miércoles, 19 de abril de 2023

MANUEL TUERO MADIEDO, FALANGISTA, MASÓN Y HOMBRE DE LA CULTURA LLANISCA

De izquierda a derecha, José Luis Chiverto, Elviro Martínez, Manuel Maya y Manuel Antonio Tuero en el Casino de Llanes, en 1970. (Archivo de EL ORIENTE DE ASTURIAS).


 OPINIÓN                                           

Un inesperado masón


Manuel Tuero Madiedo, gran maestro de una logia y antiguo falangista, estuvo muy vinculado a Llanes en los años 60 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El abogado Manuel Antonio Tuero Madiedo (Villaviciosa, 1937) había sido una figura relevante en el paisaje cultural llanisco. En abril de 1970, junto a Manuel Maya, Elviro Martínez y José Luis Chiverto, integró el grupo de fundadores de la colección bibliográfica “Temas Llanes”, que llegaría a alcanzar más de cien títulos. 

Tuero, que en su juventud participó en la breve guerra de Sidi Ifni (1957) como cabo de una unidad paracaidista, sobresaldría en el sindicato vertical a la sombra de Falange Española. Pasó por varios destinos, dentro y fuera de su tierra. Fue delegado comarcal de Sindicatos en Tineo y secretario ejecutivo del Consejo Provincial de Trabajo en Asturias. De 1966 a 1969 le fue asignada la responsabilidad sindical comarcal en Llanes, y durante esa etapa promovió numerosos cursos formativos del PPO y se convirtió en estrecho colaborador de El Oriente de Asturias. Luego fue nombrado vicesecretario provincial de Ordenación Social en Huesca y casi un centenar de llaniscos le tributó en el restaurante Venecia un homenaje de despedida. “Deja entre nosotros un hueco difícil de llenar y una huella que perdurará en la memoria de todos”; “hemos despedido a un gran amigo, a un hombre que ha puesto en su tarea todo el entusiasmo de su corazón y el esfuerzo continuado y tenaz de su poderosa voluntad”, le piropearía el semanario de la familia Maya en sendas notas de sociedad.

No haría carrera política después de aquello, aunque en 1980 figuró en las listas de Falange Española de las JONS para las elecciones al parlamento catalán. Cuatro años más tarde fue expulsado del partido junto a otros veintitrés consejeros nacionales de Falange.

Donde alcanzaría notoriedad incuestionable sería en el campo de la abogacía. En procesos judiciales de gran eco mediático este letrado con bufete en la capital de España desde 1981 defendió a narcos gallegos, como Marcial Dorado, Laureano Oubiña y los miembros del clan de los Charlines, y también a Mohamed Ghaleb Kalaje, acusado de pertenecer a la célula española de Al Qaeda. En diciembre de 2007 encabezó, sin éxito, una de las candidaturas a decano del Colegio de Abogados de Madrid.

Lo que aporta a su biografía la dimensión más llamativa, sin embargo, es su condición de masón, algo verdaderamente pintoresco e inesperado en el currículum de un ex falangista. En el libro “Masonería al descubierto”, del periodista y profesor de la Universidad de Barcelona Pepe Rodríguez, se da amplia cuenta de sus pasos como Gran Maestro de la Gran Logia Federal de España. No le han faltado a Tuero momentos de gloria como miembro prominente de una sociedad secreta (o discreta, como prefiere decir él). Cuando en 2018 promovió en Madrid un encuentro para la fundación de una rimbombante Asociación Universal Masónica, el representante de una logia francesa le hizo entrega del título de Caballero Honoris Causa.

Siempre ha tenido buena pluma y recientemente hemos encontrado en la edición digital de la revista cultural andaluza La Garbía su artículo titulado “José María Torrijos: otro icono liberal”. Dos libros suyos son fruto de la experiencia política y de sugestivas mudanzas ideológicas: “… Y traerán prendidas cinco rosas. Falange: la historia-la doctrina” (Barcelona, 1979) y “El ABC de la Francmasonería” (Madrid, 2000). De éste, que publicó con el seudónimo “Riego”, conservo celosamente el ejemplar que me había regalado en 2005 su hija Olga. 

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 17 de abril de 2023). 


