Cuanta más oscuridad hay, más se habla de cultura. Reflexionar sobre la cultura como idea-fuerza, como valor simbólico (quizá también como panacea), está más en boga que nunca. Impregna los discursos y es el nunca acabar en un contexto de crisis en el que se buscan salidas a la desesperada. La cita más reciente ha sido el Foro de la Cultura organizado en Burgos.
Bajo el enunciado “Innovación para un cambio social”, 70 expertos intentaron allí iluminar un horizonte sobrecogedor por su magnitud: hablaron de la cultura como instrumento de cohesión social y como influencia en el desarrollo de un territorio; de la cultura y la educación como factores de integración de los desfavorecidos; del sentido artístico y su relación con el concepto de función y con la industria; de ecología y de la sintonía entre cultura, arte y sostenibilidad; de la banalización de la cultura, rebajada a producto de consumo y mero espectáculo; del tratamiento que se da al hecho cultural en los medios; de la dramática carencia de enseñanzas artísticas en el sistema educativo; del arrinconamiento consciente (y probablemente malintencionado) de las Humanidades; de la necesidad de programas basados en valores éticos para la formación de una ciudadanía activa y solidaria; de la virtud de las palabras para contribuir a transformar el mundo; de las prisas y la voracidad del cibernauta, incapaz de digerir y recordar aquello a lo que se asoma a diario en la infinitud del mundo digital…
Entre los ponentes estaban el arquitecto Rafael Moneo; el pintor Antonio López; Miguel Zugaza, director general del Museo del Prado; José Guirao, responsable de la Fundación Caja Madrid y ex director del Museo Centro de Arte Reina Sofía; Eudald Carbonell, uno de los investigadores del yacimiento de Atapuerca; el escritor Bernardo Atxaga; el ex ministro de Educación Ángel Gabilondo; el antropólogo francés Marc Augé; el sociólogo Mariano Fernández Enguita; el periodista Borja Hermoso (jefe de la sección de Cultura de EL PAÍS); Helena Pimenta, directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y el jurista Antonio Garrigues Walker (quien, sintomáticamente, comentó que cada vez recibe más invitaciones a participar en encuentros similares al de Burgos).
Se empezó buscando nuevas definiciones del término cultura. Guirao propuso una que tiene que ver con la idea de pertenencia, de identificación con un lugar. La cultura, indicó, se genera con un esquema simple: un individuo que tiene algo que decir y otro que está dispuesto a escuchar. Gabilondo la definió como cuidado de uno mismo y cultivo de sí y de los otros; como conocimiento, en suma, para crecer. En este sentido tiene que ser un instrumento de transformación individual y social. Se podría interpretar como insurrección e impugnación de los valores establecidos. Sin embargo, hoy acumulamos conocimiento e información sin saber luego qué hacer con ello. La universalización de la cultura no está significando su democratización, ni mucho menos. Miguel Zugaza, que lamentó que la cultura cubre a veces, “de un modo bastardo”, el ámbito del entretenimiento, atribuye a los museos un papel en esa democratización y los ve como colaboradores en la educación de la sociedad.
Lo que más llamó la atención del encuentro de Burgos fue la llamada de auxilio que se lanzó al arte. Un llamada vigorosa y conmovedora, en un momento en que se percibe el desastre hacia el que camina el mundo. Se habló del arte como asidero, como representación simbólica, y se le quiso poner en relación con el entorno natural, sin el cual la cultura es imposible (“la naturaleza ya no es un trasfondo, está en el centro de la escena”, dijo el profesor de la Facultad de Bellas Artes de Madrid José María Parreño).
Del arte y de la cultura se espera una actitud de respuesta (un arte que recupere su noción del tiempo y esté atento a las necesidades de la gente), una capacidad prospectiva e intuitiva como forma de objetivar la realidad (Parreño) y también una capacidad mediadora para provocar sentimientos, para aprender y comprender (Miriam García García arquitecta).
