio alguno es el arco de medio punto, de dovelaje roído por los siglos y por la nortada, que constituye la entrada al Bar “Xareu”, en la Calle de Posada Herrera. Es la puerta lateral (única pieza original que queda) de lo que fue la casa-palacio de Juan Pariente, en la que pasó dos días en septiembre de 1517 el príncipe Carlos, que habría de ser rey y emperador.
Cerca de allí, en el número 17 de la Calle Mayor está el inmueble de “Acción Católica” (actual Escuela Municipal de Música), en el que dos o tres generaciones de llaniscos hemos vivido horas felices de nuestra infancia y juventud. Tampoco figura en los folletos, pese a ser el edificio que albergó la primera escuela pública de Llanes. Obra debida a la generosidad del clérigo Fernando Villar y Abariega, que instituyó en él una fundación con fines docentes en 1757, funcionaría hasta el curso 1928-1929, en que se inauguró la sede de las Escuelas Graduadas a espaldas del Parque de Posada Herrera (un proyecto, éste, firmado inicialmente por Juan Álvarez Mendoza, pero reformado por Leopoldo Corugedo en septiembre de 1921). Algunos de los críos más espabilados que estudiaron en el centro escolar de la calle Mayor llegarían a esguilar luego a carguinos de cierta importancia, como los de cardenal primado, diputado en las Cortes de Cádiz, ministro de Gobernación, presidente del Congreso, jefe del Gobierno de España o ministro de Hacienda. La escalera y la distribución de espacios son las que tuvo siempre, y junto a una de las ventanas el maestro Francisco Mijares escribió su “Monografía geográfico-histórica” (1902), cuando habitó el piso de arriba con su familia.
Retazos de los tiempos de “María Castaña”, como el desapercibido arco o el caserón de la vetusta escuela, aguardan todavía, en su modestia de piedra, a ser descubiertos no sólo por los turistas, sino, sobre todo, por los propios lugareños.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 1 de julio de 2003). 


El príncipe Carlos, retratado por Strigel.
(Galería Borghese, Roma).

lunes, 1 de junio de 2020

NOMBRES ASTURIANOS EN LA CARTELERA TEATRAL MADRILEÑA

Juan José Otegui, sentado, junto a José Sacristán,
en la obra "Las guerras de nuestros antepasados",
representada en el Teatro Bellas Artes.

Asturias entre bambalinas: Madrid, 1990


HIGINIO DEL RÍO

Pocas veces se ha visto el panorama teatral madrileño tan lleno de nombres de paisanos nuestros como ahora. En la enumeración de protagonistas, no se nos puede escapar, por ejemplo, el papel de Juan José Otegui en “Las guerras de nuestros antepasados”, nueva escenificación de una obra de Miguel Delibes; la compañía de Arturo Fernández sigue triunfando, mientras tanto (y lo que te rondaré, morena), con la comedia “Alta seducción”; en el veinticinco aniversario de la muerte de Alejandro Casona, es muy oportuna la reposición de “La casa de los siete balcones” en el Centro Cultural de la Villa, con Mari Carrillo como principal intérprete; Pedro Civera y Ramiro Oliveros encabezan el reparto que interviene en “La cinta dorada”; y, como remate, se acaba de estrenar en la Sala Olimpia el “Devocionario” de Etelvino Vázquez, dentro del Ciclo de Autores Españoles Actuales.


("ASTURIAS". Revista de información del Centro Asturiano de Madrid, Nº 129, Febrero 1990, pág. 15).



miércoles, 27 de mayo de 2020

MIGUEL ARTOLA, EN LLANES

                                                             (Foto: H. del Río)

Un historiador para entender España

En 1996, Artola participó, en la Casa de Cultura de Llanes, en un curso de verano de la Universidad de Oviedo 


Otro de los ponentes en ese encuentro fue Luis Miguel Enciso Recio 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El historiador Miguel Artola Gallego (San Sebastián, 1923), maestro imprescindible en el estudio de la Revolución Liberal y los orígenes de la España Contemporánea, falleció ayer martes, 26 de mayo de 2020, a los 96 años. Difícilmente se puede entender la historia de nuestro país de los últimos tres siglos sin haber leído sus libros.

