EXPOSICIÓN "LLANES Y LAS BALLENAS"
viernes, 25 de abril de 2025
LLANES Y LAS BALLENAS (UNA PROTESTA EN VOZ ALTA)
martes, 8 de abril de 2025
"LLANES Y LAS BALLENAS", UNA EXPOSICIÓN PARA LA HISTORIA
El programa concebido por Higinio del Río incluyó la proyección de la película “Moby Dick” (1956), de John Huston, y dos conferencias a cargo de especialistas: “La caza de la ballena en Asturias a través de la documentación histórica”, por Manuel Ramón Rodríguez, y "La pesca de la ballena. Trabajos arqueológicos para aportar información histórica", por Carlos Nores Quesada (Universidad de Oviedo) y José Antonio Pis Millán (Centro de Experimentación Pesquera del Principado).
domingo, 9 de febrero de 2025
HERRERITA, SOLDADO EN EL CAMPO DE AVIACIÓN DE LLANES DURANTE LA GUERRA CIVIL
UN HUÉSPED DEL HOTEL VICTORIA
(Un capítulo del libro “LLANES ¡A VOLAR! UN AERÓDROMO EN EL HORIZONTE DE LA AERONAUTICA DE ASTURIAS”)
Oficiales de las milicias populares, comisarios políticos y dirigentes socialistas frecuentaban el Café Zahara y el Hotel Victoria, situados ambos en la calle Nemesio Sobrino. Del hotel, el más acreditado de la villa, fueron huéspedes en algún momento unos aviadores soviéticos (…).
Otro de los huéspedes era el famoso jugador de fútbol del Real
Oviedo Eduardo Herrera Bueno, Herrerita (1914-1991),
que, recién casado, cumplía servicio como soldado en la Cuesta. Estaba alojado
con su esposa, Mercedes Alonso Fernández, en una habitación abuhardillada y
disfrutaba de una situación de privilegio en aquellos tiempos de guerra. El
trato de favor que recibía y las cómodas tareas que desempeñaba en el aeródromo
le originarían cierta antipatía entre alguno de sus compañeros. “Era un enchufado que no salía de la
oficina; nunca se manchó las manos ni se acercó a la gasolina ni a los aviones”,
diría uno de ellos.
El diario ovetense REGIÓN, órgano de los
sublevados, conocía la presencia de Herrerita en la villa llanisca. En una crónica sin firma, pero que
cabe atribuir al periodista Ricardo Vázquez-Prada (Tomasín), se dirá:
“La mayoría de los
jugadores de fútbol que pertenecían al Oviedo salieron de lo más rojo que puede
darse. Chus es nada menos que comandante de los carros rusos. Casuco es otro
miliciano de rompe y rasga y a Soladrero se le ve con frecuencia por la
retaguardia roja armado con una enorme pistola ametralladora (…). Hay otros que
sin ser rojos se ven obligados por las quintas a figurar en el ejército del
‘pueblo’, tal como Herrerita, destacado en el campo de aviación de Llanes”.
Al futbolista no le faltarían ocasiones de
exhibir sus habilidades en partidos benéficos. En octubre de 1936 se desplazó
hasta Santander para participar en un encuentro amistoso, organizado por el
Socorro Rojo Internacional a beneficio de los hospitales de sangre. El partido
se disputó en los Campos de Sport del Sardinero entre el Racing santanderino y
una selección asturiana y vencieron los locales por tres goles a cero. Al mes
siguiente tuvo que viajar de nuevo a Santander, para disputar en el mismo escenario
otro encuentro, esta vez a beneficio de la Asistencia Social. Formó parte del
equipo del Racing frente a una selección de Vizcaya, en la que destacaba
Gorostiza.
En plena guerra, Tomasín dedicaba a Herrerita comentarios
irreverentes en REGIÓN, como las siguientes:
“Los dirigentes socialistas siguen presenciando los toros desde la barrera. Están haciendo el Herrerita a las mil maravillas”.