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martes, 11 de abril de 2023

FALLECE EN MADRID FERNANDO DÍEZ-ALEGRÍA FRAX, HIJO DEL MILITAR LLANISCO MANUEL DÍEZ-ALEGRÍA

Fernando Díez-Alegría Frax, en la Casa de Cultura de Llanes, en agosto de 2018, junto al retrato de su padre. Foto: H. del Río

 

Muere en Madrid Fernando Díez-Alegría, abogado de larga trayectoria en la banca


            Higinio del Río, Llanes

     Ha fallecido en Madrid, tras sufrir un infarto fulminante, Fernando Díez-Alegría Frax, hijo del teniente general llanisco Manuel Díez-Alegría Gutiérrez (1906-1987). Tenía ochenta y un años de edad. Era el segundo de los dos hijos del matrimonio formado por el ilustre militar y Conchita Frax. Su hermano, Manuel, abogado, reside también en Madrid.

    Licenciado en Derecho, Fernando Díez-Alegría había dedicado toda su vida profesional a la actividad bancaria. Se inició en el Banco Central (después, Banco Central Hispano) bajo la presidencia de Alfonso Escámez. Llegaría a ocupar cargos de responsabilidad y fue el encargado de abrir las sucursales de la entidad en París, Londres y San Francisco. Hablaba varios idiomas. Discreto y cualificado profesional del sector financiero, se convirtió en hombre de confianza de Luis Blázquez, sucesor de Escámez en la cúpula del BCH. Cuando en 1995 Blázquez fue nombrado por el presidente de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón consejero de Economía y Empleo, Fernando Díez-Alegría se convertiría en su jefe de gabinete. En 2001, Luis Blázquez pasó a ocuparse de la reestructurada Consejería de Economía e Innovación Tecnológica y dos años después sumó a sus competencias las de consejero de Trabajo y la Vicepresidencia Segunda del Gobierno regional madrileño. En todo ese tiempo tendría a su lado, como cargo de libre designación, al abogado de origen llanisco.

     Nacido en Melilla, Fernando Díez-Alegría pasó su infancia entre Barro y Buelna, localidad en la que había nacido su padre y donde se conserva la casa familiar. A Buelna acudía regularmente a pasar sus días de descanso. En él, el biógrafo del general Díez-Alegría, Pablo González-Pola de la Granja, encontró la colaboración fundamental para escribir el libro “Preparando la Transición. El general Manuel Díez-Alegría”, que vio la luz en 2018. González-Pola pudo acceder a las cajas que contenían la documentación personal del militar y sus memorias inacabadas.       

  Manuel Díez-Alegría Gutiérrez está considerado comúnmente como una figura icónica de la Transición. Ascendió a general en 1961, y a teniente general en 1967. Culto y liberal, fue promotor y director del Centro Superior de Estudios de Defensa Nacional (CESEDEN), jefe del Alto Estado Mayor, embajador en El Cairo y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Real Academia Española. En su célebre ensayo “Ejército y sociedad” expone las bases para la modernización, profesionalización y despolitización de las fuerzas armadas.


(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 11 de abril de 2023). 


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viernes, 10 de marzo de 2023

LA CASA DEL MARQUÉS DE LA BÉDOYÈRE EN EL PASEO DE SAN ANTÓN

Foto: Carmen Batalla

 
OPINIÓN                                           

Un epitafio en francés


El marqués de La Bédoyère (1872-1942) pasó en Llanes los últimos días de su vida y está enterrado en el cementerio de Camplengo 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

En las proximidades del faro de Llanes se han terminado las obras de rehabilitación de una mansión que atesora mucha historia desconocida. “La casa que tiembla sobre la cueva de San Antón”, la llamó el poeta Emilio Pola. Había sido construida en los albores del siglo XX por algún maestro de obras sobre un terreno de la marquesa de Argüelles, y parece inspirada en arquitecturas del norte de Europa (su cubierta, de gran volumen, recuerda el tipo de construcciones normandas o bretonas). La primera noticia sobre ella data de 1904 y se refiere a un inmueble para fábrica de salazón y escabeche que levantó el industrial Juan García Varela frente a la capilla de San Antón. Allí llegó a ensayar la banda de música que dirigía Gassola. 

En los años 30, María Josefa Argüelles la alquiló al matrimonio francés formado por Charles Yvon Raoul Marie Huchet, marqués de La Bédoyère, nacido el 4 de marzo de 1872 en Saint-Servan, y Marie Adolphine Akermann, nacida el 21 de abril de 1885 en Mesland. Nobles extranjeros que deciden asentarse discretamente en una España republicana. La casa ostentaba el número 20 del Paseo de San Antón. Cuando la pareja se empadrona en Llanes, en junio de 1934, la acompañaba una doméstica, Josephine Albertz, natural de Maastricht (Países Bajos), y en seguida se incorporarían a su servicio tres mujeres del concejo llanisco: Ramona Sordo y las hermanas Piedad y Lucía Huergo Martínez.

