La Cofradía de Pescadores, premiada ahora con toda justicia por la Fundación Princesa de Asturias, es depositaria de un legado esplendoroso de protagonismo económico y poder local. Los llaniscos hemos crecido y vivido a la sombra del secular y determinante protagonismo de los marineros, y siempre hemos sabido que son parte de nuestra identidad. Si en la infancia los idealizábamos como héroes de películas de aventuras (tenemos aún muy vivo el recuerdo de cuando vimos por primera vez entrar a Estanislao Herrero en el puerto a los mandos de la “Eloína”, una embarcación digna de Errol Flynn), años después descubriríamos en un libro de Vicente Pedregal la dimensión real del poder que ejercía antaño el gremio: contaba el cronista que a finales del siglo XVI Pedro Junco Posada, obispo de Salamanca y miembro relevante del Tribunal de la Inquisición, manifestó su voluntad de ser enterrado en el presbiterio de la iglesia parroquial. Parecía que nada ni nadie podría impedírselo, pero la cofradía marinera se opuso desde el primer momento. El prelado insistió y presentó arduo pleito, mas todo fue en vano. Ante la oposición férrea de los pescadores, no le quedó más remedio que dar marcha atrás y buscar otro lugar (el palacio renacentista de El Cercado) para su enterramiento.
lunes, 21 de septiembre de 2026
Cofradía de Pescadores "Santa Ana", premio "Pueblo ejemplar de Asturias" 2026
OPINIÓN
El Gremio de Mareantes: omnipresencia en la historia llanisca
HIGINIO DEL RÍO PÉREZ
El colectivo de pescadores de la antigua Puebla de Aguilar iría cobrando carta de naturaleza desde el siglo XIII. El contexto histórico en el que se contempla ese firme proceso de autoafirmación va unido a grandes hitos locales: el Fuero otorgado por parte del rey Alfonso IX de León, el repoblamiento de la villa, la construcción de la torre y la muralla, la caza de la ballena y el consiguiente auge económico... La historia de Llanes no se puede concebir sin la omnipresencia institucional, social y económica que representaron los hombres de mar. Como testimonio vigoroso de todo ello, en el barrio de Cimadevilla permanecen la capilla de Santa Ana y la que fue sede social de la cofradía, en las proximidades del lugar en el que se ubicaba la puerta de San Nicolás, cuya llave guardaba el máximo representante de los pescadores.
Una abundante bibliografía y una prolija documentación conservada en archivos recogen fielmente su andadura. Autores como Manuel García Mijares, Fermín Canella, Vicente Pedregal, Fernando Carrera, Luis Fernández Trespalacios, Antonio Celorio o Marta Álvarez Carballo han aportado detallados estudios sobre la impronta del colectivo marinero llanisco: su papel protagonista en la construcción del templo parroquial, su peso en la vida municipal, la confirmación de su estatus por los Reyes Católicos, los estatutos del gremio, sus formas de organización, sus libros de cuentas y la elección de cargos, los privilegios de las rentas de la sal, el papel de los pescadores en la defensa de la costa y del puerto durante las guerras con Francia e Inglaterra o ante los recurrentes ataques de embarcaciones piratas, la construcción del primer muelle (alrededor de 1550), las levas para la Armada del rey, la dotación artillera del Fuerte y San Antón, la decadencia de la cofradía a partir de los años finales del siglo XVII, la crónica interminable de la construcción del puerto, desde la época de la Restauración hasta los años cincuenta del siglo pasado, las fiestas religiosas, las devociones, las tradiciones, el cancionero y las saleas, el comercio marítimo a Flandes e Inglaterra, los modestos astilleros en la ría, la industria conservera en el barrio Bustillo y la recogida del maná bíblico del ocle. Es un relato enciclopédico que ha llegado a tener expresión también en la literatura, como ha quedado plasmado, por ejemplo, en la novela realista “Blas, el pescador”, de Lorenzo Laviades.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el miércoles 2 de septiembre de 2026).
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