Premio Nacional de Historia y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, Artola está vinculado, de algún modo, a la memoria reciente de Llanes y a nuestros recuerdos personales, pues en 1996 participó en el curso de verano de la Universidad de Oviedo “La huella de Jovellanos en el siglo XIX”, impartido en la Casa Municipal de Cultura de la villa llanisca. El alcalde de Llanes entonces era Manuel Esteban Miguel Amieva
En aquel curso, dirigido por Álvaro Ruiz de la Peña e Inmaculada Urzainqui y desarrollado del 1 al 5 de julio, Miguel Artola expuso la ponencia “La economía de mercado en el siglo XIX”. Fue el martes 2 de julio. Faltaban diez días para que cumpliera 73 años.

Otro de los ponentes del importante encuentro académico fue Luis Miguel Enciso Recio (Universidad Complutense), que el jueves día 4 pronunciaría la conferencia “Jovellanos y las Sociedades Económicas”. Verme, cara a cara con Enciso -hacía 30 años que no le veía- despertó en mí un caudal de emociones y recuerdos que me remitían a los años 1964 y 1965:
“Profesor, haga usted el favor de pasar a mi despacho, que está aquí al lado”, le dije. 
Una vez dentro, me identifiqué y le participé, lleno de orgullo, que yo había sido alumno suyo en el Colegio El Salvador de Valladolid, cuando él era director de aquel mítico centro de bachillerato ubicado en la Plaza de San Pablo de la capital vallisoletana. ¡Menuda sorpresa! ¡Cuantas imágenes se rebobinaron en unos segundos también por su parte! 
Me dio tiempo a hacer de apresurado guía turístico. Le expliqué que la Casa de Cultura de Llanes fue, en tiempos, la mansión familiar de José de Posada Herrera, y que la estancia en la que estábamos, al pie mismo de la torre medieval, había sido el despacho del estadista llanisco, único asturiano, hasta ahora, que llegó a ser presidente del Gobierno de España. 
Una vez sentado en la mesa del salón de actos para iniciar su charla, le hice la foto, en la que, por un momento, se muestra pensativo, como recordando la época gloriosa del Colegio El Salvador...

(Luis Miguel Enciso Recio (Valladolid, 1930-Madrid, 2018), fue catedrático de Historia Moderna, miembro de la Real Academia de la Historia, presidente de la Sociedad V Centenario del Tratado de Tordesillas y de la Sociedad Estatal Lisboa’98 y comisario general de España en la Exposición Universal de Lisboa en 1998. También fue senador electo por Valladolid en la Legislatura constituyente, representando a la Unión de Centro Democrático, UCD).  


Luis Miguel Enciso habló de "Jovellanos y las Sociedades Económicas". (Foto: H. del Río)
Miguel Artola fue presentado por Dolores Mateos, profesora de la Universidad de Oviedo. (Foto: H. del Río)

Tríptico del curso de la Universidad de Oviedo.


viernes, 22 de mayo de 2020

BALBINO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ: UN SARGENTO CON LA ORDEN DE INMOVILIZAR A DON JUAN DE BORBÓN

OPINIÓN                                                               

Esperando al heredero de la Corona


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

De muy joven, Balbino González Fernández (Pola de Allande, 1926) empezó a foguearse como mecánico en un taller de Grado, localidad donde había pasado la Guerra Civil con su familia. Siempre tuvo muy clara su vocación. Primero, consiguió ingresar en la escuela de técnicos de motores de aviación en Málaga, para lo que era preceptivo aprobar una oposición, y dos años después le destinaron a la Academia General del Aire.
Con el grado de sargento, fue profesor de Mecánica de Mantenimiento de Avión en el aeródromo leonés de La Virgen del Camino. Recorrería varios destinos: Albacete (como especialista en mecánica de reactores modernos y ya con los galones de brigada) y Mallorca, entre otros. También estaría en la Escuela de Vuelo sin Motor de Llanes, a las órdenes de los capitanes Antonio Salinas, Javier Bermúdez de Castro y Antonio Ramos, sucesivamente.


Casado desde 1958 con Mercedes Sáez Sotres, llanisca de La Portilla, Balbino González reside en Oviedo y no aparenta, en modo alguno, los noventa y cuatro años que ha cumplido. Su hoja de servicios da para mucho, e incluye, de refilón, hasta algún suceso mediático, de esos que sirven para sacar pecho entre los amigos, como aquella vez, en León,  que le tocó dar la bienvenida, al pie de la escalerilla de un avión, a Manuel Benítez, “El Cordobés”, uno de los grandes fenómenos sociales de masas de la España de aquel momento, que venía a torear en la plaza de Buenavista de Oviedo.
Aparte de su vida profesional unida a lo estrictamente militar, supo ejercer como empresario, y en esa labor dio muestras de buen olfato y sentido de la oportunidad. En compañía de un socio, fundó una empresa de ámbito nacional relacionada con la publicidad y la aviación, con cuatro pilotos en nómina y cinco avionetas a su disposición (una de ellas, preparada para intervenir en la extinción de incendios). Aquellos aviones sobrevolaban las playas en pleno verano y remolcaban pancartas que anunciaban productos de las grandes marcas.