Charles era hijo de Alexis Huchet de La Bédoyère (1839-1918), subprefecto de Yssingeaux, Auvernia (de quien había heredado el marquesado de La Bédoyère), y de Mildred Greville-Nugent (1850-1906). Se había casado en 1895 con Marie Guibert, con la que tuvo dos hijos, Charles Xavier (1896-1981) y Mildred (1900-1944), y tras enviudar contraería nupcias (1913) con Marie Akermann en Burdeos.  

Los vecinos del Barrio Bustillo veían pasar al marqués a caballo, con dos perros de raza, camino de la playa de Toró, ataviado con bombachos, polainas, gorra a cuadros y jersey de golfista. Figuraba en el padrón como propietario (el estudioso Rodobaldo Ruisánchez apunta que se dedicaba, al parecer, “a negocios de exportación de pescado enlatado”). Cultivaba una huerta que tenía en la parte trasera, y en verano pasaba con ellos varias semanas una sobrina llamada Nicole. Aquella joven, con aire de alumna sartriana de la Sorbona y cabello cortado a lo garçon, acabaría casándose con el arquitecto Francisco Saro Posada (Paquito Saro), del que se separaría unos años después. Aún recordamos muchos llaniscos la hermosa lancha que poseía Saro, atracada en el centro de la ría, junto al Puente, y bautizada como “Nicole”.

Católico devoto, Charles Yvon Huchet asistía los domingos a la misa de doce y tenía como confesor al sochantre don Antonio M. Moriyón (de quien recibiría, a la postre, la extremaunción en febrero de 1942). Está enterrado en Camplengo, junto a la capilla del cementerio, en una tumba de piedra rosada que lleva grabada sobre la cabecera de la losa una cruz patada. Después de su muerte, el edificio de San Antón pasó a ser el Hotel Miramar, de Otilia Sordo Pesquera, entre cuyos huéspedes se contarían el filósofo Fernando Vela, el antiguo torero Alfredo Corrochano y su esposa, Mavi García-Vela (hija del cofundador de la Revista de Occidente) y también el fotógrafo Nicolás Muller. Una tarde, merendó allí Ortega y Gasset en 1955, el año de su fallecimiento, cuando descansaba unos días alojado en el Hostal Peñablanca. La omnipresencia del cercano faro y las sensaciones que producían sus luces en las habitaciones serían reflejadas por Vela en uno de sus textos: “A la noche veo, por los resquicios de las contraventanas, sus fulgores cuya periódica regularidad me tranquiliza y me acuna y aduerme como una canción repetida monótonamente”

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 8 de marzo de 2023). 




 


Tumba del marqués en Camplengo.

La espléndida mansión ha sido rehabilitada por el arquitecto José Luis Batalla. (Foto: H. del Río).  











sábado, 25 de febrero de 2023

PRESENTADO EN EL CENTRO ASTURIANO DE MADRID EL LIBRO SOBRE LA HISTORIA DE LA AVIACIÓN EN LLANES

El general Figuero Aguilar, jefe del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (a la izquierda), junto al autor del libro. (Foto: Armando López).


 Higinio del Río presentó su libro "Llanes ¡a volar!"


La presentación corrió a cargo de la periodista Marta Reyero 

“Es una satisfacción muy grande que podamos tener así el salón, con tantas personas para celebrar un encuentro de este tipo, como es la presentación de un gran libro”, afirmó el presidente del Centro Asturiano de Madrid, Valentín  Martínez-Otero Pérez, al abrir en el salón “Príncipe de Asturias” el acto de presentación de “Llanes ¡a volar! Un aeródromo en el horizonte de la aeronáutica de Asturias”, de Higinio del Río Pérez, el miércoles 25 de enero de 2023. El autor de la obra estuvo acompañado en la mesa por la periodista de televisión Marta Reyero Echevarría, el ex piloto Fernando Llaca de Posada, prologuista del libro, y el editor, Agustín Fernández Tresguerres, director gerente de la editorial Conais Gestión. Martínez-Otero recordó los diez años de servicio que cumplió Higinio del Río en el Centro Asturiano de la capital de España, donde desempeñó las funciones de jefe de prensa entre 1980 y 1989.