“Ayer hemos leído El Comercio de Gijón. El Comercio era de derechas; ahora es de izquierdas. A El Comercio de Gijón le pasa algo así como a Herrerita. Herrerita antes era interior derecha”.
“Algunos van a creer que nosotros tenemos
miedo a los aviones. Nada de eso; es que uno se mete en el sótano para cumplir
todas las disposiciones dictadas por el comandante militar de la plaza. ¿Pero
miedo? … La verdad, más que Herrerita”.
(LLanes ¡a volar! Un aeródromo en el horizonte de la aeronáutica de Asturias. Editorial Conais Gestión, 2022)
lunes, 30 de diciembre de 2024
LA RENACIDA CASA DE THALINY
OPINIÓN
Detrás de esa estampa renacida está la memoria del médico que encargó su construcción, precisamente en la principal zona de expansión urbana de la villa, hacia el oeste. Licenciado en Medicina por la Universidad Central de Madrid en 1914, José de la Vega Thaliny (Llanes, 1892-México, 1952) era uno de los galenos que ejercían en el concejo llanisco como inspectores municipales en materia de salud a principios de los años 30. Su padre, médico del Ayuntamiento, había sido subdelegado de Sanidad del partido judicial de Llanes.
Thaliny
se mudaría a su nuevo domicilio en 1934. Hasta entonces, había estado instalado
en un piso encima del Café Pinín y prestaba una activa colaboración en el
Consultorio Médico gratuito inaugurado por el Consistorio en mayo de 1932 en la
Cocina Económica. Dirigía él ese centro y se ocupaba de la casuística de las
enfermedades venéreas.
Una
tarde de enero de 1936, en plena campaña electoral, se presentó en su casa, de
improviso, José Antonio Primo de Rivera. El jefe de Falange Española llevaba un
listado con los nombres de personas que, siete años atrás, habían asistido en
Oviedo a un almuerzo en honor de su padre, el dictador Miguel Primo de Rivera y
Orbaneja, líder de la Unión Patriótica. Uno de esos nombres era el de José de
la Vega Thaliny. El médico atendió en el hall al inesperado visitante de un
modo cortés, pero de inmediato resultó evidente que los dos interlocutores
representaban idearios opuestos. José Antonio ignoraba que Thaliny militaba en
el PSOE y que era una de las personalidades de mayor relevancia en la izquierda
local. Durante la revolución de octubre, Thaliny había formado parte del comité
revolucionario, y la Guardia Civil sabía que guardaba en su domicilio armas y
municiones y que un automóvil suyo había hecho varios viajes al centro de la
provincia para recibir consignas en los momentos álgidos de la lucha.
Tras
la fugaz visita de José Antonio se desencadenarían vertiginosamente los
acontecimientos en un país al borde del precipicio: la victoria de la coalición
de izquierdas y la sublevación militar del 18 de julio de 1936 y la guerra. En
esta fecha, apenas terminada la comida campestre, llegó a la romería de Santa
Marina, en Parres, un auto conducido por el chofer del doctor para dar la
noticia del golpe de Estado. Thaliny presidiría el Comité de Sanidad del Frente
Popular y sería jefe de los equipos médicos del Ejército del Norte y
coordinador de los hospitales de Barcelona. Después, el exilio, un viaje a
Veracruz desde Cuba a bordo del “Siboney” y trece años de residencia en México
DF, donde falleció.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 26 de diciembre de 2024).
martes, 3 de diciembre de 2024
LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN DE MADRID CUMPLE CINCUENTA AÑOS
OPINIÓN
La
Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense fue inaugurada cuando el
edificio se hallaba todavía a medio construir. Su segunda y definitiva fase
constructiva no se concluyó hasta 1978, pero desde el principio aquel
contenedor ofrecería un estimulante ambiente de agitación intelectual. Quienes
lo estrenamos éramos los alumnos de primer curso de la tercera promoción de
Periodismo, un miércoles 23 de enero de 1974. Decenas de jóvenes, pertenecientes
al grupo B del turno de mañana, nos instalamos desde ese día en el aula 506. Entre
los compañeros de clase se contaban Antonio Palicio, de Morcín, Yolanda Serrano
Meana, de La Felguera, Daniel Vega, de Oviedo (fallecido en 2010), Enrique
Ortego (luego cronista deportivo de ABC y EL PAÍS), Pedro Piqueras (futuro presentador
de informativos en varias cadenas de televisión), Manuel de Ramón (que se
incorporaría en seguida al diario YA y luego a la redacción de Radio Nacional),
Pedro Rozas (avezado realizador de TVE), Juan Antonio Sacaluga (que habría de
ser jefe de información internacional de RNE), Carmen Villodres (editora de “La
Clave” de Balbín) y Lourdes Zuriaga.