Todo ha sido normal y previsible en su vida, excepto un recuerdo que tiene aún bien pegado al retrovisor: un día, estando cumpliendo servicio en el aeródromo de Lugo de Llanera, le llega un mensaje del estilo de los que se supone que reciben los agentes de espionaje de las grandes potencias. En él se le comunica la posibilidad de que el Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, vuele de incógnito desde Portugal hasta aquella base, muy básica y sin torre de control, en la que cualquier aterrizaje puede pasar poco menos que desapercibido. Por aquellas fechas, el hijo de Alfonso XIII jugaba sus cartas sucesorias y mantenía contactos en distintos escenarios con representantes de la oposición democrática a Franco, al rebufo de lo que el Régimen del 18 de julio denominaba “el contubernio de Múnich” (1962). La orden recibida viene a desbaratar bruscamente la tranquila rutina de Balbino: si Don Juan de Borbón aterriza en Llanera, se le dice, deberán ser inmovilizados, en el acto, tanto el aparato como sus ocupantes. Feo asunto. Por si fuera poco, para cumplir esa misión, la superioridad le proporciona el apoyo de un retén de la Guardia Civil, al mando de un sargento que afirma estar absolutamente decidido a disparar a las ruedas del avión y a todo lo que se menee… Transcurrieron horas de alerta tensa, hasta que se comprobó que lo del heredero de la Corona era una falsa alarma. Balbino respiró, y la Historia de España pudo seguir su curso, más allá de Lugo de Llanera.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 18 de mayo de 2020). 


Dos imágenes del recibimiento al torero El Cordobés
en el aeródromo de León. 

domingo, 17 de mayo de 2020

EULOGIO VICTORERO HARTASÁNCHEZ: AQUEL LLANES

OPINIÓN                                                               

Un funeral pagado por los amigos

En memoria de Eulogio Victorero, señorito calavera y arruinado, símbolo de la dignidad en la derrota 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Ramona Tamés Gavito -su fiel criada celoriana, que trabajaba en la casa familiar de los Victorero Dosal en Llanes desde los años 20- miraba por él como un hada madrina. Entraba Ramona a diario en La Pilarica (calle Mayor, 5), y entre las cosas que le pedía a Pilar Pérez Bernot nunca faltaba la especialidad suprema de aquella inolvidable tienda: “Córtame pa Logio un cuarto de esi jamonín tuyu tan buenu, Pilarina”. Se veía que Eulogio Victorero Hartasánchez (1941-2011), que murió hace unas semanas, sólo probaba los mejores manjares.

Era el último eslabón de una saga de gran importancia en la intrahistoria de Llanes. Su abuela paterna, Florentina Dosal Sobrino (doña Flora), sobrina del senador José de Parres Sobrino y pariente de los hermanos Faustino y Nemesio Sobrino Díaz, indianos y benefactores, era cuñada del segundo conde de Mendoza Cortina y hermana de Sinforiano Dosal Sobrino -un filántropo adelantado a su tiempo, que sufragó la compra de instrumentos para la banda de música, adquirió el primer automóvil visto en la villa de Ángel de la Moría y presenció en París la inauguración de la torre Eiffel, en 1889-. 

El padre de Logio, Manuel Victorero Dosal, había sido alcalde en los años de la dictadura de Primo de Rivera y vivía en el majestuoso edificio mandado constuir por su madre frente al antiguo convento de la Encarnación (una mansión levantada entre 1906 y 1909 por el maestro de obras gijonés Fermín Coste, el hombre que había introducido en Llanes nada menos que la práctica del fútbol). En 1930 o 1931, Victorero cedería el ático de su casa, bajo una cúpula señorial de capital, al arquitecto municipal, racionalista y masón, Joaquín Ortiz, para que instalara allí su estudio. Unos años después, al sobrevenir la Guerra Civil, el ex alcalde sería detenido y conducido a Gijón (la casa de doña Flora había sido requisada y convertida a esas horas en sede central de las oficinas del Frente Popular), y sucedió un hecho que muy poca gente conoce: Ortiz, fundador de la Agrupación Socialista local, consiguió excarcelar a Victorero, librándole muy probablemente de la muerte a manos de milicianos incontrolados, y le llevó en secreto a la casa de Eduardo García Valverde (Lalito), junto al paseo de San Pedro, en la que estaba viviendo circunstancialmente el arquitecto con su familia. Le mantendría escondido allí hasta la entrada de las tropas de Franco en septiembre de 1937. 