El libro recoge la historia de la aviación en el concejo llanisco a través de hechos y personajes que trascienden el ámbito local. Entre el público asistente se encontraban el general José Luis Figuero Aguilar, jefe del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (SHYCEA), el historiador Rafael de Madariaga y Carlos Manso, ex director del Festival Aéreo de Gijón y miembro de la Fundación Infante de Orleans (FIO).    


(ASTURIAS. Revista sociocultural del Centro Asturiano de Madrid. Marzo 2023 - Nº 660)


De izquierda a derecha, Higinio del Río, Marta Reyero, Valentín Martínez-Otero, Fernando Llaca de Posada y Agustín Fernández Tresguerres. (Fotos: Armando López).

 








domingo, 5 de febrero de 2023

RODRIGO RODRÍGUEZ COMOS: TRAZOS PARA EL CAPITÁN TRUENO

 EL HISTORIETISTA LLANISCO COMOS PUBLICÓ EN MEDIA EUROPA


El dibujante, que hizo páginas de "El Capitán Trueno", reside en Manresa (Barcelona), donde aún atiende encargos de pintura a sus 87 años


HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


Dos décadas después de que Alfonso Iglesias pusiera a Pinín a volar en un “madreñogiro” rumbo a la inmortalidad, empezaba Rodrigo Rodríguez Comos (Llanes, 1935) a idear aventuras y poner cara a incontables héroes y heroínas de cómic, que irían saliendo a la luz en publicaciones europeas de gran tirada. Firmaba sus obras con su segundo apellido y pronto habría de convertirse en un dibujante e historietista de éxito internacional.


La biografía de Comos arranca en el Llanes de los años 30, donde se habían conocido sus padres: Rodrigo Rodríguez Rodríguez (Villarejo de Órbigo, León, 1908), jefe del servicio de veterinaria del ayuntamiento y brillante ajedrecista, y María Teresa Comos Conde (Llanes, 1915), nieta del dueño de la próspera fábrica de conservas de pescado “La Llanisca”, José Conde. Tenían el domicilio en la calle Gutiérrez de la Gándara (la Calle Nueva).

En plena Guerra Civil, el padre formaría parte de la pequeña burguesía republicana local, cultivada e influyente, a la que pertenecían también los abogados Joaquín y Félix Fernández Vega, los médicos Manuel Vega Escandón y José María García Gavito y el arquitecto Joaquín Ortiz, quienes contribuyeron, entre julio de 1936 y septiembre de 1937, a evitar violencias, desmanes y atropellos en la retaguardia. Finalizada la contienda se le abrió expediente disciplinario (al igual que a sus compañeros del ayuntamiento), simplemente por el hecho de haber cumplido con su deber bajo la autoridad del Frente Popular, perdió su plaza de funcionario y sufrió el destierro. Se establecería con su familia en Galicia, donde ejerció su tarea de veterinario entre los encharcados caminos de un medio rural empobrecido, sin dejar en ningún momento la práctica del ajedrez, que fue para él un asidero liberador de penalidades. Poseía el título de maestro nacional y tomó parte en numerosos torneos. En 1953 obtuvo el subcampeonato de España en una final disputada frente al gijonés Román Torán. 

 

En "El Oriente de Asturias" ilustró 

textos de Constantino Cabal, 

Celso Amieva, Juan Antonio Cabezas 

y Baltasar Fernández Cue, entre otros 

 

Animado por él, su hijo empezaría a pintar y dibujar. A los trece años, Comos ganó una Mención de Honor en un concurso de la Obra Sindical de Educación y Descanso, y a los quince publicó en El Progreso de Lugo un tebeo de cosecha propia. Marchó luego a Madrid y a Barcelona con la idea de estudiar la carrera de aparejador, pero en el último curso decidió abandonar los estudios. Su deseo era aventurarse de lleno en el mundo del arte.

