miércoles, 5 de junio de 2013

LLANES: FOTOGRAFÍAS AÉREAS (A VISTA DE CHIMBORRU)

El gran poeta llaniscu Ángel de la Moría.

Gracias a Ramón Pérez Batalla (LA NUEVA ESPAÑA) hemos conseguido estas 118 perspectivas de chimborru (de Llanes a Unquera). Ciento dieciocho razones para sentirnos orgullosos de la tierra en la que nacimos y en la que estamos, por fortuna, viviendo.

(La pena es el dato toponímico que las acompaña: en no pocos casos, los nombres que se atribuyen a los lugares son erróneos, pero no pudimos retirarlos de la sobreimpresión, y bien que lo sentimos).

Ramón Batalla

Del poema "De peña en peña", de Ángel de la Moría (Ángel García Peláez, 1858-1895), la voz poética llanisca por excelencia, tomamos prestadas estas líneas, para orientarnos (y tal vez emocionarnos también), en la contemplación de las fotografías que nos ha cedido Batalla:  


"Cuantu pueda yo dicir

d'aquel llugar donde nós
nacimos, gracias a Dios,
será pocu al to rutir.
Pewro, anque yo más quisiera,
tendraste que conformar
con lo que te vó cuntar
asegún la mió mollera.
No hay allí muriu ni cantu,
bardial, rincón o parea
que pa nos gratu no sea
y no nos ofreza encantu.
El Pozu del Alloral,
la Trinchera y la Moría,
la campera de la Guía
co so vieyu peruyal.
San Pedru y el Resguilón,
la Garita, el Canapé,
Ballota, el sable de Cue,
el Fuerte y el Torruyón.
La Osa, la Concavada,
la Cagochera, Toró,
el castru y Palu de Poo,
la Vieya y Peña-preciada.
El Caballu, Calaberu,
el Goruñu y el Sablón,
con so llargu caleyón,
y la cueva del taleru.
La media-luna y so cola,
Puertu Chicu y San Antón
con so cueva y so bufón,
y la moderna Farola.
El campu del Morullín,
el muelle de Cima-Villa,
el de Santiago, la silla,
y la Barra y el Sablín.
El Cuetu, cueva roxina,
el muelle de la Barquera,
el del tíu Xuan de l'Arquera,
el Riberu y la Ramblina.
L'Alcárcel nueva, el Conventu,
Peña redonda xigante,
las cuevas del Allocante,
de l'Allondra y del Cimientu.
La cruz, la poza y la puente,
l'Hospital con la juentasca
pozu ranchu en que se atasca
l'agua que vien de la juente:
El Reburdiu, el Llavaderu,
Cagalín, la Zapatera,
la Conceción, la Bolera,
San Román y el jervideru. (...)" 
























































































































sábado, 1 de junio de 2013

DEL LLANES DE ANTES: CHUCHA, LA CHURRERA

(Foto: Archivo de H. del Río).

María Jesús Goti SomohanoChucha la Churrera 
(1903-1990)



HIGINIO DEL RÍO PÉREZ


El luto de su viudez le cubrió el alma desde los veintinueve años y trazó para ella un itinerario diferente al de las demás mujeres. Mientras otras se divertían vestidas de domingo, ella freía churros sobre los dos metros que se le reservaban en el prau de la romería, previo pago de la correspondiente tasa municipal. Su existencia transcurrió sobre aquel estricto par de metros cuadrados. Sonaba la música y la gente bailaba, mientras ella, en su rincón de hierba y de aceite hirviendo, daba forma a ruedas de dos duros. Sus suspiros y su recogimiento contrastaban crudamente con el jolgorio del entorno. Era el ejercicio de supervivencia de una madre dolorosa, sin que apenas nadie reparase en ella.

La madre de Chucha, Concepción Somohano, era de San Roque del Acebal, y su padre, Juan Toribio Goti Parás, de Silva (Vizcaya). “Juanillo”, como era conocido su progenitor, fue uno de los marineros que tomó parte en la primera acción de rescate realizada en Llanes por la Sociedad de Salvamento de Náufragos, en 1887. Personaje poco común, Juan Goti dio la vuelta al mundo a bordo del “Nautilus”. A comienzos de los años veinte, Juanillo y Concha, que tuvieron dieciséis hijos, habían arrendado al Ayuntamiento el Balneario del Sablón. 