En el
grupo A estaban otros dos llaniscos: Javier Menéndez Buergo, que trabajaría en
INFORMACIONES a las órdenes de Sebastián Auger, el último propietario del
rotativo; y Cándido Díaz Carrandi, nieto de María Quiroga Asueta, la popular guardiana
del paraíso playero del Sablón. En el curso siguiente, 1974-1975, llegarían más
alevines asturianos (Asturias ha sido siempre tierra pródiga en vocaciones
periodísticas), como Mario Bango, de Piedras Blancas, Carlos Cuesta Calleja, de
Pola de Laviana, y Daniel Serrano, de Bimenes, que compartían aula con las
madrileñas Ana Rosa Quintana y Nieves Herrero.
Con
una mirada de inocencia, una curiosidad sin límites y un tipómetro Gans en la
carpeta, aquellos jóvenes de entonces caminábamos hacia el futuro entre “grises”
apostados a caballo en la Ciudad Universitaria. Respirábamos la inminencia de una
profunda transformación de la historia. Leíamos todos los periódicos que caían
en nuestras manos. A lo largo de los cinco años de carrera comprábamos los
libros en la “Felipa”, calle de Libreros, con un 20 por ciento de descuento, e íbamos
sorbiendo la frenética actualidad de una España que era noticia en el mundo: la
muerte de Franco, los sucesos de Vitoria y Montejurra, el asesinato de los
abogados laboralistas, la dimisión de Arias Navarro, el nombramiento de Adolfo
Suárez como presidente del Gobierno, el “harakiri” de las Cortes franquistas, el
regreso de Carrillo, las primeras elecciones democráticas… Desde las entrañas de
un hábitat brutalista, hace ahora de eso cincuenta años, aspirábamos a ser
Woodward y Bernstein y quizá también a comportarnos como “afanosos desfacedores
de entuertos o fabricantes de sueños”, que diría el maestro Manuel F. Avello.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el martes 12 de noviembre de 2024).
PERIODISTAS ESPAÑOLES TITULADOS EN 1978.
viernes, 2 de agosto de 2024
viernes, 12 de julio de 2024
LLANISCOS EN MAUTHAUSEN
OPINIÓN
Luis
Ardines Avín fue uno de los 7.200 ex combatientes republicanos internados en el
lager que construyeron los nazis en
Austria. La mitad de ellos encontró allí la muerte. El profesor de la UNED Benito Bermejo
Sánchez, a quien conocimos en
2002 en un curso de la Universidad de Maryland en Llanes, viene ocupándose del
estudio de ese apartado de nuestra historia. Junto a su colega Sandra Checa, es
autor del “Memorial. Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945)”. Descarnado
de literatura, este trabajo aporta un extenso listado de nombres, agrupados por
comunidades autónomas, y datos agregados que dan idea del itinerario seguido
por las víctimas desde la derrota de 1939: huida a Francia, internamiento en
arenales cercados con alambre de espino, invasión de la Wehrmacht, detención y
traslado a campos de concentración alemanes.