Para entonces (1960), ya había empezado a colaborar en la Ciudad Condal con la editorial Bruguera, que le publicaría trabajos en las revistas “Pulgarcito” y “Sissi”, dibujos para la colección bibliográfica “Historias” y para novelas ilustradas, y adaptaciones al lenguaje del cómic de la vida de personajes como Gengis Khan, Ricardo Corazón de León y el niño cantante Joselito, entre otros muchos. Llegó a hacerse cargo de la ilustración de varios episodios del Capitán Trueno, la popular serie creada en 1956 por el guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós. A través de Bruguera, le surgieron las oportunidades de publicar tiras fuera de España: Tex Norton, Wendy, Conny y Biggi, para la editorial alemana Batei Verlag; Monique y Loesje, para la holandesa Oberon; en Inglaterra, Barbie, para las publicaciones del sello Thomson & Company, de Londres; en Francia, Marouf (un justiciero anónimo, a la manera de El Zorro, enfrentado a los nazis en la época de la ocupación alemana), popularizado por Editions Impéria, de Lyon; y en Italia, guiones del género policíaco. Sus viñetas encontraron igualmente mercado en Escocia, Noruega y Suecia, donde eran muy apreciadas las historias de niñas y caballos que enviaba. Las colaboraciones de Comos en el extranjero durarían más de cincuenta años.

Para la prensa y la industria editorial asturianas, sin embargo, es casi un desconocido. Tan sólo en las páginas de los números extraordinarios de El Oriente de Asturias (cuyo director, Manuel Maya Conde, era tío carnal del dibujante) se pueden encontrar dibujos suyos ilustrando textos de Baltasar Fernández Cue, Constantino Cabal, Juan Antonio Cabezas, Celso Amieva y otros autores.   

Por encima de todo, y más allá de su acreditado currículo de historietista, Comos suele reivindicar con humildad su condición de pintor. De formación  autodidacta, influido por sus visitas de juventud al Museo del Prado, evidencia en sus óleos y acuarelas una factura realista e impresionista. Su primera exposición individual, a los veinte años, había sido en el Círculo de las Artes de Lugo, el mismo lugar en el que jugaba al ajedrez su padre. Todas las demás se organizarían en Cataluña. Desde 1967 reside en Manresa, y a sus ochenta y siete años le siguen llegando a casa encargos de retratos, paisajes y carboncillos. 

 

(Artículo publicado a dos páginas en el suplemento “Siglo XXI” del diario LA NUEVA ESPAÑA, el domingo 5 de febrero de 2023). 



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viernes, 30 de diciembre de 2022

CUANDO LOS NAZIS DOMINABAN LOS CIELOS LLANISCOS

El capitán de las baterías antiaéreas de la Legión Cóndor instaladas en la Cuesta de Cue. Foto tomada el 23 de septiembre de 1937. (Archivo General Militar de Ávila)

 

CUANDO LOS NAZIS DOMINABAN LOS CIELOS LLANISCOS

 

El periodista Higinio del Río relata en el libro “Llanes ¡a volar!” la historia del aeródromo de la Cuesta de Cue, hoy campo de golf, que albergó desde los pioneros de la aviación española a los pilotos de la Legión Cóndor de Hitler.


EDUARDO LAGAR

 

Resulta inverosímil pensar que una imagen de Mickey Mouse pudiera ser el distintivo de una escuadrilla de aviones de la Luftwaffe, la aviación del III Reich. Pero así era. La 3ª escuadrilla del grupo de caza Jagdgruppe 88 de la Legión Cóndor, la misma que en la Guerra Civil bombardearía Gernika, tenía como mascota el ratón ideado por Walt Disney. En esa escuadrilla figuraba como piloto Adolf Galland, por entonces teniente primero, aunque con el tiempo llegaría a convertirse en general de la aviación nazi. En septiembre de 1937, Galland y los suyos llegaron a Asturias en auxilio de las tropas sublevadas y ocuparon el campo de aviación que existía en la Cuesta de Cue, en los terrenos que hoy se han convertido en el campo de golf municipal de Llanes. Galland tendría unas líneas de recuerdo a sus tiempos en Llanes en su autobiografía, titulada “El primero y el último”. En esas páginas manifiesta su sorpresa por las características de la pista: “Estaba situada sobre una meseta, cuya ladera norte caía abruptamente sobre las aguas profundamente azules del Cantábrico. Las tres faldas restantes poco tenían que envidiarle en lo violento del declive, de manera que aquello era como si despegáramos desde la azotea de un enorme rascacielos junto al mar. Los estrechos límites del aeródromo estaban guarnecidos por sólidos cercos de alambre tejidos para evitar posibles caídas de aviones. El conjunto era similar a una cancha de tenis de gran tamaño. Aparte de su pintoresca belleza -a un lado la amplia visión sobre el Cantábrico azul y al otro el escarpado paisaje montañoso asturiano, que se extendía hasta los Picos de Europa cubiertos de nieve-, Llanes nos ofrecía la ventaja de su proximidad al frente”.