Logio nunca estuvo al tanto de estos arcanos de su genalogía. Huérfano y multimillonario, bastante tenía él con zambullirse en la dolce vita en la que estaba atrapado. Embuchado en esmóquines blancos o negros, sus jornadas de multimillonario transcurrían a velocidad de vértigo. Le veíamos aparcar su descapotable inglés junto al bar Palacios y entrar en el Casino, del brazo de mujeres de una belleza apabullante. Jugaba al póker sobre la misma mesa del Café Pinín donde el filósofo Fernando Vela había dirimido partidas de ajedrez, y nos parecía un James Bond de mirada triste y de corazón generoso, rodeado en cada juerga de adulones que chupaban del bote todo lo que podían y más. Compró un yate y se lo incendiaron, por envidia (a los pocos días, compró otra embarcación del mismo modelo). Una mañana se despertó completamente arruinado. Le tocó ganarse el rancho como pescador, enrolado en “El Vendaval”, la lancha de José Manuel Gutiérrez Meré, “El Belga”, y aprendió a encallecer sus manos de aristócrata viscontiano. En su recta final, desde hacía diez años, era camarero en el turno de noche del Madison, la elegante cafetería que regentan los hermanos Alvar en la calle Pidal. Su destino último fue el tanatorio, donde permaneció su cadáver dos días sin que nadie lo reclamara. Logio lo había tenido todo y lo había perdido todo. Todo menos la dignidad y el respeto de viejas amistades y antiguos amores, que pagaron a escote su funeral.  

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 9 de julio de 2011).



Edificio familiar de Eulogio Victorero, mandado construir
por su abuela, Florentina Dosal Sobrino (doña Flora),
a principios del siglo XX.

domingo, 10 de mayo de 2020

LLANES: AVENTURAS EN GLOBO



A Juan Cobos, en la memoria


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Durante varios años, siempre a finales de abril o principios de mayo, surcaban el cielo de Llanes quince o veinte globos aerostáticos, que participaban en la Travesía de los Picos de Europa, una iniciativa sin parangón dirigida y organizada por Juan Daniel Cobos Fernández, gijonés y presidente de la Asociación Española de Pilotos.
No se trataba sólo de una prueba deportiva que captaba la atención de todo el mundo. Era un motor de promoción turística de alcance nacional y universal, y cada globo, según se iba elevando, recortado ante la mar o ante la Sierra de Cuera, se convertía un poco en la metáfora de nuestros sueños, de querer volar y contemplar la vida y el mundo desde arriba, como algo pequeño, hermoso y vulnerable. Todo un espectáculo.

Juan Cobos siempre tenía a su lado colaboradores muy valiosos, como Carlos Meana Suárez, Elías González Calleja, Carlos Lladó Costa, Anulfo González Redondo, Javier Tarno Fernández, el mítico reportero de TVE Jesús González Green y, sobre todo, su esposa, Emma Hernández.
Desde 1992, se desarrollaron varias ediciones de la Travesía con el patrocinio del Ayuntamiento llanisco. En cada una de ellas, Llanes registró la colorista animación de globos, pilotos y acompañantes, que contribuía a vitalizar la economía local.
La Casa Municipal de Cultura era el punto de encuentro, y en el salón de actos se llevaban a cabo las reuniones informativas (los “briefing”), previas a los vuelos, con la intervención de organizadores, pilotos, meteorólogos y representantes de Protección Civil. No se dejaba nada sin atar. En 1992, entre el 27 de abril y el 3 de mayo, y gracias a las gestiones de Juan Cobos, el centro cultural acogió en su sala de la planta baja la exposición fotográfica “Globos aerostáticos”, del fotógrafo suizo Heinz Hebeinse. El conjunto de trabajos expuestos daba una idea muy descriptiva y precisa de lo que era la Travesía.
Juan Cobos falleció hace unos años, pero en Llanes se le sigue recordando con cariño. Ya forma parte de la historia llanisca de la aviación.

Juan Cobos, a la derecha, junto al alcalde llanisco, Manuel Miguel Amieva,
durante la presentación de la prueba,
en el patio de la Casa de Cultura de Llanes, el 9 de mayo de 1996. 