En el
informe de Bermejo y Checa figuran cinco llaniscos, sobre los que ha indagado a
posteriori José Luis Villaverde Amieva: Antonio Alonso Cueto, de Mestas de
Ardisana, Manuel Sordo Ardines, de Quintana, Emilio Valdajos Fernández, de
Llanes, José Llera Suero, de Barro, y el citado Luis Ardines, de Nueva. Sólo los
dos primeros consiguieron sobrevivir. José Llera, labrador, llegó a Mauthausen en
enero de 1941 y falleció diez meses después en el campo satélite de Gusen; Ardines,
jornalero, ingresó en el campo en noviembre del mismo año y murió en octubre de
1942; Emilio Valdajos, tipógrafo, llegó a Mauthausen en diciembre de 1940 y murió
en Gusen en junio de 1942.
El
nombre de Valdajos, en particular, despierta en mí recuerdos muy queridos. Me
retrotrae a la época de mi Bachillerato en Valladolid, becado en un internado. Eran
tiempos duros para un chaval de diez años lejos de casa, pero en ellos asomaba el
sol cada domingo cuando la peluquera llanisca Lola Valdajos Martínez y su
marido, Félix Gómez Rebollar, me llevaban a comer a su piso del Paseo de
Zorrilla. Me esperaba allí un cocido de garbanzos, una sobremesa con “Bonanza”
y, sobre todo, el calor de un hogar, en el que vivían también dos ancianos
entrañables, testigos y supervivientes de guerras y avatares: Florencio y Maruja
Valdajos Fernández, tíos carnales de Lola.
Florencio había trabajado en la imprenta de El Oriente de Asturias. Una corbata de luto ponía acento a su viudedad. Ameno conversador, rememoraba sus tiempos en Niembro, donde había vivido con su esposa, y me hablaba de casi todo, pero en su relato estaba ausente siempre el martirio de su hermano Emilio. Eso quedaba sólo para sus adentros.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el jueves 11 de julio de 2024).
jueves, 25 de abril de 2024
LAS ESPERADAS MEMORIAS DE MANUEL DÍEZ-ALEGRÍA
OPINIÓN
Pese a ser un proyecto inacabado, las memorias del general Manuel Díez-Alegría (Buelna, Llanes, 1906-Madrid, 1987), que se publican ahora recuperadas y editadas por Pablo González-Pola, biógrafo del militar, vienen a arrojar luz sobre muchos aspectos. Tituladas “Arando la mar”, se ofrece en ellas un recorrido entre olas y marejadas de la España del siglo XX desde la visión de un narrador sin tapujos. Discurren en una línea cronológica y abarcan los años de su infancia, los estudios como cadete de la Academia de Ingenieros de Guadalajara y sus primeros destinos de teniente, trazado todo ello con una prosa amena, culta y agudamente minuciosa y atenta a los aconteceres políticos y sociales de cada momento.
Con el telón de fondo de la Primera Guerra Mundial, la huelga general de 1917,el desastre de Annual y el conflicto con Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera, el fin del reinado de Alfonso XIII o el advenimiento de la Segunda República, va apareciendo por sus páginas un sinfín de personajes, como Mussolini, ante el que Díez-Alegría desfiló en la Plaza de Oriente en 1924; Besteiro, que le examinó de Lógica en la Universidad de Madrid y le dio un notable; Francisco Franco, al que atribuye una “complicada psicología”; el hermano de éste, Ramón, “revolucionario melifluo”, que sobrevoló una vez el Palacio Real decidido a bombardearlo con Alfonso XIII dentro, pero desistió de este propósito; Niceto Alcalá Zamora, “destacado cacique andaluz, de fluida oratoria de tropos hiperbolizados”; o Azaña, al que caracterizaba “la soberbia del que se cree minusvalorado” y “una ingénita actitud de desdén hacia el género humano”.
Las
memorias se interrumpen en 1933, en plena descripción atónita de los desórdenes
“que venían sucediéndose desde la proclamación de la República”, con la quema
de iglesias, la espiral de la violencia callejera y “los continuos insultos a
las fuerzas armadas y agresiones a los sentimientos que nos eran caros”. Probablemente,
los achaques de la vejez y la percepción de una muerte ya cercana movió al
general a dar un salto de treinta y ocho años en sus recuerdos para centrarse, sin
demora, en el pasaje de lo que consideraba más importante: su cese al frente
del Alto Estado Mayor en 1974, que de ninguna manera quería dejar de reflejar.