La historia de este nazi tan sensible a las bellezas llaniscas forma parte del libro “Llanes ¡a volar!”, que acaba de presentar el periodista Higinio del Río, que durante tres décadas dirigió la Casa de Cultura del concejo llanisco. La peripecia de Galland, que sería precursor de los ataques aéreos con bombas incendiarias contra los republicanos que lucharon en la batalla del Mazucu, es solo una más de las muchas que componen este volumen profusamente ilustrado con las fotografías de todos los que, de una manera u otra, tuvieron algo que ver con ese aeródromo que resultó clave durante la Guerra Civil, primero como enlace de las autoridades de la República con la capital y luego como base de operaciones de la Legión Cóndor.

Esta obra, que trata de resaltar la importancia del concejo en la historia de la aeronáutica de Asturias durante todo el siglo XX, surge de la exitosa exposición titulada del mismo modo que Higinio del Río organizó en la Casa de Cultura de Llanes en 2017, antes de la jubilación de la que ahora disfruta. La muestra, producida por él mismo, se quedó sin catálogo y Del Río se ha decidido a hacerlo realidad. El resultado es un libro con formato álbum en tapas duras que recorre de manera cronológica la historia del aeródromo de la Cuesta, que después de la Guerra Civil mantuvo su importancia al convertirse en una de las tres escuelas de vuelo sin motor que había en España. Esta actividad se desarrolló entre 1944 y 1963.

 

Los alemanes que masacraban 

a los republicanos 

que resistían en el Mazucu 

tenían como insignia en 

  sus aeroplanos a Mickey Mouse 

 

El relato que hace Higinio del Río, profusamente documentado, nace también de una obra suya anterior, la que dedicó al arquitecto racionalista Joaquín Ortiz, autor del proyecto sobre el que sustentó la construcción del aeródromo y del hangar que se construyó, y que desapareció en 1941. Hoy aún se conserva el edificio del aeródromo.

El libro “Llanes ¡a volar!” contiene una novela potencial en cada capítulo, tales son los perfiles protagonistas de la historia de este aeródromo. Como el relato es cronológico, la figura que abre el libro es la de la primera persona que tomó tierra en la azotea de este rascacielos sobre el mar, el piloto francés Léonce Garnier. Estge antiguo comerciante de vinos residente en San Sebastián tomó tierra en la Cuesta en 1919, pero ya era conocido en Asturias. En 1911 fue la gran atracción de las fiestas de San Mateo de Oviedo, cuando los ovetenses tuvieron que pagar 2,40 pesetas por disfrutar del espectáculo con asiento y 0,50 pesetas en entrada general. Entonces era una atracción revolucionaria. El primer vuelo “sostenido por una aeronave más pesada que el aire” se había producido solo ocho años antes, el 17 de diciembre de 1903, por los hermanos Wright en Kitty Kawk, Carolina del Norte, Estados Unidos.

De todas las historias y personajes que Higinio del Río hace desfilar por “Llanes ¡a volar!”, su preferido es Benjamín Gutiérrez Junco, piloto de la República, nacido en Parres de Llanes en 1900. En 1921, se escapó para no ir al servicio militar en la guerra del Rif y en Francia aprendió el oficio de piloto y de mecánico. Allí logró su primer gran hazaña: la travesía París-Madagascar en un avión construido íntegramente por él pero pilotado por un tal Lefevre. Cuando en agosto de 1931 la II República amnistió a los que tenían delitos políticos, sociales y de imprenta de la dictadura de Primo de Rivera, Gutiérrez Junco regresó a su casa por todo lo alto. El 17 de agosto de 1931, llegó como copiloto de Pierre Desmazières a bordo de un Potez 36. Aterrizaron en la finca de Malzapatu mientras sonaban los acordes de “España cañí”.

 

(Artículo publicado a dos páginas en el suplemento “Siglo XXI” del diario LA NUEVA ESPAÑA, el domingo 27 de noviembre de 2022).










jueves, 29 de septiembre de 2022

PERIODISTAS EXTRANJEROS EN LA GUERRA CIVIL

 
Una vista del Paseo de San Pedro. (Foto: H. del Río).