En el transcurso de ese acto, impuso al regidor la medalla 
de la Asociación Española de Pilotos de Globos Aerostáticos.
(Foto: H. del Río).





sábado, 2 de mayo de 2020

LOS HERMANOS LLACA ÁLVAREZ: VOLAR Y MORIR

OPINIÓN                                                               

El trágico destino de dos aviadores llaniscos


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Los hermanos José y Daniel Llaca Álvarez, oriundos de la localidad llanisca de Posada, estaban abocados a un destino trágico y a un desenlace en cierto modo simétrico en el tiempo y en el espacio. Aquel 23 de junio de 1952, Daniel (capitán del Ejército del Aire y ex jefe de la Escuela de Vuelo Sin Motor de Llanes) participaba en el IV Campeonato del Mundo de Planeadores, que tenía lugar en la base de Cuatro Vientos (Madrid). No muy lejos de allí, en esos mismos instantes, José se disponía a darse un chapuzón en la piscina. Daniel estaba a los mandos de una avioneta HM-9 y acababa de soltar las amarras del planeador de un aviador francés, al que remolcaba. José ya estaba sobre el trampolín, a punto de saltar al agua. De pronto, un ruido quebrado de motores descompuestos cubrió la escena. José, instintivamente, se puso en alerta y alzó la vista; divisó un aparato en trayectoria descendente que acabaría estrellándose a unos dos kilómetros de distancia. “¡Ése es mi hermano!”, gritó. Tal como estaba, descalzo y en bañador, salió corriendo campo a través, en la carrera más veloz de su vida; al llegar al punto del siniestro, casi sin aliento, encontró el cuerpo sin vida de su hermano en medio de los restos del fuselaje del avión.

Excelente deportista desde sus años mozos, José se había sumado al Alzamiento Nacional en 1936, cuando estudiaba en Pamplona la carrera de Medicina, tras haber acabado la de Comercio. Después de la Guerra Civil, formaría parte de la Escuadrilla Azul, integrada en la Luftwaffe, e intervendría con el grado de capitán en la campaña de Rusia (operaba desde Jarzewo hasta Kursk), en 1942 y 1943, pilotando un Focke-Wulf Fw 190, primero, y un Messerschmitt 109 E, después. Fue condecorado con la Cruz de Hierro por derribar cuatro aviones enemigos. A su regreso a España, y destinado a la Dirección General de Aviación Civil, sería el artífice de que Llanes contara con una Escuela de Vuelo Sin Motor.

El accidente mortal de Daniel Llaca se reviviría apenas tres meses después de lo ocurrido en Cuatro Vientos, y esa vez sería su hermano el protagonista de la noticia. En septiembre de 1952, José volaba a Llanes a bordo de un bimotor inglés “Aerovan”, acompañado por su esposa, Mercedes Suárez, y un fotógrafo. Tras hacer aquí una breve escala, tomó rumbo a Santander con la misión de hacer fotos verticales de la zona de Parayas, en la que se tenía previsto construir un aeropuerto. En las proximidades de Comillas, uno de los motores del aparato empezó a fallar y se paró. Situación de extrema emergencia. Volar con un solo motor no era posible. En un primer momento, Llaca pretendió aterrizar en la playa de Oyambre, donde se había posado en 1929 “El pájaro amarillo”, pero desistió de ello al observar la presencia de bastantes personas en el arenal. Buscó un paraje alternativo, pero no le dio tiempo. A la altura de Novales, el avión cayó en picado y sus ocupantes perecieron en el acto.

Estos renglones de la crónica negra de Llanes darían paso, sesenta y cinco años después, a un epílogo de inesperadas emociones. En el verano de 2017, María Luisa Sánchez-Rubio visitó la muestra organizada por la Casa de Cultura sobre la historia del campo de aviación llanisco y descubrió una imagen que le llegó al alma. “¡Ésa es mi tía Mercedes!”, exclamó ante el panel dedicado a José Llaca. “¡Y ese broche que lleva en la foto lo heredé yo y lo tengo en mi casa!”. A raíz de aquel encuentro fortuito, la exposición se enriqueció con varias prendas alemanas que utilizó Llaca en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial: el casco de vuelo, las gafas de pilotar (graduadas para la miopía) y un pantalón confeccionado por la empresa “Knebl & Ditrich” en Indija (localidad serbia que estaba entonces bajo dominio de Croacia, aliada de Hitler), cedido todo ello por María Luisa Sánchez-Rubio.

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 15 de diciembre de 2018). 


Cartilla militar de Daniel Llaca.
José Llaca y su esposa, Mercedes Suárez.