Se puede considerar el arte incluso como contrapeso de la economía egoísta que domina el mundo. Hay que buscar que la visión de los artistas entre en el mundo de la empresa (Parreño). El capitalismo puede ser corregido por el arte, y vemos que la Bauhaus es adoptada por Ikea. (Fernando -García-Dory, artista y agroecólogo).
Hay quien espera, como José Albelda, ex dirigente de Greenpeace, que el cambio sea revolucionario sin medias tintas, dado el poco tiempo de que disponemos. El arte y la cultura tienen una función empática y unificadora. Urge encontrar una estética que aglutine, algo general con lo que identificarse. “El arte, que nace en las márgenes del sistema, debe ser contracultural y recoger una función profética. Ha de ser capaz de generar una conciencia de cambio y concretar las necesidades sociales. Necesitamos nuevos relatos, nuevas referencias que enganchen” (Albelda).
“El arte no escapa del modo de empujar las cosas hacia adelante”, reconocería Moneo en un coloquio sobre “El arte trascendido”, en el que también tomó parte Antonio López. El pintor de Tomelloso, para el que decir arte y trascendencia es una redundancia (él prefiere hablar de arte “necesario”, en vez de “trascendente” o “trascendido”, términos que le parecen arrogantes) dejó patente su distanciamiento de los artistas que hacen hoy un arte pesimista y dramático, como el de Bacon: “La desolación goza de prestigio, el artista desolado vende, está de moda, pero yo creo que no tiene que ser todo tan deleznable”.
(Diario LA NUEVA ESPAÑA, Oviedo, 29 de diciembre de 2014).,
Concertino de la Gran Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión de la URSS y de la Orquesta Filarmónica de Moscú, en 1979 había entrado a formar parte del grupo «Los Virtuosos de Moscú», fundado entonces por el también violinista Vladimir Spivakov. Esta prestigiosa formación de cámara se estableció en el Principado de Asturias en 1990 y sus sones y su magisterio, como un imprevisto regalo del Este, llegarían a localidades poco familiarizadas con la música clásica. Su violín contribuyó, sencillamente, a universalizar la alta cultura. En 1998 fue nombrado con todos los honores artista emérito de la República de Rusia. Arkadi Futer había nacido en Moscú en 1932. Murió en Gijón en 2011.
Las cupletistas, las buenas cupletistas, escasean,
pero siempre han tenido cuerda para rato, fieles al guión de violeteras, de
modistillas, de leandras y reinas del Paralelo. Fueron la respuesta de plumas y
lentejuelas al pesimismo sartriano y prohibido del otro lado de los Pirineos.
Verbo y carne de pecado venial. Suspiros de España. Pasodoble, sangre y arena.
La guapa
asturiana Lilián de Celis, quizá la más representativa de todas ellas, con una
trayectoria artística de más de cincuenta años, continúa trabajando duro y
llena de vida. Podría decir lo mismo que Billy Wilder: “No tengo ninguna intención de retirarme. Por lo que a mí respecta, el
baile no ha hecho más que empezar”.
La Filmoteca de Asturias y varios ayuntamientos están
programando durante estos meses ciclos dedicados a Lilián Ángela de Celis
Collía, la heredera de Raquel Meller. Es ahora cuando esta actriz y cantante de
Fíos (concejo de Parres) está teniendo más oportunidades de actuar para sus
paisanos, después de haber corrido mucho mundo. Ajena a la tropa cagalera de la
prensa del corazón, presume de que una calle de Arriondas lleva su nombre y se
entrega a la experiencia de fundirse con el público de su tierra en los
coliseos más lujosos y en las casas de cultura más modestas. Canta y ríe con la
gente, presenta sus películas y relata anécdotas de los rodajes. “Es la actriz asturiana con una mayor
proyección internacional”, certifica Juan Bonifacio Lorenzo Benavente,
director de la Filmoteca.