OPINIÓN                                           


El enigma Vincenzo Ascoli


Tras la pista de un corresponsal de guerra italiano en el Llanes de 1937 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

El italiano Vincenzo Ascoli es el único periodista extranjero del que se tuvo noticia en el concejo llanisco durante la Guerra Civil. Llegó el 5 de septiembre de 1937 junto a la IV Brigada Navarra. Encontramos su nombre en un artículo de José Antonio Cepeda González (1921-1999), titulado “Un canto a Llanes”, y rescatado por Manuel Maya Conde en 1987, en el que se recoge una curiosa crónica suya, “modelo en su género”. 

“Llegué al atardecer a Llanes, una villa situada sobre el Cantábrico. Las tropas habían fijado sus posiciones de avance en un pueblo llamado Celorio, pero yo preferí quedarme hasta el día siguiente en esta villa donde fecho mi crónica para ustedes. Las gentes han llenado los balcones de banderas, de blancas sábanas y hasta de tapices antiguos, sacados tal vez de un viejo caserón. Como esto lo vengo contemplando, repetidamente, desde Irún, quise conocer la población por mi cuenta y riesgo”, comentaba el reportero de guerra transalpino a sus lectores.  

Aquel día de septiembre, mientras la IV Brigada Navarra tomaba la localidad celoriana tras duros combates, en los que resultaría herido su comandante, Camilo Alonso Vega, Ascoli recorría tranquilamente los aledaños del Sablón y el Paseo de San Pedro:

“Seguí un encantador laberinto de calles y dí pronto con el mar, en una playa de fina arena. Desde allí subí a un paseo que corre a lo largo de la costa, a bastante altura. En el pueblo resonaban los gritos de júbilo del vecindario y, más lejos, hacia un monte oscuro, crepitaba el fuego de las ametralladoras. En el paseo no había un alma. El contraste no podía ser más bello. La paz que todos ansiamos se extendía bajo los árboles y yo puedo asegurarles que hubiera estado allí horas y horas, si no hubiese que escribir estas líneas. Un inmenso mar, sin olas, llegaba dulcemente hasta la base rocosa del paseo y unas gaviotas iban y venían del agua a la tierra verde”, explicaba Ascoli. A juicio del autor de “Un canto a Llanes”, estamos ante “una de las mejores descripciones, en cuanto a sentimiento, del Paseo de San Pedro”.    

En su artículo, Cepeda cuenta que el italiano moriría en el frente de Grecia, en plena Segunda Guerra Mundial, pero no desvela la cabecera del medio informativo para el que trabajaba ni la fecha de publicación de la crónica escrita desde el belvedere llanisco.

Vincenzo Ascoli representa un enigma de ochenta y cinco años de antigüedad. Es un personaje sin rostro. Una tentadora invitación a investigar. Con la esperanza de encontrar alguna pista, acudí a Paola del Vecchio, delegada en Madrid de Il Messaggero, quien me sugirió contactar con Fabio Fattore, autor del libro “Gli inviati di Mussolini. I corrispondenti di guerra 1940-1943” (“Los enviados de Mussolini. Los corresponsales de guerra 1940-1943”).  

Llevo intercambiados cuatro correos con Fattore, que se muestra muy interesado en el asunto. “É un bel mistero”, “una bella storia”, me insiste. Ya está manos a la obra. El acreditado especialista ha comprobado que en el anuario de la prensa italiana de 1939-1940 no consta ningún Vincenzo Ascoli o D’Ascoli y que entre los periodistas caídos en el frente greco-albanés a principios de los años 40 no hay nadie con ese nombre. Baraja varias hipótesis: pudo haber sido un soldado con aficiones literarias; Ascoli es un apellido hebreo, dice, y en 1937 todavía era posible que un judío fascista fuese destinado a España, bien como corresponsal de prensa o como integrante del Corpo di Truppe Volontaire, ya que las leyes raciales del Duce no entraron en vigor hasta el año siguiente; también podría tratarse de un seudónimo, aunque parece raro que alguien lo utilizara en vísperas de la legislación antisemita.  

Fabio Fattore proseguirá sus pesquisas en otoño. Le aguardan los fondos de la Biblioteca Nazionale Centrale di Roma y otros muchos archivos llenos de secretos dormidos.    

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 29 de septiembre de 2022). 


Libro sobre los corresponsales de guerra italianos. 