Sin que le hubiese quedado ninguna paga del marido, al socaire de muchas “nochebuenas” y “nocheviejas” con un plato de pulientas resecas sobre el mantel, sólo Dios sabe lo que Chucha tuvo que luchar para sacar a los suyos adelante. Cuando llegaban los Reyes Magos, los críos aguardaban en la cola que se formaba en la acera del Puente, vigilada por Venancio, el municipal. En el primer piso del edificio de los actuales almacenes “El Siglo” estaba la sede de Falange, y allí se repartían juguetes: un tambor, una “pepona”, un rompecabezas, una trompetuca.... La cola era muy larga, y la esperanza seguramente también, pero los juguetes iban siempre a parar a las manos de los mismos. A los hijos de Chucha nunca les tocó nada.
Trabajó la anchoa durante cincuenta años en la fábrica de conservas “La Llanisca”, de Conde y Teresa; también fregó pisos; fue a pedir por los pueblos (no dinero, sino comida; las aldeanas eran caritativas y siempre le daban patatas, recortes de cerdo y otras cosas, para poder dar de comer a los suyos), haciendo caminatas hasta Meré y Los Callejos.
En su vida laboral, para Chucha lo primero era la fábrica (allí alcanzó el Montepío), donde descabezaba el pescado y envasaba las anchoas. Aparte de esto, por las noches, a las cuatro o a las cinco de la madrugada, iba al “charrangue” a la estación de FEVE (“charrangar” era robar carbón, y lo hacía mucha gente en aquellos duros tiempos). Si hacía dos viajes, el carbón traído en el primero era para venderlo, y el segundo para consumo de casa. Una vez, recién fallecido su marido, fue sorprendida por un guarda de la estación, que le dio una paliza y la metió en el almacén para los paquetes. 
Chucha hacía también bollas, que vendía ella misma por las casas, a peseta, y durante un tiempo tuvo un puesto de patatas fritas en el Sablón. En varios viajes, bajaba ella la mesa, la gran sartén, el sacu de patatas, el aparato para cortarlas, el papel de estraza para los cucuruchos y la caldera, que funcionaba con coque. Su modo de ganarse el pan más definitivo, sin embargo, fue la venta de churros por las romerías y verbenas, codo con codo con su hermana Dorila.
Aquéllas sí que eran romerías y verbenas de verdad: pasodobles toreros y autocares de Mento yendo y viniendo; los ritmos de las orquestas “Gran Kapytol”, de Trubia, “Cubanacán”, de Torrelavega, y “Los Panchines”; las almendras garrapiñadas y las pistolas de agua; las tómbolas, los caballitos, los petardos, los globos de colores, la hierba húmeda y las casetas del tiro al blanco; el ron de garrafa, las mejillas sonrosadas, los ojos vidriosos y las miradas lujuriosas. El Cristo de La Portilla, Santa Marina en Parres, el Carmen de Celorio...
Los utensilios que necesitaba se los llevaban el entrañable Domingo “el Tibo”, en una carretilla, o Chovero en una furgoneta: el bidón de gasoil, las garrafas de aceite y de agua, las bolsas de harina, el azúcar y todo lo demás. Ella iba andando con Sarina y Matilde. Salían a las diez de la mañana, llevaban la comida preparada (cuando la había), y regresaban en silencio a las tantas de la madrugada, una vez que la orquesta había interpretado la última pieza.
                                                                
                                       (Resumen de un artículo publicado en el semanario EL ORIENTE DE ASTURIAS el 20 de marzo de 1998). 


domingo, 26 de mayo de 2013

BAYERN MÚNICH, EL CLUB DE LOS JUDÍOS

Kurt Landauer

Por quinta vez, el Bayern Munich se ha proclamado campeón de Europa. Se trata de un club muy peculiar. Probablemente es el más curioso de Alemania en cuanto a historia.
Fue conocido durante años como “el club de los judíos”. En su fundación, año 1900, habían participado miembros de la pequeña burguesía hebrea de la ciudad bávara.
Su presidente más emblemático fue Kurt Landauer, también judío, quien había sido jugador del equipo y luego llevaría las riendas de la entidad, antes y después de Adolf Hitler.
Múnich fue el escenario en el que tomó forma el partido nacional-socialista. Desde una de sus cervecerías se proyectó hacia toda Alemania el movimiento nazi. La sede central del partido estaba en una de sus calles.
Cuando Hitler llegó al poder, el Bayern acababa de ganar el campeonato alemán. Su presidente era Landauer, y el entrenador y tres de sus jugadores más destacados eran judíos.
Fue el club alemán que resistió más tiempo sin cumplir las consignas nazis de expulsar a los judíos de su junta directiva.
Landauer, finalmente, sería retirado de su cargo, echado de su trabajo e internado en un campo de concentración. Pudo escaparse y salvar la vida.
Después de la Segunda Guerra Mundial la afición y el propio club le restituyeron en su puesto de presidente, en 1951.
En el estadio Allianz Arena, donde el Bayern juega sus encuentros caseros, los aficionados ultras del club siguen desplegando hoy en cada partido una gigantesca pancarta con la efigie de su presidente judío, Kurt Landauer, el hombre que había puesto los cimientos de su gloriosa historia. 

Higinio del Río

Artículo de H. del Río:
"F. C. BAYERN, EL CLUB DE LOS JUDÍOS"
(La Nueva España, 19 de mayo de 2012)

Pancarta con la efigie del mítico
presidente del Bayern,
desplegada en el
Allianz Arena de Múnich.