Artista culta, valiente, irónica y de férrea
autodisciplina, Lilián de Celis nunca tuvo pelos en la lengua. “Usted, señor mío, está completamente
errado. Y no le digo cómo se escribe esta palabra”, le soltó una vez a un
concejal de dura mollera. Empezó su carrera en Radio Madrid, en cuyo estudio de
Gran Vía cantaba acompañada por la orquesta del maestro Indalecio Cisneros, su
descubridor. Debutó en el Circo Price y cosechó enseguida un éxito apoteósico
en el Teatro Albéniz. De su currículum cinematográfico -que se desarrolló en
España y en América, sobre todo en México-, pudimos ver recientemente en Llanes
“Aquellos tiempos del cuplé” (su debú en 1958, en la película española de más
alto presupuesto entonces) y “Alma aragonesa” (1960, de José Ochoa), entre
otras joyas. En las primeras filas, antiguos emigrantes llaniscos a tierras
aztecas mostraban fotos que se habían hecho con ella hace cuarenta años. “Tal como la vemos ahora, tan sencilla y tan
sublime, así era allá esta gran mujer en su época de esplendor. Los mexicanos
la adoran”, decía uno de ellos, José Manuel Suárez, de “los del Rubiu”,
exultante por el reencuentro con una diva de las de verdad. Higinio del Río
(LA NUEVA ESPAÑA. Sábado, 11 de junio de 2005).
Rosario Rozas es una artista plástica mexicana nacida en Llanes (Principado de Asturias, España). Reside en León Guanajuato (México). Escultora, pintora, restauradora y diseñadora. Directora de Rozas Galería. Desde 1991 tiene abierto un taller de fundición.
En 2014 viajó a Llanes para dar a conocer su obra a los llaniscos.
Estudió en profundidad la figura humana y el muralismo y ha expuesto, tanto colectiva como individualmente, en México, Estados Unidos y Japón.
Ejecuta trabajos en bronce a la cera perdida y en fibra de vidrio. Hace pintura de caballete, murales, acuarela, óleo y técnicas mixtas. Es también ilustradora y diseñadora (autora de medallas conmemorativas, premios empresariales y culturales, vitrales, portadas de libros y stands en ferias comerciales como la SIC de París o la NSF de Nueva York).
Poseen obras suyas instituciones y particulares de León Guanajuato, México D. F., Jalisco, Tijuana, Baja California, Veracruz, Tampico y San Diego (Estados Unidos).
Como restauradora ha intervenido en monumentos urbanos, piezas de bronce e imágenes religiosas.
Ha sido profesora de la Universidad Iberoamericana, en las asignaturas de Dibujo natural, Desnudo y Manejo de técnicas.
En 2011 recibió el galardón “Josefa Marmolejo de Aldama”, concedido por el Instituto de la Mujer Guanajuatense (IMUG).
La escultora mexicana quiso en 2014 darse a conocer artísticamente en su localidad natal y presentó en la Casa Municipal de
Cultura de Llanes una exposición sobre su
trayectoria artística. La muestra, titulada “Arte y Espíritu”, reflejaba la labor que viene desarrollando en lo que se refiere a la temática religiosa.
Entre las esculturas monumentales realizadas
por Rosario Rozas en bronce destaca la que hizo de Juan Pablo II para la
catedral de León Guanajuato (mide 1,60 x 3,50 x 1,50 metros). Otras esculturas en bronce, terminadas con la misma
técnica (a la cera perdida) y siempre en una línea clasicista, se encuentran instaladas en distintos
lugares o instituciones de León Guanajuato, como la de San Juan Bosco
(5,20 x 2 x 1,20 metros)
en la Glorieta de San Juan Bosco; la de la Madre Santísima de
la Luz (2 x 3 x 1,10
metros) en el Seminario Conciliar; la de Emigdio Gárate
(60 cm.