Fabio Fattore nació en 1968 en Forli, ciudad italiana de la región Emilia-Romaña, capital de la provincia de Forli-Cesena, al noreste del país. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Bolonia. Desde 1990 es editor de Il Messaggero. Autor de varios libros, como “De nuestros corresponsales a Giarabub” (2006) y “Los italianos que invadieron China. Crónicas de guerra, 1900-1901” (2008). En la editorial Mursia ha publicado “Los enviados de Mussolini” (2018).   




viernes, 26 de agosto de 2022

EL CABRALIEGO ALBERTO PARDO BUSTILLO Y SU LIBRO "COMO ORO EN PAÑO"

Alberto Pardo Bustillo, en la fila inferior, junto a sus padres y hermanos. 

 

OPINIÓN                                           


Recuerdos como fotogramas


Alberto Pardo recoge en un libro los años de su infancia en Arenas de Cabrales 



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ

Encabezando la comitiva, nosotros, los monaguillos. En el largo trayecto desde la iglesia hasta el cementerio de Pandu, unos dos kilómetros y medio, caminos, carretera y un empinado tramo final sin asfaltar, con curvas y contra curvas, muy exigente para todos, especialmente para los porteadores, el respeto era absoluto. Sólo se escuchaban el ruido de las pisadas, los carraspeos y los gemidos. Salíamos de la iglesia con toda seriedad, tras haber acordado andar ligeros, frenar, correr y frenar al frente de la comitiva. Dispuestos a marcar el paso. Por momentos los llevábamos a la carrera. De repente, ralentizábamos y aquello era un no avanzar, para desesperación de don Juan. Y, entre medias, con la cara pegada a las barras de los ciriales y la cruz, las risas iban y venían


Para el cineasta y periodista Alberto Pardo Bustillo (Arenas de Cabrales, 1962), que era uno de aquellos monaguillos que urdían travesuras en la sacristía del templo parroquial de Santa María de Llas, la nostalgia es un mal imposible de curar. Quizá por ello todas las páginas de su primer libro, “Como oro en paño”, que acumula recuerdos de su infancia cabraliega, están escritas en un tono alegre, pero, sobre todo, nostálgico y sentimental. La nostalgia es una energía creadora, y sin ella no se puede construir un relato convincente sobre la niñez y la adolescencia que uno ha tenido. 

La particularidad de “Como oro en paño” es el ritmo ‘cinematográfico’ con el que Alberto Pardo objetiva las imágenes que tiene grabadas en la memoria y la manera en que conjuga escenas y detalles: Había alegría. Éramos familias enteras y vecinos con un grado de convivencia como de parentesco familiar. Yo disfrutaba mucho en los samartines. Me gustaba ver a tanta gente conocida junta en un mismo sitio y a lo mismo. A los niños se nos daba la vejiga del animal, inflada, para jugar al balón en el suelo de tierra manchado de sangre.     

Con Arenas de Cabrales como plató, el guión para este ejercicio retrospectivo incluye elementos variopintos, que se suceden a modo de fotogramas de un particular “Amarcord”. Encabezan cada capítulo sugerencias ‘proustianas’ de olores y sabores, se hacen oportunas descripciones de la geografía del lugar, se juegan partidos de fútbol sin final en la carretera de Arangas, se intercambian tebeos y aventuras del capitán Trueno; se hace irresistible la tentación de robar ciruelas en la finca de Pedro, en Pandiellu; se intenta pescar truchas y anguilas en el Ribeles, y el suspense del juego del “receto” (el escondite) se adueña de las tardes de invierno. Todo el ciclo de la primera etapa de la vida, incluido el primer contacto con la realidad de la muerte, hecho ahora literatura sencilla y amena. Pequeña historia dispersa que trasciende del ámbito personal.        

Tanto como a él, los recuerdos que comparte Alberto Pardo Bustillo -hombre de radio, responsable del gabinete de Prensa del Ayuntamiento de Llanes desde hace muchos años y galardonado director de cortometrajes- pertenecen a las generaciones que crecieron entre los últimos vestigios de la posguerra y los planes de desarrollo de Laureano López Rodó. Al recrear las vivencias escolares en el franquismo, el mundo perdido de los bares-tienda, las pastas “Reglero” con capa de chocolate (que se vendían sueltas a dos pesetas), la emigración a Europa; la sombra preconciliar de don Juan Ardisana (el párroco), las romerías de prao, los pasodobles de Los Panchines, las sesiones de cine en el Ateneo, el festival de Eurovisión (seguido sin pestañear en uno de los dos televisores que había en el pueblo), el primer amor y muchas más situaciones, el autor ha redondeado un veraz estudio sociológico de los años 60 y 70.  

(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el lunes 20 de junio de 2022). 


Alberto Pardo Bustillo (Arenas de Cabrales, 1962).