Manuel
Díez-Alegría nunca había pertenecido a una organización política, cualquiera
que fuese, y tenía muy clara la idea de que los militares no deberían
interferir en el proceso político que habría de abrirse en España a la muerte
de Franco. Calificado como “liberal” (lo que era casi peor, según señala él mismo, que
tacharlo de comunista), desde el “búnker” del tardofranquismo fue objeto de insidias
por parte de los generales ultras, que derivaron en una conjura definitiva a
raíz del viaje de carácter privado que hizo a Rumania con su mujer, Conchita
Frax, invitado por Ceausescu y con el beneplácito expreso del presidente Carlos
Arias (quien luego lo desmentiría ante Franco por “cobardía y deslealtad”). El
tirano rumano había intentado que Díez-Alegría se entrevistara en Bucarest con
Santiago Carrillo, pero el general llanisco esquivó la encerrona. Aún así, viviría
un víacrucis hasta el cese. Conchita, la esposa, anotará en su diario “los sinsabores
por haber actuado de este modo el generalísimo, por haber tratado a Manolo
inconsecuentemente, como si fuese un ladrón o criminal”.
Mientras
ve la luz este esperado libro de memorias, Llanes, impasible, perpetúa una
doble descortesía ante uno de sus hijos más preclaros y universales:
La
calle que desde agosto de 1991 lleva el nombre de Manuel Díez-Alegría en la zona de las
Malvinas no tiene placa ni un triste rótulo que lo recuerde.
La
biblioteca personal del militar y académico, donada en febrero de 1991 por la
familia Díez-Alegría Frax al Ayuntamiento (cincuenta y una cajas; 2.500
volúmenes en total) sigue depositada y sin catalogar en un cuarto de la Casa de
Cultura.
(Artículo publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA, el miércoles 24 de abril de 2024).
martes, 23 de abril de 2024
EL INSTITUTO DE LLANES CUMPLE 60 AÑOS
Repaso al Llanes de hace sesenta años, en el marco del aniversario del
instituto local
·
El
periodista Higinio del Río relata a lo alumnos la vida local en los tiempos en
que nació el centro
El periodista Higinio del Río pronunció el pasado día 5 de diciembre unas conferencia dentro de los actos conmemorativos del 60º aniversario del Instituto de Educación Secundaria de Llanes, que se desarrollan a lo largo del mes de diciembre. El también colaborador de LA NUEVA ESPAÑA realizó en su exposición un “Paseo sentimental por el Llanes de los años sesenta”. Ante los alumnos del cuarto curso de la ESO, repasó el contexto social, económico y cultural en el que se había producido la inauguración del centro en el año 1963. El acto estuvo organizado por el Departamento de Geografía e Historia del Instituto.
Más de noventa fotografías ilustraron la
intervención del conferenciante, en la que se abordaron aspectos como la
actividad de la fábrica de quesos y mantecas SADI, de proyección nacional, los
hábitos de ocio de la juventud, el pintoresco mercado semanal de los martes en
la plaza de Parres Sobrino, la importancia de las romerías y verbenas de
entonces, amenizadas por las orquestas legendarias Gran Kapytol y Cubanacán, la
oferta simultánea de cuatro cines en el concejo, el protagonismo de grupos
musicales como Los Panchines, Los Dados y Los Siemens, el papel esencial del
tren y de la línea de autobuses Mento en la vida cotidiana, la emigración a
Europa, el incipiente crecimiento urbano y el perfil de los personajes más
populares.
Del Río refirió también los precedentes
educativos que se dieron en los años de la Segunda República, cuando se creó un
Instituto de Enseñanza Media y una Escuela de Trabajo (lo que hoy es el centro
de Formación Profesional), cuya actividad quedaría finalmente interrumpida y
frustrada por el estallido de la Guerra Civil en el año 1936.
(LA NUEVA ESPAÑA, 20 de diciembre 2023)