x 2 m. x 60 cm.) en el Colegio Pío X; la de Santa Teresa y el Niño Jesús (1,20 x 2 x 1,20 metros) en el
Instituto Jassá; y la de San Pío
de Pietreccina (1,20 x 2 x 1
metros) en la parroquia de San Rafael Arcángel. Higinio del Río Pérez
La antigua tienda de Pilar Pérez Bernot en Llanes, insólito espacio para la representación de un monólogo teatral
HIGINIO DEL RÍO PÉREZ
Cuando se dice que la vida es una comedia se está constatando una
realidad. En Llanes lo sabemos bien. Las escenificaciones teatrales que nos es
dado contemplar a diario no son necesariamente producto de una ficción ni
tienen lugar siempre sobre un escenario. Lo de Miguelín Purón, por ejemplo: cuando
este legendario jugador de bolos de Noriega, llegaba a un chigre, solía crear
una atmósfera de espectáculo, de comicidad espontánea y de arte improvisado y
expectante. “Ponme un vasu”, dijo un día con cierto apresuramiento, mientras se
introducía, sin más protocolo, en el retrete. “Es él últimu que te sirvo,
Miguelín, que ya es muchu lo que debes, así que mira a ver”, advertió la
chigrera desde su puesto de combate. Y la voz de Miguelín se oyó entonces con
sordina a través de la cortina que tapaba el excusado: “Tengo un asuntu entre
manos que, como me salga bien, el primer agujeru que tapo es el tuyu”.
Género chico, vodeviles y sainetes por doquier. La realidad cotidiana
(y no hablo solo de la realidad política) tiene mucho de circo, y uno recuerda
aquellos martes de mercado, cuando a última hora de la mañana entraba en “La
Pilarica” alguna apurada paisanina a comprar un cuarto de café, y comentaba: “Voy
con la lengua fuera a coger la línea. Hoy no tuvi tiempo ni pa mear”, y
escribía así, sin saberlo, una página costumbrista de Eladio Verde.
El comercio de comestibles que tuvo Pilar Pérez Bernot en la calle
Mayor, ha quedado para siempre en la memoria de Llanes. Estrechina y larga
(como la calle de la que habla la canción del Bando de la Magdalena) y de
reducidas dimensiones, la acreditada tienda, abierta desde 1948 hasta 1989,
pionera en la promoción de productos típicos del Concejo, sería hoy el último
lugar de la villa que se pudiera concebir como espacio escénico.
El microteatro, sin embargo, que se adapta a todos los rincones de
la existencia como esas plantas que logran nacer y crecer entre las grietas de
las rocas, se hizo el otro día milagrosamente presente sobre el suelo de piedra
del antiguo comercio de la inolvidable Pilar. “La alterada vida de Vincent
Price” es el título del monólogo teatral representado allí al final del verano
pasado. Con guión y narración de José Luis Rodríguez de la Flor, las peripecias
de Vincent Price, reflejo de la zozobra y de la deriva ciega e imprevisible del
mundo actual, se mostraron con sabor dulce y amargo a veinte personas (todo lo
que podía dar el aforo). Sobre una banqueta y bajo un sugerente chorro de luz, el
protagonista se convertía en un narrador ambulante, que recorría bares, centros
culturales y chiringuitos y luchaba a duras penas por mantener la dignidad de su
vocación artística y sobrevivir. Sobrevivir. Era un náufrago agarrado al clavo
de un programa municipal de ayuda y reinserción de artistas del montón, a los
que se daba cursos de formación en técnicas para entretener al público en
directo: tele-transportación, magia de lejos, mentalismo de cerca... Mucho
cuento chino. Mucho humo. Mucho reciclaje vano en la búsqueda del sentido de la
vida y de la supervivencia.
José Luis Rodríguez de la Flor, periodista vinculado a la gestión
cultural en Madrid, conoce el percal y logra que la obra resulte verosímil. Con
tintes de Fellini (del neorrealismo de “La strada” y de “Las noches de Cabiria”),
el monólogo fue un sublime homenaje al fracaso y marcó probablemente un hito en
Llanes. Por añadidura, sirvió para poner fin a la corta pero intensa etapa del
local de alquiler de bicicletas “Torimbia Ocio Natural”, inaugurado por Ramón Rayón
en 2013, que había venido a insuflar nueva vida a lo que fue “La Pilarica”.
Vida y, ahora, teatro, que al fin y al cabo es lo mismo.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el sábado 1 de noviembre de 2014)